30.MAR Jueves, 2017
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LA PORTADA DE HOY

Aportes fantasmas

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Columna María Luisa del Río

Hace tres semanas estuve trabajando en Chao, Virú, Tambogrande, Huanchaco, zonas que hoy están inundadas o devastadas por las lluvias. Era un viernes 3 de marzo cuando, de la nada, el biólogo Giuliano Ardito, con maestría en Ecología, me escribió un mensaje por Facebook, vaticinando lo siguiente: “… en noviembre decían que se asomaba un fenómeno de La Niña. En diciembre se empezó a transformar. Pero seguían diciendo que era una Niña, luego en enero ya no sabían qué decir. Y bueno, es otro Niño que empezó en diciembre y nadie esperaba. Lo llaman Niño costero y va a hacer mucho daño”.

En ocasiones como esta, lo más saludable es el silencio, a menos que nuestras palabras sirvan. Por eso, consciente de que las mías no servirán de nada, me siento bastante ridícula ante esta página en blanco. En mi cabeza solo hay gritos, barro y miles de personas, animales y objetos cayendo en avalancha y a toda velocidad hacia la costa ante nuestra mirada impotente.

La fe no entiende de razones, solo de lealtades. La campaña de lo rosadito y celestito ha devenido en una nueva bandera, a la que lo honesto sería añadirle el color naranja, pese a que esto no le haría ningún favor al movimiento religioso, ni al político. Lo cierto es que la motivación de la marcha se vició cuando el tema se politizó: un locutor de radio abiertamente machista y homofóbico decidió subir al estrado para pedirle a la lideresa naranja que saque a la ministra de educación. A ver, ¿cómo era? ¿No era una marcha contra el currículo escolar? ¿O era una marcha para empoderar a la señora naranja? Lo cierto es que a estas alturas ya da igual, porque el bravucón terminó sin auspicios y fue separado de la radio en que trabajaba, para ser absorbido con todos sus odios por otra, como era de esperarse.

Justo ahora que nuestros hijos vuelven a clases, el abuso infantil se convierte en un tema recurrente y aberrante. Pero no nuevo. Las estadísticas del Ministerio de la Mujer y Poblaciones Vulnerables señalan que aproximadamente 72% de los casos de violación en el Perú se da en menores. Durante el año 2015 fueron agredidos sexualmente unos 5 mil niños y niñas. Estas cifras solo pueden recogerse de las denuncias, pero obviamente muchos niños callan por temor y cargan hasta adultos con una historia tan injusta como para hacerlos sentir sucios por algo que fue claramente un abuso y un delito.

Michael Callow, el primer ministro de una monarquía británica recibe, una madrugada, la llamada de un desconocido que le comunica que ha secuestrado a la princesa. El premier tiene las horas contadas: si no sale en televisión fornicando con una chancha antes de las 4 p.m., el plagiador matará a la infanta. Callow entra en pánico, está casado y tiene un hijo de meses, su esposa está traumada. En pocas horas ya se ha reunido con sus asesores, intentando contrarrestar la propuesta con un plan más digno o deseando con toda su alma que la llamada sea falsa. Mientras agoniza de desesperación, lo llama también la reina para presionarlo. El secuestrador ya hizo público su pedido en YouTube, el video ya se viralizó y la prensa ya hizo lo suyo, sabiendo cuánto puede vender una historia como esta. Pasan las horas, los asesores del premier contratan a un actor porno y a un experto en montajes digitales. Cuando el actor está a punto de abusar de la chancha, uno de los camarógrafos tuitea la foto del doble, generando una reacción masiva en las redes sociales, que no van a aceptar que les quemen el show con una estafa, y la ira del secuestrador: que una vez que descubre en Twitter que iba a ser engañado con un falso premier envía el dedo cortado de la princesa a Callow. Mientras tanto, un país entero se pega al televisor.

