11.FEB Jueves, 2016
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LA PORTADA DE HOY

Pasaporte a medida

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Columna Mónica Delta

El simulacro de votación hecho por Datum arroja la confirmación (GfK) de que el candidato Julio Guzmán se ha convertido, por lo menos, en un amor primaveral apasionado. En aquella encuesta que presentamos en Latina, Guzmán “trepó” de 2% a 10% causando sorpresa y hasta polémica. Si hoy fueran las elecciones, Keiko, con un sólido 39%, y el líder de Todos por el Perú pasarían a segunda vuelta (escribo esta columna antes del complicado veredicto del JNE). Alfredo Barnechea, candidato de Acción Popular, asoma expectante con un 3%. Pasó a Alejandro Toledo, cuyos ataques a Guzmán resultaron un búmeran autodestructivo, y a Verónika Mendoza, cuya plataforma sigue siendo la vieja izquierda a pesar de su juventud. Barnechea pisa talones de Alan García, quien debe estar desesperado, pues la impresión es que, haga lo que haga, su porcentaje aparece inmovilizado. Apuesto por un debate entre Guzmán y Alfredo Barnechea. ¿Debemos o no hacer enmiendas constitucionales y sobre qué? ¿Cómo renegociar contratos de gas sin afectar la estabilidad jurídica? ¿Cómo crecer 6% sin reactivar los proyectos mineros paralizados? Un año de producción en Conga equivale a 300 años de producción agropecuaria en distritos supuestamente afectados. La cancelación de Tía María es elegir que el PBI no crezca en 9% aproximadamente. ¿Cómo armonizamos para seguir siendo un país minero con aquellos que protestan y bloquean estas inversiones? ¿Cómo convertimos la seguridad del Perú en políticas de Estado? La gente quiere respuestas de los novedosos, no del establishment. Hagamos que sea posible. Julio Guzmán, no te sobres ahora que estás subiendo. Será enriquecedora la discusión entre dos novedades, pero, sobre todo, una muestra de respeto a sus seguidores.

Confirmado: el peritaje de Fiscalía afirma oficialmente que la letra de las agendas es de Nadine Heredia. Infinidad de declaraciones en radio, TV, prensa escrita, críticas a periodistas, acusaciones, comisiones investigadoras han transcurrido desde el destape de Panorama para llegar a la afirmación inicial. La verdad es su letra y son sus agendas. ¿Qué ha conseguido la primera dama asegurando lo contrario? Tiempo. Pasar de ser el foco de atención de la prensa y de la ciudadanía a un proceso electoral en marcha, en el que encima se da el lujo de aportar al linchamiento de ciertas candidaturas.

Al borde de un ataque de nervios está el equipo de campaña de APP. Serios indicios de deshonestidad han causado hasta alertas internacionales. Quien se ufana de querer ser el presidente de la Educación en el país podría resultar convertido en un tramposo más. En las primeras comparaciones hechas por la antropóloga peruana (Sandra Rodríguez) y un ingeniero agrónomo (Luis Vélez) se ha puesto en evidencia que un importante porcentaje de la tesis doctoral de Acuña en la prestigiosa Universidad Complutense de Madrid es un aparente fraude, una copia fiel de otros autores.

Tenemos certezas, malas, muy malas y buenas sobre unos; y sobre otros, solo dudas. El elenco estable versus los “underdogs u outsiders”. En un holgado primer lugar de intención de voto está Keiko Fujimori. Vivió las épocas más oscuras del gobierno de su padre, estudió en EE.UU. con dinero de origen polémico, aunque nunca ha sido procesada por eso. No ha trabajado en entidades privadas. Hace diez años está en campaña y hoy tiene posibilidades reales de llegar a Palacio. PPK son las siglas que lo identifican. Representa certezas para el electorado, pero no la tiene fácil. Ha estado en casi todos los gobiernos desde Belaunde. Es el tecnócrata de mayor experiencia en manejo económico. Lo perciben como gringo. Piensa, y a veces, habla como gringo. César Acuña, muchas dudas a partir de su candidatura. Atractivo, porque se convirtió en novedad. Representa el éxito provinciano. El millonario chotano que triunfó en el norte desplazando al Apra. Un cacique voluntarioso que ganó alcaldías, gobernaciones sin partido tradicional pero sostenido por millones y un consorcio universitario que sigue utilizando como andamiaje político. Las interrogantes van desde el ámbito personal (denuncias de relaciones con menores, agresión contra su ex esposa) hasta el profesional (contratación de jueces, fiscales, periodistas) para superar cualquier “escollo”. Su problema mayor es que ha saltado a la “fama limeña” muy pronto en este proceso y al parecer le podría faltar aire, no plata, para responder denuncias.

