19.FEB Domingo, 2017
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LA PORTADA DE HOY

"Que Toledo rinda cuentas"

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Columna Mariella Balbi

La corrupción en nuestro país reventó como desagüe viejo. Algunos la conocían porque han participado de ella, otros vemos atónitos que este huaico tiene para largo. Lamentablemente, la ciudadanía percibe la debilidad del gobierno. Sus acciones frente a los desastres naturales carecen de reflejos. Chiclayo y su cementerio se inundaron. No hay motobomba que venga en auxilio y drene las aguas. El dengue aparece en Lima y provincias. El presupuesto tardíamente destinado es de 50 millones de soles, no parece suficiente. La prevención falló y –cereza de la amarga torta– en Chosica se robaron los pluviómetros.

El calor atosigante que vivimos es propicio para andar calato. El clima político, enrarecido también, es favorable para el “deshabillé” y que de rey a paje, digan todos y cada uno ‘su verdad’ (hermosa frase de nuestras vedettes). ¿En qué consiste la verdad? La respuesta resulta obvia: en declarar públicamente si algún político: ministro, ex ministro, candidato, ex candidato, congresista, ex congresista, alcalde, ex alcalde, gobernador regional, ex gobernador regional, procuradores, ex procuradores, funcionario, ex funcionario, periodista, comunicador, abogado, ex abogado; perro, gato o lo que fuera, tuvo relación con Odebrecht –la empresa más organizada en lo que a corrupción se refiere– o alguna otra empresa del grupo Lava Jato.

El llamado informe Bernales sobre las irregularidades de los ascensos en las FF.AA., principalmente en el Ejército, durante el gobierno de Ollanta Humala merece el reconocimiento de las fuerzas democráticas, que deberíamos ser mayoritarias. Infelizmente no es así. No fue el prestigioso jurista quien analizó lo ocurrido durante ese malhadado régimen. Qué va, fue una comisión, designada con acierto por el presidente Kuczynski, integrada por miembros de las FF.AA. en retiro.

Se equivoca la ministra de Justicia al decir que la cómoda estancia médica del procesado Martín Belaunde Lossio (MBL), vinculado a la corrupción de gran escala, solo respeta su derecho a la salud. Anteriormente ella defendió con ardor a un regidor ‘pegalón’ de su partido. Desbarró. También con la Ley de Transparencia que viene de publicarse. Para los entendidos, es peor que la anterior, no transparenta nada y sepulta mucho.

Los adolescentes de los vertiginosos años sesenta recordarán esta contagiosa canción, entonada posteriormente por Bob Marley. Eran épocas pacatas y la letra fue de gran impacto. Aún ahora resulta inquietante. Versa sobre un hijo que pide permiso a su padre para casarse con una linda chica. Este le responde que es su hermana y que su madre no lo sabe. Encuentra otra novia, le cuenta al padre nuevamente y le dice que es su tía, pero que su abuela no lo sabe. Hastiado, el joven va donde su madre, quien le confía que su padre no es el verdadero, pero que este no lo sabe. Oh escándalo.

Quienes se divirtieron con este juego recordarán que era veloz, quien pestañeaba caía, y muchas veces podía ser violento, cuando el pelotazo caía con fuerza y la ‘muerte’ era imposible de evitar. Así será, desafortunadamente, el caso Lava Jato, que empieza a sacudir con estruendo a nuestro país. Algunos dicen que la corrupción Fujimori-Montesinos es menor frente a este megacaso porque abarca a tres gobiernos y puede alcanzar al actual. El tiempo lo dirá.

Prácticamente ya está aquí el año venidero. Por las proyecciones realistas, pinta parco y de poco movimiento económico. Hasta el más ‘naif’ sabe que la economía de un país es lo que sostiene la democracia y el bienestar de sus ciudadanos. Aquellos que viven en el mango, ajenos a esta certeza, que vayan bajando del árbol.

El título original, “El manifiesto comunista”, lectura obligada e inspiradora en la generación de los setenta, empezaba de manera misteriosa: “Un fantasma recorre Europa…”. Emulándolo podríamos decir: una alucinación intoxica al Perú, el antifujimorismo. Quienes están ajenos a pasiones tan básicas, sobre todo en un país como el nuestro, siempre nos preguntaremos el porqué. Hay hipótesis, bien informadas, que apuntan a una disputa algo cainita por el “premierato” (así es el poder, no necesariamente la práctica política).