Estoy profundamente afectada por la implicancia en investigaciones sobre actos de corrupción de nuestros ex mandatarios, el doctor Alan García, el economista y catedrático Alejandro Toledo y la doctora Karp, el teniente coronel en retiro Ollanta Humala y la ex primera dama Nadine Heredia. Como si eso fuera poco, hoy leo en los diarios que los hijos del ex presidente Fujimori, profesionales todos, están implicados en lavado de activos. Esta situación afecta negativamente la imagen de nuestra patria y nos empobrece económicamente y a nivel político, pese a los logros democráticos conseguidos en los últimos años.

En medio de este indecoroso festival de escándalos por corrupción, lavado de activos, sobornos, tiradas de dedo, ex presidentes requeridos en la cana, y el descarado pánico de cierta fauna parlamentaria ante la sensata negación de la Fiscalía de compartir los detalles de la investigación sobre el caso Odebrecht, sale a la luz un tema que no había tenido cobertura, pese a reiteradas manifestaciones de madres desesperadas. La asociación Buscando Esperanza, formada por un grupo de madres que han recurrido al aceite medicinal de cannabis para atenuar los terribles síntomas de sus hijos epilépticos o con cáncer, ha sufrido el allanamiento de un pequeño laboratorio donde se dedicaban a preparar el milagroso remedio, o por lo menos alivio. Si bien estas mujeres, con sus hijos incluidos, ya se habían manifestado varias veces frente al Ministerio de Salud sin conseguir ser atendidas, lo cierto es que ahora sí tienen el foco de atención, pero por el morbo mediático de haber sido pescadas como si fueran delincuentes, y lo peor es que se han quedado sin la urgente medicina, hasta que los poderes Legislativo y Ejecutivo determinen si se legaliza o no su uso.

Cuando era niña mis padres me decían (cariñosamente) “gorda”. Pero yo era, más bien, una niña fibrosa, intrépida, deportista. Aun así, nada de lo que hiciera podía librarme del adjetivo supuestamente tierno. Yo era la gorda. Los primeros años el sobrenombre no me llamaba la atención, pues mi cabeza no se detenía en conceptos, pero conforme fui creciendo se convirtió en una obsesión. Me veía gorda, me sentía gorda. Es más, hasta hoy mis hermanos tienen la fantasía de que yo era gorda. Lo único real es que engordé mucho entre los 16 y los 18 años por la ansiedad de ser la supuesta oveja negra en un mundo gordofóbico que en los ochenta ya empezaba a perfilarse, y que hoy reluce su más extrema versión. Entonces el apodo cariñoso se convirtió en una profecía cumplida y, mientras más ansiedad sentía por creer que estaba condenada a no agradar a los demás, más comía. Mis padres me veían abrir el refrigerador y hacían comentarios respecto a mi sobrepeso, la gorda de cariño había empezado a hacer honor a su apodo y se convertía en un motivo de terror.

Quien insista en que el cambio climático es un invento merece ser censurado por irresponsable. Además de ser evidente, el problema del cambio climático no es un capricho de los ambientalistas, sino un asunto que afecta a nuestros bolsillos. En 2015, el Ministerio de Economía y Finanzas indicó que para el año 2025 el cambio climático le costaría al Perú el 4,4% de su PBI anual (más que el 3.8% del PBI asignado al sector educación en el presupuesto de 2016) y generaría pérdidas por 10 mil millones de dólares al año. Achachau.

El Sodalicio de Vida Cristiana, con su inacción tras el archivamiento del caso Figari, no solo ha legitimado el abuso sexual y sicológico como prácticas inherentes a su particular acopio de fieles, sino que ha echado mano de un estilo vandálico recurrente. Un documental reciente de la cadena de televisión Al Jazeera con el periodista peruano Daniel Yovera, muestra la decadencia de esa institución, a propósito del escabroso caso Figari. Perú: The Sodalitium Scandal es un impactante registro de cómo el Sodalicio, en el año 2014, contrata a una banda de asesinos en Piura para el desalojo de los pobladores de las tierras que hoy forman parte del proyecto Miraflores Country Club, de la inmobiliaria Miraflores Perú, que en Registros Públicos le pertenece en un 99% al Sodalicio. Negocios millonarios que no tributan, gracias al Concordato Perú Vaticano firmado en 1980.