¿Los 19 partidos que solicitaron su inscripción en el JNE tienen, al menos, 18 locales cada uno en las diferentes ciudades del país, como manda la ley? No. ¿Cuál es el número de militantes de cada agrupación política? En la mayoría de casos, ni existen suscripciones oficiales. En temporada de “caza de votos” son asociaciones temporales con fines de lucro.

La abundancia y la generosidad de los políticos paga y paga bien. Al candidato César Acuña no le puede ir mejor. Hace más de un año, promueve su candidatura en los horarios estelares de la televisión porque dice ser “de una raza distinta” agregando que no se “trata de él”, pero en realidad, todos sabemos que siempre se trató de él. Hace unos días, lo condecora un alcalde de un humilde distrito de Andahuaylas, quien desconoce el reglamento electoral (ninguna autoridad puede actuar con imparcialidad durante un proceso en marcha), y no pasa nada. La verdad, no culparemos a ese burgomaestre, porque imita al propio presidente de la República, quien rompe, casi todos los días, el principio de neutralidad.

Por estar con mi familia. Porque mis hijos están sanos y vivos. Porque son buenos. Por tener salud y un buen seguro. Por recibir un abrazo al levantarme y al acostarme. Por no haber sido víctima de un asalto. Porque nunca me alcanzó una bala perdida. Porque no rompieron las lunas de mi auto para robarme. Porque tengo el privilegio de llegar a millones de peruanos todos los días desde hace casi 34 años.

Suspensión temporal de hostilidades es el significado de la palabra ‘tregua’. A una semana de Navidad, los peruanos necesitamos sentir alguna sensación de tranquilidad. En la vorágine de un país en el que cambian muchas cosas, pero que en realidad no cambian nunca, hay un estado de hartazgo muy peligroso. Se evidencia en los rostros de nuestros compatriotas.

Vivimos en tiempos de antipolítica, quién lo duda. Lima, la selectiva y la cono urbana es el Perú, aunque el Perú esté muy lejos de Lima. Hay muy pocas cosas que unen a las mayorías. Son asuntos concretos y, sobre todo, comprobables.

Keiko Fujimori. Necesita sellar su capacidad individual más allá del apellido. Su talón de Aquiles es el déficit moral dejado por su padre en derechos humanos y principios democráticos. Pero su heredada debilidad es la médula de su núcleo duro de votantes. A su favor cuenta que la Keiko de hoy es más madura y conoce bien la intensidad de una campaña donde se le puede quemar el pan en la puerta del horno.

La intención de voto por Keiko Fujimori suma la de los otros tres candidatos presidenciales que aparecen en todas las encuestas, pero ella sabe que no le basta. Es un porcentaje en el que está estancada hace rato. A Keiko se le puede volver a quemar el pan en la puerta del horno.

“La desgracia es que Nadine Heredia ha pisado a mi hijo” es la última frase del padre del jefe de Estado. Evidentemente, más allá de la excentricidad de alguien como Isaac Humala, encierra una sentencia: Ollanta Humala no gobierna.

Calienta la campaña 2016, pero nosotros empezamos con recomendaciones para la otra campaña, la navideña. Y para no terminar asustados, asaltados y más aterrorizados, pongamos en máxima alerta nuestra vida cotidiana.

En el 90 llegó un “hombre del pueblo”, que salió de abajo, un verdadero desconocido. Alberto Fujimori, con sombrero y tractor, le volteó un partido casi ganado al poderoso “señor de las letras” Mario Vargas Llosa, a los medios y al establishment peruano. ¿Cuál fue su secreto? El eventual votante lo percibió cercano, del pueblo. Había hartazgo, crisis económica y violencia terrorista. La gente buscaba el milagro y quería a uno de “abajo”. Un cuarto de siglo después, ese “chinito” de la “honradez, tecnología y trabajo” pasó de “estar arriba”, en su piel de todopoderoso gobernante, a interno en una cárcel por delitos de lesa humanidad. Después llegó aquel “error estadístico” al que la providencia de una beca de estudios en Estados Unidos le dio la oportunidad de “conducir” el destino de los peruanos: Alejandro Toledo. Escuchamos hasta el hartazgo su historia de lustrabotas a presidente. Ya en el poder, conocimos la otra parte de esa historia de “éxito”. La de sus verdaderas debilidades. Como es lógico, el lado oscuro no fue parte de su carta de presentación. Hoy pretende el regreso al gobierno, pero ya no le es fácil vender el cuento de la familia (de abajo). Otra historia de “éxito” es la de Ollanta Humala. Un humilde capitán del Ejército que se “levantó” en Locumba contra un régimen dictatorial con un puñado de soldados, entre ellos, su hermano, hoy encarcelado por otra revuelta (Andahuaylazo), donde fueron asesinados cuatro policías. Aún faltan algunos meses para que termine su gobierno y más del 80% del país no lo respalda. Lo acusan de no estar a la altura, de falta de liderazgo y de no haber cumplido sus promesas. Lo responsabilizan de darle el poder a su esposa y de haber perdido demasiado tiempo y dinero en “aprender a gobernar”. En el proceso electoral del 2016, esa “historia de éxito” puede tener otro protagonista: César Acuña, el chotano que salió de la extrema pobreza y que hoy es dueño de universidades. Lo importante es descubrir si en “esa historia de éxito” no hay lados oscuros. Estamos a tiempo.