A seis escasos meses de gobierno, el presidente Kuczynski dice con auténtica y sentida pena: “Mi bancada no me obedece”, evidenciando algo muy preocupante: no tiene control sobre ella. Y no puede tenerlo porque el grupo de los ppkausas que llegó al Congreso es una suma de voluntades individuales. Al no pertenecer a un partido político siquiera algo estructurado, cada uno de sus integrantes se dispara a su modesto entender y/o hígado, órgano tan usado en estos días para pensar.

Desde Aristóteles, la ética nos orienta a discernir entre lo adecuado y lo que no lo es. Exige poner en práctica principios y valores que todos debemos respetar sin discriminación. En suma, el dicho “a mis amigos, todo; a mis enemigos la ley” es absolutamente antiético. En estos días hemos debatido el caso de la esposa del ministro de Educación, Cecilia Ames. Los hechos: en octubre del 2016, la SBS la contrata para el cargo de “jefe del Departamento de Comunicaciones e Imagen Institucional, nivel 2, de la Superintendencia Adjunta de Asuntos Internacionales, Capacitación y Comunicaciones”.

Ad portas de una interpelación en el Congreso al ministro de Educación, resulta curiosa la ardorosa defensa del trabajo que este realiza. El apoyo de cierto sector se basa en lazos de amistad y/o simpatía. También cuenta que muchos de los abanderados del ministro tienen convenios y contratos con dicho portafolio. Queremos conocerlos. Quienes escuchan desde hace unos buenos años –y casi cotidianamente– las quejas de padres de familia sobre profesores que no asisten a sus labores, que pegan abusivamente a los niños o escuelas destartaladas se preguntan por qué este publicitado y encendido respaldo. Ningún ministro ha concitado tanta adhesión que lamentablemente no se basa en los logros de su gestión.

Al automóvil del presidente norteamericano se le apoda ‘La Bestia’. Se desdice con los modales democráticos que exhibió en APEC Barack Obama, próximo a terminar ocho largos años de gobierno. Nos dejó lecciones de tolerancia que ojalá aprendamos acá, aunque parezca imposible porque, finalizada nuestra elección, el Perú está más o igual de caníbal que en los últimos cinco años. Una verdadera catástrofe nacional.

Keiko Fujimori aparece después de acres comentarios sobre su silencio de cien días y es objeto de duras críticas por sus expresiones. También se focaliza la atención en la expulsión de un congresista ‘pepekausa’ y en la protesta por el triunfo de Donald Trump, el copetón. Silencio total frente a la violación de una joven en Ica por policías en actividad. La drogaron, refiere la víctima. Tal vez su denuncia no ha sido tan mediática y ahí quedó.

En un reciente artículo escribí sobre lo estupendo que es el by-pass de 28 de Julio para llegar al Centro de Lima. Mis amigos me llaman para advertirme de una campaña de demolición e insultos a mi persona en un, dizque, periódico digital. Afortunadamente no tengo Facebook, ni Twitter, pero ellos me informan que un miserable me “denunció”, afirmando que laboraba para la Municipalidad de Lima. He realizado dos trabajos de edición puntuales hace algún tiempo.

Catón, austero político y militar romano, se desempeñó como censor de sus pares. Examinaba a los hombres públicos de manera estricta; quien no se adecuaba a sus valores era criticado acremente. También fue antigriego y bastante puritano. Afortunadamente, en las democracias modernas no se requiere un Catón que señale con el dedo a los otros. Para ello hay un sistema judicial y otras instituciones. A juzgar por lo que vivimos –encendidos ‘antifujimorismo’, ‘antialanismo’, ‘anticastañedismo’–, constatamos que estamos lejos de ser una democracia equilibrada. El odio de sectores de opinión –que incluye a la izquierda, profesionales y algunos periodistas– contra estos antis está enquistado en la vida nacional de manera nociva.

Aún no sabemos si el reciente incendio en El Agustino fue provocado o no. Como ocurre siempre en nuestro país, se extendió un manto de duda a raíz del caso de supuesta corrupción del médico Carlos Moreno. La sospecha sobre lo intencional del incendio sirvió a ciertos intereses políticos. No pudo, sin embargo, aplacar el dolor y la tristeza que sentimos todos los peruanos por la muerte de los valerosos bomberos Alonso Salas, Raúl Lee Sánchez y Eduardo Jiménez. Fallecieron salvando a otros, se inmolaron.