Lima se está modernizando y son dos corrientes las que lideran ese avance. Una es la de Castañeda, adicto a by-passes, tréboles, vías rápidas, etc., llenando la ciudad de carreteras al estilo Los Ángeles o Miami, en las que no existe más la posibilidad de andar en bicicleta porque morirás aplastado, “por lorna”. La otra tiene en su versión joven y radical al alcalde de San Isidro, Manuel Velarde, y en su versión más moderada a Jorge Muñoz, de Miraflores.

Mientras viajamos a la sierra por fin de año, la artista visual y performer Kylla (Mónica Piqueras) organiza por teléfono los cuidados de su tío Juan mientras ella estará ausente, que le laven el poncho, que le lleven comida.

No voy a entrar en la cursilería de lamentar la muerte de estrellas de Hollywood o músicos famosos, quienes, si bien me han alegrado la vida, lo pueden seguir haciendo vivos o muertos, pues igual nunca tendré la oportunidad de conocerlos realmente y disfrutarlos. No haré dramas por todo lo que el 2016 se llevó de nuestras pantallas, prefiero celebrar lo que me trajo la realidad.

Tengo una lista larga e imposible, pero da igual, ni entran en tu trineo, ni vendrás, ni existes. Por eso mismo voy a pedirte muchas cosas que, para nada, dependen de ti.

Esperemos que se pasen las elecciones, decíamos, antes de emprender proyectos o tomar decisiones, ante el contexto de incertidumbre y conflicto político que nos tocó vivir. Pero ya pasaron seis meses y nada se calma. Estamos sufriendo los mismos síntomas que padece una familia donde los padres están en constante mechadera. No se pueden hacer planes, nunca se sabe en qué acabará un evento importante, quién tirará la puerta y se largará, quién insultará al otro, quién boicoteará cualquier intento de avanzar, proyectar, emprender, planear.

La indignación es masiva. Ver a tantos congresistas metiéndonos un cuchillo en la garganta, masacrando al ministro de Educación, gritándolo, pidiendo su cabeza, ha sido, por decir lo menos, feísimo. Se nota, pues, que quieren bajarse la nueva Ley Universitaria y esa motivación es tan violenta, que miles de jóvenes y adultos tendremos que salir a las calles a gritarlo este lunes, y no porque estemos en contra de un partido político sino porque con la educación, simplemente, no se juega.

“Con mis hijos no te metas”. Este solemne enunciado da nombre a una agrupación que pretende que sus hijos no aprendan nada sobre igualdad de género. Ellos quieren seguir en la cueva. Una cueva donde la ignorancia se venera, para que todos estén a salvo de quienes pretenden “promover la homosexualidad”. Yo les sugeriría hacer una encuesta nacional en la que le pregunten a los homosexuales si necesitaron promotores para ser lo que son. Así, de paso, se sinceraría un dato urgente y que esperamos sea tomado en cuenta por el próximo censo nacional: Se presume que del 8 a 10% de la población peruana es homosexual, pero a ningún gobierno le ha dado la gana de medirlo, pues esa premisa se niega desde la configuración misma del sistema censal. Como si negándola se pudiera lograr su desaparición…

Nos estamos incendiando hace meses y los motivos son varios y distintos: cambio, negligencia, necedad, cambio climático, etc. La tragedia de Cantagallo, al margen de la responsabilidad de Castañeda en cuanto a reubicación y proyectos inhumanos, se hubiera podido evitar si no existiera la necia costumbre de generar apagones en las comunidades para obligar a la gente a ir a reuniones o asambleas, pues al no tener aparatos prendidos se acercan a eventos que las autoridades consideran obligatorios. El niño que se quemó fue víctima de los estragos de una vela prendida y la vela fue producto de la costumbre más primitiva que pueda existir en el mundo que es, insisto, dejar a la gente a oscuras para obligarla a asistir a un evento. El resultado es lamentable.