¿Cómo diablos pudo pasar esto?, se ha preguntado la actual cabeza del Sodalicio tras los aberrantes casos de abuso psicológico y sexual perpetrados por los fundadores de este movimiento cristiano. Mi convencimiento es que Satanás está en la piel de los que actúan basados en fundamentalismos de toda naturaleza. El diablo no está en la libertad. Actúa y recluta en nombre de Dios y la Iglesia.

En el lenguaje popular, la agenda es un cuaderno o, más recientemente, un instrumento electrónico donde se anotan los compromisos que se van teniendo, las actividades que se prevén para los días sucesivos. El verbo latino ago, agere quiere decir ‘llevar a cabo’. Eso es lo que queremos decir cuando expresamos la necesidad de apuntarlo en la agenda, para que no se nos olvide: que tenemos que hacer tal o cual cosa.

La primera causa de inasistencia a los centros laborales es el estrés. No es broma. Ocurre en el mundo en un 15% y pasa en nuestro país en un 18%. Un 70% de compatriotas no tiene ni idea de lo que es la salud mental. No hay políticas de Estado que ataquen este problema, que no solo tiene que ver con el estado psicológico de la población, sino con la productividad. Por ende, es un problema económico también. Hablamos de tantas cosas, pero todo está vinculado a los estados de equilibrio mental de los pobladores de una nación.

Delincuencia y corrupción son los dos factores que desquician a la sociedad peruana. Cuando observamos impávidos cómo “chapamos a los choros” y nos alegramos de que sean “linchados” en actos de justicia popular, podemos deducir que estamos muy enfermos. Que volvimos a épocas de barbarie. Peor aún cuando cada día nos percatamos de que nuestra clase dirigente ni idea tiene de cómo enfrentar la descomposición de las instituciones y el tejido social. Los populistas piden a voz en cuello que salgan las FF.AA. a combatir a los ladrones y criminales. Queda en evidencia que nuestra Policía no sirve para nada. El gobierno les responde a “aquellos” que “sacar a los militares a patrullar las calles” es demagogia pura. ¡Es verdad! Pero también es evidente que no sabe cómo afrontar el problema de fondo. La inseguridad es un asunto de Estado. Desde el comienzo debió abordarse de esa manera. Todas las energías de los que toman decisiones debieron apuntar a solucionar esta prioridad nacional. Pero no hubo reflejos. No hubo estrategias y Ollanta Humala resultó un gobernante mediocre. Muy reactivo, principalmente con sus enemigos políticos, pero muy débil para hacer reformas estructurales. Enfrentar un sistema corrompido por la criminalidad y la delincuencia requiere agallas. Requiere liderazgo. No tenemos ni lo uno ni lo otro. La gente pide a gritos a los soldados en las calles porque los recuerda enfrentando al terrorismo. Hoy los asesinos, los sicarios, los narcotraficantes reemplazan a esos terroristas de los 80. La población cree que mano dura significa poner al Ejército con sus tanques en los distritos del país. No es culpa de los peruanos. Es responsabilidad de las autoridades que no están a la altura de enfrentar los desafíos actuales.

20 de julio de 1969. La señal de Panamericana en blanco y negro transmitía en directo el alunizaje del Apolo XI. Tenía 10 años y estaba en pijama frente al viejo televisor de mi casa. Fue esa mañana histórica para el mundo, cuando Neil Amstrong, Michael Collins y Edwin Aldrin daban el pequeño paso para el hombre y el gran salto para la humanidad. Para mí, fue el registro eterno de una inconfundible voz. La de Humberto Martínez Morosini. Como para millones de compatriotas, quedó sellada en mi memoria como una página de la historia de la televisión peruana.