El lector no encontrará gran novedad en estas líneas, sencillamente porque no la hay. No debemos olvidar que la pasada fue la elección más estrecha en resultados, 45 mil votos aproximadamente. Y esto tiene sus inevitables consecuencias. Llegó un partido debilucho, incipiente y con un plan de acción precario. El fujimorismo tenía propuestas más musculosas, pero ostenta aún un anti rabioso, furioso, irracional. Si Keiko Fujimori estuviera en el sillón de Pizarro, probablemente las cosas en nuestro país serían también turbulentas.

Seremos breves, como lo es este espacio. Cuando el ex presidente Ollanta Humala aún no asumía funciones, tuvo que afrontar un gran escándalo: el viaje de su hermano Alexis a Rusia, quien se entrevistó con el canciller ruso y varios ministros a nombre del futuro gobierno. El entonces futuro mandatario bajó el tono del asunto diciendo: es una reclutada, término del argot militar que equivale, para ser benévolos, a inexperiencia.

Sin duda, los llamados ‘realities’ existen en la televisión mundial. Ojo, no abundan, los hay. Son competencias de rigor físico y situaciones extremas que someten a los ‘concursantes’ a duras pruebas. Hay los que hacen parir a mujeres en medio de la naturaleza sin asistencia médica. O aquel donde convivían púberes en campamentos, sin padres, y que fue clausurado en la pulcra y aún puritana Inglaterra.

Vemos voracidad de poder y mando en algunas bancadas parlamentarias. Y aunque el Congreso aguanta todo –debatir es su esencia–, la bancada oficialista aún ostenta una falta de adecuación a la realidad numérica que –como se sabe– es inamovible. Dos y dos nunca serán cinco. Los 73 congresistas de Fuerza Popular irritan a algunos oficialistas, sin aceptar que fueron los votantes quienes los llevaron al Congreso.

Congresista Luz Salgado, escribo esto a nombre de todas las víctimas de la violencia contra la mujer. La ley de violencia familiar que el Congreso modificó en noviembre del 2015, seguro con buena intención, no sirve. La razón es simple: la agresión a una mujer está dentro de los delitos contra la vida, el cuerpo y la salud. No es un delito independiente, como debería serlo. Los perros, los gatos y los animalitos gozan de mayor protección legal que nosotras las mujeres.

Acierta el politólogo Carlos Meléndez cuando señala que fujimorista se ha convertido en una mala palabra. Añadiríamos insulto y hasta lisura. A quienes toman cierta distancia de este gobierno y tienen dudas legítimas se les espeta el mote de fujimoristas, buscando agraviar y descalificar a los suspicaces. Poco importa que este movimiento haya sacado ocho millones y medio de votos en la pasada elección, y otro tanto en la del 2011. La respuesta de las urnas provoca, principalmente en sectores de clases altas y medias, una reacción espeluznante; a saber: es gente ignorante. O sea, se trata de un voto de medio pelo.

Nadie le puede reprochar al ministro de Economía haber sido infidente con sus declaraciones sobre el poder ilimitado de Nadine Heredia. Hasta un libro se ha escrito sobre este nefasto personaje en la política peruana. Junto con el esposo masacró la vida democrática; los afectados por sus intrigas y venganzas suman un abultado número. Además, fueron ignorantes sobre políticas públicas.

En democracia, la mayoría elige al presidente. Evidentemente, cada uno viene con su estilo personal. Como dicen: genio y figura, hasta la sepultura. Nuestro mandatario es jocoso, campechano, simpático, versátil y versado. Atrás quedaron las pullas electorales, aunque generaron daño. Ya electo, observamos metidas de pata con declaraciones estridentes y desconcertantes. Alentar la marcha de los trabajadores para protestar en el Congreso, ‘jalarse’ (descubrimos un nuevo significado) a congresistas fujimoristas, la calistenia estrafalaria en Palacio y su simpatía o despreocupación por el contrabando, corregida luego.

Que nunca más los peruanos volvamos a elegir un gobierno como el que finalizó. Fue un voto anti, sin importar siquiera la trayectoria profesional del candidato. Ollanta Humala era y es una persona sin formación política, que transmitía y transmitió una gran dosis de odio, envenenando la vida política. Se le tuvo que crear una hoja de ruta para generar estabilidad y gobernabilidad. Sin embargo, su régimen fue –a decir de muchos– un quinquenio perdido.

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