Esta ha sido una semana de muy alto voltaje emocional. Empezó con la expectativa de una luna inusual y la gente salió a la calle a mirarla. Llovieron los selfies y algunos seres se comportaron de manera extraña. Una luna así altera las mareas y las aguas en general, y no está de más recordar que la Tierra y los terrícolas somos mayormente agua. Si observamos, incluso en Lima, veremos todos los meses lunas muy grandes, auspiciosas e influyentes, pero para eso es necesario estar más cerca de nuestras ventanas y balcones, y menos de nuestras pantallas.

Miro y vuelvo a mirar a la ex candidata gritándoles, a quienes pensaban que estaba deprimida, que eso es de perdedores. Más allá de la reacción, políticamente correcta, de los que acusan el contenido discriminatorio de sus palabras, lo que me llama la atención es su expresión corporal. Me fijo en su ceño fruncido, en sus cachetes inflamados, en ese cuerpo que arremete y pechea como gallo de pelea con cada palabra, en esa voz tan parecida a la del estereotipo de mujer malvada de Disney, como la guapísima Maléfica cuando pierde poderes.

Uno de los finalistas de los premios a la creatividad empresarial que entregará la próxima semana la Universidad Peruana de Ciencias Aplicadas es la empresa petrolera argentina Pluspetrol. La distinción tiene que ver con el trabajo de Pluspetrol en Camisea, la selva sur, región Cusco.

Hace un par de días fui etiquetada en el Twitter por el señor Sergio Burga Álvarez, quien adjuntó un link con una investigación sobre homosexualidad: basada en sus propios estudios, la sicóloga Lisa Diamond afirma que no se nace gay. Sergio Burga escribió, burlándose de mi orientación, en tono de triunfo, que yo podía “volver a ser heterosexual”. Yo misma soy de la idea de que la homosexualidad puede ser, y muchas veces es, una opción, y que el argumento para defender nuestros derechos jamás debería ser “no es mi culpa, así nací”, porque plantea una compasión innecesaria, ya que las libres opciones también se protegen con leyes… de modo que el supuesto descubrimiento de Diamond debería tenernos sin cuidado. Sin embargo respondí el tuit de Burga con palabras muy fuertes, porque me indignó su motivación, absolutamente violenta. Pero él continuó atacándome y me ofreció presentarme a un tal Everardo Martínez para que me “reoriente”, un sicólogo mexicano mercachifle que publica videos en YouTube explicando cómo “derrotar” la homosexualidad.

Las Bambas. Temas que se ponen de moda durante unos meses y luego vuelven al olvido. Los conflictos mineros necesitan una comprensión más profunda. Estuve en esa zona hace un año, cuando empezaron las protestas contra lo que los campesinos consideran una falta de información sobre los cambios en el estudio de impacto ambiental de la minera MMG. Los detalles los podemos leer en uno y otro link: los muertos, el impacto que temen los campesinos de Cotabambas y Grau en sus tierras y aguas, el crecimiento efímero de Chalhuahuacho, un pueblo que obtuvo 18 mil puestos de trabajo cuando se inició la construcción de la mina y que ahora solo tiene 4 mil. Lo insostenible que es ese “progreso”, a costa del empleo no calificado, avalado por la ausencia del Estado, que delega el urgente desarrollo de Apurímac a una minera china.