Sentenciado a 14 años de cárcel. Delito: Oponerse al régimen chavista. Nombre: Leopoldo López. Edad: 44 años: casado con Lilian Tintori con quien tiene dos pequeños, que no pueden estar con su padre, por vivir en una dictadura, la de Nicolás Maduro. Aunque era previsible que López sería condenado por su ‘crimen’ de levantar la voz contra un autócrata, no deja de impactarme la pasividad de los pares latinoamericanos. Las voces de críticas han llegado desde Europa, Naciones Unidas, Amnistía Internacional, el New York Times, Washington Post, Obama, etc. No hemos escuchado un pronunciamiento o una preocupación colegiada de gobiernos latinoamericanos. El principio de intervención que invocan los gobernantes no puede significar automordaza. ¿A qué le tienen temor? Cuando en un pueblo hermano se están violando los derechos fundamentales lo que queda es hablar claro y fuerte. Empezando por casa. Ante la insistencia de Augusto Álvarez Rodrich, en la última entrevista a Humala, este alcanzó a titubear un “amago” de condena y preocupación frente al régimen autoritario venezolano pero, a decir verdad, sonó tibio, casi ofreciendo disculpas. ¿Qué le debe?

Intolerancia. Raza superior. Descalificación del que no piensa ni actúa como el otro. ¿Hablamos de la Alemania de Adolfo Hitler, que, bajo esas premisas, exterminó a seis millones de personas? ¿Nos referimos a la Santa Inquisición, que torturó y mató a los herejes en la época de los reyes católicos? ¿Estamos comentando la crueldad y la insania del llamado Estado Islámico, que elimina, en las formas más atroces, a los que no se arrodillan ante su credo fundamentalista en pleno siglo XXI? Sí. Hablamos de todo lo anterior, pero principalmente queremos centrarnos en el peligro que representa para Estados Unidos, país de democracias y libertades, un eventual respaldo a la candidatura republicana de Donald Trump.

Entre enero y junio del 2015 han muerto, por accidentes de tránsito y atropellos, 1,482 peruanos. De esa sangre derramada en las pistas, desglosamos así: de 0 a 5 años, 92 fallecidos; 6 a 12, 57 y, de 13 a 18, 68. Cifras escalofriantes que representan cientos de familias quebradas, rotas, con futuros truncados y, en muchos casos, con muertes de seres queridos que no llegaron, siquiera, a la edad preescolar.

Jodidos. Así estamos. Inseguridad galopante, liderazgo político nulo, la economía haciendo agua, fenómeno de El Niño fuerte o extraordinario inminente y 25% menos en las exportaciones. Además, seguimos con un dólar con alas, con inversionistas privados contando los días para que acabe este gobierno y con la inversión pública en descenso.

35 años. Licenciada en Psicología y magíster en Ciencias Sociales. Ambos estudios superiores hechos en París. Verónika Mendoza Frisch, de izquierdas, nacida en el “ombligo del mundo”, pero “salpicada” con sangre europea, quiere ser presidenta del Perú. Bienvenida al ruedo. Desde mi punto de vista, hasta ahora, es consecuente. Dice que en el elenco estable de la política nacional, en el que incluye al actual presidente, por quien llegó al Congreso, no hay autoridad ética. Tiene razón. Aunque es bueno recordarle que, para llegar al poder, se necesita mucho más que ganas. La experiencia es fundamental. Se necesita sangre que renueve y que aporte en el próximo proceso electoral, esa es una verdad del tamaño de una catedral. La he entrevistado una vez. Me pareció, aunque rígida y a la defensiva (quizá pensaba que estaba en territorio enemigo), definida y determinada. Se le ve austera, habla con convicción y da la impresión de que dice lo que piensa. Es una política que inspira respeto, pese a no compartir su ideología. Punto para ella. Soy de las que cree que la cuna, la influencia familiar, la experiencia fuera de nuestras fronteras y la preparación intelectual, más allá de tus ideas, te definen. En el caso de Mendoza, es un buen inicio para emprender su propia causa. Lo importante, en el ámbito de convicciones y planes, es que no reposen en recetas trasnochadas que han fracasado una y otra vez. Es imprescindible que trabaje en el cambio de sus propios seguidores o compañeros de ruta. En aquellos que siguen pensando en el Che Guevara, en Velasco, en Fidel, en Maduro o en las barbaridades hechas en Venezuela por el difunto Hugo Chávez. Esperemos que Verónika tenga claridad en el sendero económico que permite crecer. Que elimine los antis. Que exija sanciones para los corruptos. En otras palabras, que su “agenda” electoral sea capaz de aportar al proceso un mensaje verdaderamente progresista, en el que el objetivo no es quitarle al que tiene, sino dar más oportunidades para todos en el marco de una democracia sólida, libre de persecuciones y cacerías.

Somos una “raza distinta”, asegura con voz convincente la publicidad de la Universidad César Vallejo. Su mentor, César Acuña –emprendedor, quién lo duda–, está convencido de que será presidente del Perú. Apoya su certeza en “todo lo que me propongo lo hago”. Preocupa a esta columnista el procedimiento para lograr sus objetivos. Acuña, como Toledo en su momento (hoy ya en tono repetitivo y cansino), busca sacarle brillo a una candidatura basada en el ciudadano provinciano, casi iletrado, y su esfuerzo de salir de la miseria familiar entre decenas de hermanos. Argumenta la construcción de su lucha en abrir oportunidades negadas y multiplicar sus historias definidas como “errores estadísticos”. ¡Muy interesante! Pero queremos detenernos en las fórmulas de competencia usadas en estas llamadas historias de éxito.

El gobierno de Ollanta Humala no pasará a la historia como el peor, de eso estamos seguros, pues, hemos tenido algunos de horror. Pero corre el riesgo de ser recordado como el que tuvo mayores recursos económicos desperdiciados. Hace 20 años que el Perú crece ininterrumpidamente, pese a sus autoridades, pese a la corrupción. El asunto es este: ¿cómo y con quién damos el salto hacia el desarrollo? Eso es lo que está en juego el próximo quinquenio.

Tomo prestado el nombre de un libro que acaba de publicar Raúl Chanamé. Esa es la sensación que tengo en el 194° aniversario de la independencia del Perú. Nuestros antepasados no la tenían clara. Me da la impresión de que hasta ahora seguimos buscando la fórmula de la consolidación.

Los comediantes Jorge Benavides y Ernesto Pimentel vivieron, en 24 horas, lo que muchos ciudadanos padecen todos los días en el país. Miedo, extorsión, ataque y violencia. Ni gobiernos ni autoridades regionales yp distritales, además de la cadena responsable de impartir seguridad, parece entender lo que es prioritario.

Faltan 12 días para que empiece la cuenta regresiva de este gobierno. Ollanta Humala ingresa a su quinto año de administración y la percepción generalizada es que ha sido mediocre y que solo se espera que termine su mandato. El 28 de julio será su penúltima presentación en el Congreso y el 29 su último desfile militar.

¿Quién no ha soñado con el encanto de un apuesto rey y la belleza de una joven reina? Todos, en algún momento de la vida. Nuestro mandatario y su esposa no son la excepción. Observar la fascinación de Ollanta y Nadine en el Palacio Real de España confieso que me conmueve. Imagino que vuelven a sentir las cosquillas de la seducción juvenil. Quizá sueñan con ese poder de las monarquías, que no se eligen, sino que se heredan. Diera la impresión de que los pasillos de la realeza recargan sus afanes de encontrar culpables de “todas sus desgracias” y, sobre todo, de las de su amada, a quien en el Perú, según sus palabras, “siguen destrozando”.

Nadine Heredia quiere impedir que abran sus cuentas. Ha decidido pelear en el plano de la victimización. Tiene derecho a defenderse, pero insiste en confundir sus roles de dirigente partidaria y primera dama, y con presupuesto de todos los peruanos. La decisión que ha tomado la pareja de Palacio, cuando su respaldo no supera el 10%, es enfilar su esfuerzo en librarse de investigaciones y de lo que ellos llaman persecución. De lo contrario, lo temen, podrían terminar desapareciendo de la escena futura o, lo que es peor, en la cárcel.

El Diablo está metido en los detalles y también en las billeteras. Aunque puede ser tomada como anécdota, la Mesa Directiva del Congreso que encabeza Ana María Solórzano perdió, otra vez, la gran oportunidad de demostrar sentido de las prioridades y manejo político. Regalar billeteras de cuero a 1,295 padres y 850 madres del Poder Legislativo no es solo una ostentación y una evidencia del despilfarro sino también una demostración de ignorancia sobre las necesidades de los trabajadores. Escuchaba a Verónika Mendoza en el programa de Patricia del Río que hace años se demanda un lactario o una guardería para los hijos de quienes laboran en el Parlamento. Eso sí les mejoraría su calidad de trabajo, es más, se estaría cumpliendo con la ley. Pero no. En vez de analizar el gasto y usar un presupuesto de manera adecuada, usan 335 mil soles de los tributos pagados por los peruanos para comprar billeteras Renzo Costa.