“Señor Vargas, ya que habla de cuestiones personales, usted mismo admitió haber tenido una experiencia juvenil de consumo de drogas. ¡Eso es gravísimo!”. Con estos gritos, hace 26 años, Alberto Fujimori intentaba traerse abajo la candidatura del hoy premio Nobel de Literatura Mario Vargas Llosa. Era el debate presidencial de 1990 y lo logró. Vargas Llosa, como escritor, efectivamente había admitido haber fumado marihuana alguna vez. Lo que sigue es predecible en esta aldea tercermundista y presta al linchamiento moral en nombre del “buenismo”. La turba indecisa se escandalizó y –al margen de que la aventura política del escritor fuera o no un desacierto, que sin duda lo fue– terminó de empujarlo al abismo, eligiendo a quien entonces se vendía como guardián de la moral, la honestidad, el trabajo y blah blah… el hoy encarcelado ex presidente Fujimori.

Soy mujer y he nacido en el Perú, de modo que conozco perfectamente el acoso. Estoy por estos días en Berlín y admiro la libertad con la que se expresan aquí y cómo una historia vergonzosa de persecución racial ha derivado, por contraposición y saludable culpa, en la sociedad más tolerante del mundo. Aquí nadie te señala por lo que dices, vistes o haces, a menos que eso discrimine y ofenda. Aun así, me cuentan los berlineses, el concepto de tolerancia se ha ido a un extremo tal, que algunas comunas empiezan a prohibir las playas de nudistas por tratarse de una costumbre que ofende a los musulmanes. Y este es el punto que todos debemos lamentar: esa necesidad de seguir al pie de la letra una premisa como la tolerancia, al punto que hay que tolerar, también, el fanatismo del vecino.

Una insólita protesta de taxistas, contra el servicio de Uber, se llevó a cabo la semana pasada en Lima. La poco original iniciativa pretende imitar a otras que se realizan en países con regulaciones muy exigentes, diametralmente opuestas a nuestro sistema, en el que ni siquiera hemos tenido a un alcalde con agallas para establecer la obligatoriedad de usar taxímetros y terminar con la especulación.

El 14 de agosto de 1985, 25 soldados de la patrulla militar Lince 7, a la orden del subteniente Hurtado Hurtado y del teniente Rivera Rondón, llegaron a Llocllapampa, anexo de Accomarca, en Ayacucho, y reunieron a los pobladores en la plaza del pueblo. Luego violaron a todas las mujeres y mataron a todos los pobladores: les dispararon, les arrojaron granadas y prendieron fuego a las casas con ellos dentro. De las 69 víctimas ejecutadas, 30 eran niños, 27 mujeres y 12 hombres. Tres de las mujeres estaban embarazadas y también fueron violadas. La patrulla no obtuvo prueba alguna de los presuntos vínculos de las víctimas con el terrorismo.

Estamos, como de costumbre, enfrascados en discusiones inútiles sobre lo que opina la Iglesia de nuestras leyes. La Conferencia Episcopal Peruana le reclama al sistema de justicia por la medida cautelar que ordena al Estado distribuir la píldora del día siguiente de forma gratuita. Dicha píldora ya se vendía en farmacias para las mujeres que tuvieran dinero, y ahora el Estado la ofrece sin costo alguno, para las que no lo tienen. Enhorabuena.

El premier Fernando Zavala necesita el voto de confianza para que su gabinete empiece a trabajar. Un gabinete pensado para durar, en lo posible, los cinco años siguientes. Uno que tendrá errores y aciertos, como todos, pero que no quisiéramos cambiar cada medio año, como la carta de un restaurante de moda, pues necesitamos compromiso y continuidad. Al Congreso le toca dar el visto bueno. Zavala no tiene tiempo que perder. Después de una carrera profesional impecable, ha renunciado a un extraordinario puesto de trabajo para acudir al llamado del presidente Kuczynski y liderar la agenda ministerial. Su integridad no se vende.