Si repasamos los últimos días en la política nacional, nos llevamos la certeza de que nos tratan como idiotas. El congresista del PPC Juan Carlos Eguren intenta dar clases de ginecología en casos de violación. Sus argumentos deleznables quieren “probar” que una mujer violentada no va a estar en el dilema de abortar o no. Confunde, no sé si deliberadamente, lubricación (que la produce el placer del sexo) con “moco vaginal” para asegurar que, como resultado de una perversión de esa naturaleza, no hay embarazos. La cereza de la torta la ponen Lourdes Flores, que el silencio le hubiera quedado mejor, y Castro, como presidente de ese partido.

Faltan diez meses para la primera vuelta electoral. Serán intensos para todos los actores políticos, pero agotadores para la ciudadanía, que aspira al milagro de elegir a alguien capaz de adecentar el futuro inmediato del país para darle viabilidad. Uno lo escucha todos los días. Hay hartazgo, desasosiego y, en algunos niveles ciudadanos, solo resignación. La frase común es “estamos fregados”. Los indicadores económicos nos dicen que no estamos tan mal. En el exterior miran al Perú aún con expectativa. Sin embargo, nuestro propio espejo nos muestra, en el reflejo, deformados, enfermos, sin esperanzas. ¿Por qué estamos en un ambiente depresivo? ¿Por qué hace algunos años se respiraba optimismo? ¿Tiene que ver solo con que había un mejor precio en los commodities? ¿La gente tenía más plata? ¿Había menos pobreza? ¿O, en realidad, sin descartar lo anterior, había más alegría en la apuesta y teníamos más confianza en nuestras capacidades como país emergente y en el que la renovación podía afianzarse mejor con nuevos actores en el liderazgo nacional? Hay quienes han afirmado que los peruanos somos ‘tristones’. Creo, en realidad, que somos sobrevivientes de demasiadas crisis y, por un periodo corto, nos llegó la sensación de haber doblegado los malos momentos. En realidad, estamos en pañales (y no me refiero a los sucios que enfrascan la pelea entre dos ex ministras) como sociedad. No hemos dado ni un paso para un verdadero cambio en nuestros sistema político.

¿Es siempre la mejor defensa el ataque? No en el caso de las indagaciones fiscales sobre gastos suntuosos de la primera dama. El presidente Humala, que es un experto en ‘tacles’, ha dicho que es una persecución contra su esposa y ha pretendido hacer comparaciones siempre odiosas con otras cónyuges presidenciales. Como de costumbre, parece que le preocupa la paja en el ojo ajeno y no la viga en el propio.

Primer acto: una joven de 24 años atropella a delincuentes en moto después de ser asaltada con la modalidad del bujiazo en San Isidro y hoy se encuentra en problemas policiales.

De no mediar nada extraño, Martín Belaunde Lossio, ex asesor de las campañas electorales de Ollanta Humala, será extraditado de Bolivia. El Ejecutivo ha puesto el parche a través del ministro el Interior. “Esto va a demorar, por lo menos, 90 días”, dijo. Otras voces aseguran que no hay impedimento para que venga de inmediato. Su arresto domiciliario será hasta el 21, aunque garantizan que estará detenido lo que sea necesario.

La enfermedad es terminal en el caso de Tía María. Solo un milagro podría salvarla. Como Conga, esta es otra inversión perdida, que pudo dar oportunidad de mejorar la vida de miles de familias si se hubiese manejado bien. Los diagnósticos son conocidos. Una transnacional que no supo hacer su tarea social y de prevención. Un grupo radical antiminero que “arrasa con todo a su paso” como una pandemia, una población que se siente engañada y vulnerable, y, sobre todo, un gobierno sin liderazgo y autoridad que no tiene palabra y menos convicción para promover confianza, ingrediente básico en circunstancias de esta naturaleza.

Nombre de batalla: Luis Favre. Su identidad salió a la luz luego de la exitosa campaña de Humala. Le cambió el polo rojo por el blanco, le suavizó los gestos y lo ‘derechizó’ lo suficiente para ganar la segunda vuelta electoral. El ‘mago de las campañas difíciles’ salvó raspando a Susana Villarán de una segura revocatoria. La victimizó y fortaleció en la ‘Tía lentejita’ su cartel de honestidad .

En medio de la ‘narconovela’ Oropeza, las elocuentes facturas de golosinas del ex fiscal de la Nación Ramos Heredia, los congresistas fujimoristas caraduras que usaron la plata de los peruanos para un viaje proselitista, los cinco parlamentarios que han sido sancionados por Ética pero que siguen en funciones porque no se discute en el Pleno, probablemente porque los nacionalistas necesitan esos votos, opté por un ejercicio en mi programa de radio Capital: reemplazar, por un momento, al personaje del cuento Aladino y su lámpara maravillosa y preguntarle al público cuál es su deseo más ferviente en el último año del período gubernamental.

Mientras Cateriano, en su calidad de copiloto, sigue en un afán de sortear nubes negras para alcanzar gran altura y llegar a destino, el piloto principal sigue enfocado solo en los programas asistenciales, que pueden ser importantes para su propio aterrizaje pero que no abonan a la mejora de la productividad que el país requiere.

La obsesión de Ollanta Humala con el Apra parece ser tal que ha incorporado la escopeta de dos cañones a su estilo oratorio. Por un lado, respalda a su flamante primer ministro, Pedro Cateriano, en las conversaciones emprendidas con las demás fuerzas políticas en un afán de lograr entendimientos básicos para bajar tensiones y obtener confianza en el Congreso, y, al mismo tiempo, continúa descalificando al Legislativo en discursos diarios. La gran excusa para el insulto a los congresistas de la oposición es la defensa de su “exitosa” esposa, que lo único que pretende es “servir al país, sin recibir pago alguno”.

La testarudez y el manejo político equivocado de Ollanta Humala hicieron rodar la cabeza de Ana Jara. Me pregunto si todo el lamento y el respaldo que recibió la premier posteriormente no tiene grandes ingredientes teatrales. Las filtraciones a la prensa sobre los incansables trabajos de rastreo y seguimiento a políticos, empresarios y periodistas (en los que estoy incluida) salieron del corazón de la DINI. ¿A quién responde esta dirección? Al presidente de la República. Entonces, ¿qué tanto revuelo por la censura de Jara si quienes la subieron al cadalso fueron los propios? El Congreso solo ejecutó la acción. Ahora, pues, ¿qué camino tomará el gobierno? Si opta por la arrogancia y la confrontación, sabremos que no está dispuesto a concluir su mandato en concordancia con lo que el país necesita. Los peruanos entenderemos que quieren pervertir el mensaje y que no escucharán las voces que exigen un gabinete de consenso que acompañe un aterrizaje saludable para finalizar el quinquenio. Por más que le fastidie al jefe de Estado, debe prepararse para un Congreso sin mayorías y con una última directiva de la oposición. La censura ha sido un mecanismo de control, como funciona en cualquier nación democrática. A Ollanta no le conviene y al Perú menos una mayor polarización. Las cifras económicas comienzan a ser alarmantes. No estamos para juegos y, más bien, requerimos de un gobierno sensato, que no le ponga zancadillas a su próximo primer ministro, el número siete. ¡Casi dos cabezas de gabinete por año! ¡De locos! Cuatro años son suficientes para aprender que la cordura y la serenidad en el juego político, sobre todo si eres gobierno, son lo que debe prevalecer. Hasta ahora nos demostraron rabietas y pataletas. Ya es hora de encontrar la madurez política como para actuar en consecuencia. Ponerse el cuchillo entre los dientes logrará una mayor crispación con consecuencias funestas. El presidente Ollanta está en la obligación de mostrarse a la altura del cargo, al menos al final de su mandato. ¡Que Cristo resucitado lo ilumine!

Hablar de accidentes de tránsito debería ser un asunto de Estado. Díganmelo a mí que debo reportarlo, cada noche, luchando por no mirar la pérdida de vidas con indiferencia, como parecen observar las autoridades responsables. Estamos contando muertos como si viviéramos en medio de la peor de las guerras. Pero, además de las vidas ‘llevadas de encuentro’, el país pierde más de tres mil millones de dólares anuales porque nuestra dirigencia es incapaz de liderar una cruzada que minimice esta sangría, provocada básicamente por la laxitud de la autoridad y la incapacidad para la ejecución de medidas preventivas y de aplicación de la ley.

19/03/15 |

Lima, amarilla

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El peor consejero de una autoridad es la obsesión por la revancha, por la refundación. Por querer trazar la línea del antes y el después. Por pretender desconocer y borrar de la historia lo hecho por algún adversario. Así de pequeña es la mirada de muchas autoridades en nuestro país, incluyendo la del propio presidente. Parece un asunto de almas acomplejadas. No puedo entender la actitud del alcalde Luis Castañeda. Se percibe en su humor, en sus palabras y en su pintura amarilla las ganas de desconocer cualquier intento de la gestión de Villarán. Susana hizo lo mismo y sabemos cómo terminó. Castañeda tiene respaldo suficiente como para demostrar, una vez más, que es capaz de gerenciar la ciudad y dar el salto. Pero me temo que la soberbia y su afán de “dar el vuelto” lo están cegando. Él y la ciudad están perdiendo energía y tiempo. El votante, el ciudadano, está más exigente. Ya no se conforma con escaleras y paredes pintadas. También quiere continuidad. Que la ciudad evolucione, que cambie y mejore. Esta Lima de casi 10 millones de personas no va a aceptar que vengan los ‘Atilas’ a destruir todo para comienzos mesiánicos. Todavía es posible tener una visión positiva de hacia dónde vamos en transporte, seguridad, limpieza, cultura. No nos quedemos en la mezquindad. Dejemos que el Poder Judicial investigue y castigue. Pongamos el mayor esfuerzo en un trabajo integral. Los Juegos Panamericanos y el bicentenario pueden ser grandes incentivos para demostrar que somos capaces de lograr una ciudad con mejores condiciones para vivir.