En su libro Todos deberíamos ser feministas, la revolucionaria escritora nigeriana Chimamanda Ngozi afirma que todos tendríamos que estar rabiosos ante la injusticia de la violencia de género, y que la rabia tiene una larga historia de propiciar cambios positivos.

En la selva amazónica aprendí que un murciélago pequeño llamado vampiro puede transmitirte rabia tan solo mordiéndote un dedo del pie, cosa que tú puedes confundir con una picadura de zancudo. Nunca tuve esa desdicha pese a que dormía sin mosquitero, pero supe que si te transmiten rabia y no logras vacunarte morirás y que esa enfermedad nos enloquece en su última etapa. También me enseñó la selva que la alegría es un estado natural y que el dolor se vive, pero luego se bota. Por eso los chamanes escupen, soplan y cantan, por todo lo que hay que lanzar lejos de uno. Fuera.

Alberto Santana, conocido entre sus seguidores como Pastor Santana, ha sido denunciado penalmente por el Centro de Promoción de Derechos Sexuales y Reproductivos por haber declarado en mayo de este año que la homosexualidad es una aberración y que, si se legalizan los derechos de esa población luego se hará lo mismo con el crimen, el asesinato, la drogadicción y las violaciones. Esto lo dijo muy envalentonado el mismo día que la lideresa del fujimorismo firmaba un pacto con él, canjeando el apoyo electoral de la iglesia evangélica por el bloqueo de derechos a la población homosexual del Perú, sin calcular quizás que ese pacto no tendría el final esperado, pues sus votos no fueron suficientes para llevar a la lideresa de las alianzas extrañas al sillón presidencial.

Petroperú ha vuelto al ojo del huracán. El 24 de junio, un derrame de petróleo que salió del Oleoducto Norperuano (operado por la empresa estatal) contaminó el distrito de Barranca, en la provincia de Datem del Marañón (Loreto) con 600 barriles de petróleo. El desastre alertó al Ministerio del Ambiente porque, como este es el tercer derrame que se produce este año, el oleoducto se había paralizado y se supone que Petroperú no tenía permiso para bombear.

El Perú, país que exporta commodities (materias primas) sin transformarlas en productos de mayor valor por falta de tecnologías modernas y más rentables, tiene un promedio de 200 conflictos sociales por mes. Un 50% de estos suelen ser protestas ambientales. Durante todo el gobierno del presidente Ollanta Humala han muerto 90 personas y 2,367 resultaron heridas. Esto no es extraño si tenemos en cuenta el carácter traidor de la campaña de Humala en el 2011, ofreciendo a las zonas mineras priorizar el agua (agricultura) sobre el oro (minería). Humala supo aprovechar bien una desconfianza y rechazo que vienen desde la época del Virreinato, cuando Toledo obligó a las poblaciones andinas a abandonar la agricultura para esclavizarlas en la extracción de oro y plata, tesoros de los que solo se beneficiaba la corona española. Quinientos años después, la desconfianza es difícil de vencer y las protestas son cada vez más radicales, pues en el fondo no ha cambiado mucho ese sistema de explotación sin mayores beneficios para el dueño de la tierra.

Se les ha dicho terrucos, caviares, rojos, paranoicos. Se les ha acusado de insultar, de estar desesperados, de difamar, de convertir una campaña en una guerra sucia. De participar en marchas ridículas, vergonzosas, llenas de odio. Así se expresa buena parte de quienes este domingo ejercerán su derecho de votar. Pero todo eso se trata, quizás, más bien, del miedo, la indignación, la resistencia a olvidar.

Empecemos por lo más superficial: si buscamos en Google “Fujimori” y “narcotráfico”, encontraremos más de 600 mil resultados. Pero Google es lo de menos. Nos basta con la historia del Perú desde 1990 hasta la fecha. A inicios de los noventa, Demetrio Chávez ‘Vaticano’ enviaba cocaína al cartel de Medellín a cambio de pagarle 50 mil dólares mensuales a Montesinos. En 1999 el ex presidente colombiano Andrés Pastrana denunció que Fujimori y Montesinos usaron dinero del narcotráfico para comprar 50 mil fusiles jordanos y revenderlos a las FARC. En 2006 Keiko Fujimori, investigada por la prensa, admitió que el empresario pesquero Eudocio Martínez le había regalado 10 mil dólares para su campaña al Congreso. El detalle era que en 1993 se había descubierto un cargamento de 353 kilos de cocaína en un embarque de harina de pescado que el empresario pesquero iba a enviar a Colombia.

Nuestro sistema electoral está diseñado para que, al final, sintamos que nos metieron la yuca, casi siempre. Obligarnos a votar es ridículo y también es contraproducente que tengamos que esperar dos meses entre primera y segunda vuelta, pues eso da tiempo a una “sobrecampaña” que permite que los dos que han llegado a la semifinal sigan negociando lo innegociable, por cálculo político. Si tuviéramos que volver a votar a los 15 días de la primera vuelta, por ejemplo, no habría tiempo para pactos como los que ha hecho la señora Fujimori.

Una peruana en polleras y con sombrero de paja toquilla recibió, el lunes 18, el premio Goldman en San Francisco. Lo hizo cantando en castellano un yaraví, especie de lamento que suele entonarse en los andes peruanos. El canto de Máxima contaba una historia de dolor y guerra entre ella y el proyecto minero Conga, en Cajamarca. El público aplaudió de pie. Un orgullo para el Perú, como lo fue hace dos años cuando la asháninka Ruth Buendía Metsoquiari recibió el suyo, por organizar a su pueblo contra el narcoterrorismo y las gigantescas hidroeléctricas que se proyectan construir algún día en el río Ene, en el Vraem.

El mapa electoral de Ipsos al cierre de esta edición muestra que, salvo una Arequipa fan de Kuczynski y una Cajamarca que insiste en apoyar a Gregorio Santos, lo demás es obvio: todo el norte del Perú prefiere a Keiko Fujimori y toda la sierra sur está con Verónika Mendoza. Este escenario me recuerda al de hace cinco años, cuando la misma gente que hoy apoya a Mendoza elegía a Humala, candidatos que tienen en común haber prometido darle una vuelta de tuerca al modelo económico, aunque el actual presidente haya cambiado de ruta, acorralado por la Confiep apenas asumió el cargo.

Antes de que sea domingo y sepamos quién va contra quién en la próxima fecha, sin ningún sesgo –pues de política no vivo–, quisiera compartir lo que he visto sobre minería legal e ilegal, responsable e irresponsable, con licencia social y sin ella.

María Luisa, ¿quiénes son los Montesinos?, me preguntaba un amigo awajun hace casi 20 años, en Santa María de Nieva. Mi amigo no entendía por qué yo mencionaba esa palabra cada vez que hablaba de política. Era 1998 y en Santa María de Nieva –un pueblo de la selva de Amazonas sin carreteras, de unas 2,000 personas, rodeado de ríos y comunidades nativas– la gente estaba agradecida con el gobierno de Fujimori. Yo, que vivía allí totalmente al margen de las noticias del resto del país, pero viajaba a Lima unas tres veces al año, podía enterarme de los crímenes, desapariciones, esterilizaciones, robo, corrupción, tortura, prepotencia, cinismo, sobornos, malversación, amenazas, Fujimori, Montesinos…

Esta semana se celebró el día de la mujer y en las redes sociales se repetía una y otra vez la vulnerabilidad a la que estamos expuestas desde que nacemos, gracias a pedófilos, enfermos sexuales, abusadores y simples machistas. Nunca han abusado de mí físicamente y es algo que solo puedo agradecer ya que conozco a demasiadas mujeres que han sido víctimas de ese crimen. Y no bastan las estadísticas, pues ir a la comisaría a darle detalles a un policía machista es lo último que necesita una mujer violada, de modo que se entiende que muy pocas lo hagan.