En conferencia con los periodistas extranjeros, el presidente Humala aseguró que el asunto del espionaje chileno no quedaría sin consecuencias. “No tener una respuesta es una respuesta”, espetó a las autoridades chilenas el mandatario. Pues bien, la diplomacia chilena contestó y dijo lo que siempre ha dicho: ni admite ni consiente prácticas de esa naturaleza, aunque a reglón seguido asegura que continuará investigando.

26/02/15 |

¡Ni un sol más!

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La relación de la vicepresidenta Marisol Espinoza con el partido de gobierno continúa siendo tensa. Aunque ella alega que es una decisión temporal para cumplir con una labor social, dejar de aportar el 10% de su sueldo al partido es sintomático y resultado de haber sido ‘basureada’ sistemáticamente por los dirigentes de su agrupación y del gobierno.

19/02/15 |

Tomando aire

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El gabinete fue oxigenado y Ana Jara empoderada. La caída de Urresti le da sabor a triunfo a la oposición y un respiro a la premier. Las salidas de los titulares de Justicia, Energía y Minas y Mujer eran necesarias. Hasta aquí una evaluación positiva de la decisión presidencial. Ahora bien, estamos hablando de 58 ministros que han desfilado en las diferentes carteras y del séptimo titular del Interior que se estrena.

El equipo de defensa de Nadine Heredia se refuerza. Además de contratar al constitucionalista Aníbal Quiroga, ya se anuncia el ingreso al equipo de Eduardo Roy Gates, quien ha tenido “momentos estelares” durante este gobierno, desde la primera campaña electoral, hasta la “conversación-presión” con la ex procuradora Jenny Vilcatoma por el caso Belaunde Lossio. Eduardo Roy pasa al ámbito de la defensa privada, pero, estamos convencidos, seguirá en el círculo más estrecho del poder. Lo que se evidencia es que la investigación por presunto lavado de activos contra Nadine, con pruebas nuevas o no, la ha puesto en serios aprietos y, aunque no quiera demostrarlo, la tiene muy preocupada. El suelo no está parejo para la presidenta del partido de gobierno, por lo que requiere, con urgencia, un manejo fino a cargo de un aparato jurídico que también tenga una estrategia política.

05/02/15 |

Traje de campaña

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Resulta contradictorio cuando el presidente Humala y su esposa se refieren al “ruido electorero” de la capital y a los “candidatos” cuando los adversarios denuncian o responden políticamente. El “traje de campaña” que el mandatario exigió a sus seguidores vestir, meses atrás, él lo exhibe, con pasión, en cada viaje e intervención que realiza, en nombre “de la familia presidencial”. Exacerbar la mirada de escepticismo que tienen las regiones hacia Lima no va a ayudar, sino que provocará una mayor desconfianza. Ha sido una táctica utilizada en el pasado por el fujimorismo, y ya vimos cómo acabó su líder. Es curioso e incoherente que, vistiendo ese “traje de campaña”, exija a los otros probables candidatos un trato distinto y especial. Queda en evidencia que el escenario primigenio de la extensión de su gobierno, a través de Nadine, quedó descartado. Sin embargo, se percibe una necesidad de protección personal y familiar, porque en el 2016 la cosa viene dura. Requieren urgente una defensa “leal y sin disidencias” en el próximo Congreso. Por lo tanto, no es tan difícil colegir que “la desconfiada Lima” no es la plaza idónea para sus objetivos electorales. La versión de la calle es que el año electoral se adelantó, que los enfrentamientos políticos se endurecerán cada vez más. Así, los peruanos perdemos porque en la polarización y en las malas estrategias de respuesta del poder, las oportunidades se diluyen hasta desaparecer. ¿Hasta qué punto de crispación y de enfrentamiento esas fuerzas del poder son capaces de llevarnos para conseguir sus fines? No caigamos en la trampa de “nosotros somos los buenos y todos los demás son los malos” porque esa historia ya la vivimos y no trae nada bueno. Seamos capaces de ayudar a que el “conductor” del gobierno deje el traje de campaña y se ponga el de estadista.