En las últimas semanas hemos sido testigos de más de un impacto brutal por los derrames ocurridos en el Oleoducto Nor Peruano, uno en el río Chiriaco, en Bagua, y el otro en el Morona, en Loreto. Las imágenes son angustiantes. Una mujer awajun grita desesperada, pidiendo ayuda, preguntándose, o preguntándonos: qué van a comer, qué agua van a usar para tomar y cocinar, quién los va a curar pues se están enfermando. Y no exagera, tuve la suerte de trabajar varios años con los awajun, gente que depende de los ríos para vivir, y contaminar sus aguas con esa especie de brea espesa es mortal, porque efectivamente viven de ellas, pues el Estado no los atiende con servicios básicos y lo único que tienen es el bosque y sus ríos. Ellos son quienes se manifestaron en el “Baguazo”, teniendo que escuchar del presidente de turno y hoy candidato, Alan García, que eran ciudadanos de “tercera categoría”. Por si fuera poco, un reportaje reciente de Cuarto poder pone en evidencia el peligro que corren los pobladores afectados, ocupándose de las labores de limpieza a cambio de muy poco dinero y sin equipos de seguridad, contratación informal y abusiva que involucra a niños.

Lo de estas elecciones es tan poco serio que ahora sí ya desconecté, solo entro al Twitter porque soy la troll oficial de César Acuña y de su asesor Luis Favre. Y sé perfectamente que no tengo suficiente audiencia para influir en los seguidores de ambos y además que el supuesto desprestigio juega más bien en contra, en un país donde los corruptos siempre tienen miles de simpatizantes. Pero lo hago por desahogo. Y también lo hago porque, más allá del plagio académico –que puede ser intrascendente y demasiado sofisticado para miles de electores que no tienen acceso a la educación superior– lo que me jode (perdonen la palabra) de Acuña y de su oscuro asesor es esa caradura que tienen para institucionalizar la mentira, el aquí no pasa nada. Qué talento.

En el 2012 pude cumplir mi sueño de ver delfines rosados en la selva porque la fundación de vida salvaje WWF me invitó a Güeppi. Tuvimos que viajar a Quito por avión y luego subirnos a un ómnibus interprovincial hacia la selva ecuatoriana de El Coca, para empezar a bajar por el río Napo, durante más de 12 horas, hasta territorio peruano. Si hacíamos el viaje desde Loreto hubiéramos tenido que tomar un bote durante siete días.

Nos encanta la peliculita. Ver series en las que el narcotráfico se pinta divertido, adrenalínico y sobre todo muy glamoroso, porque hay que ser bien capo, pues, para ganar tantísimo dinero sin mover un dedo, comprarte a quien te dé la gana y encima conseguir la solapada admiración de quien se sorprende con tus hazañas. Qué capo. Somos tan ligeritos con el tema que usamos esa palabra para designar al que la hace linda. Y así la foto de un onanista paquetero en sayonaras como Gerald Oropeza termina estampada en polos de Gamarra, porque es bien capo, pues. Y los medios no profundizan en el problemón del narcotráfico en el Perú, sino en la modelo que sale con él, los autos que maneja, los tonazos que organiza, la ropa que se pone, sus juguetes y sus fierros. Súper cool toda esa estética narco… Pero son tan poco hombres estos narcotraficantes, que siempre tienen a la mamá encima, y eso se ve en las series sobre la vida de Pablo Escobar, en el protagonismo de la madre de Oropeza, en el ridículo chat de ‘El Chapo’ Guzmán escribiéndole a Kate del Castillo “le vas a encantar a mi mamá”. Psicópatas engreídos y ególatras, asesinos sin remordimiento apañados por sus viejitas, a quienes defienden a capa y espada pero a la primera que se ven contra la pared las venden, porque solo son capaces de salvar su propio pellejo… los muy capos.

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