23.MAR Jueves, 2017
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LA PORTADA DE HOY

Esperanza y tragedia

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Columna Juan José Garrido

Ayer le tocó de nuevo al norte; Piura y Trujillo reciben los embates de El Niño, y la destrucción de infraestructura y las pérdidas de vidas siguen acumulándose. Para esta semana se esperan nuevas lluvias en Lima, capital y residencia de casi 10 millones de peruanos. Las cosas siguen poniéndose feas, y la pregunta es cuándo acabará este fenómeno climático y cuál será el balance final post-Niño.

Leo algunas críticas en redes a un medio local por publicar una encuesta presidencial en medio de esta tragedia. Es un tema, sin duda, polémico, en momentos muy duros para todos, y cuando uno debe pensar ante todo en el país, en brindar ánimos, en apoyar al gobierno en su tarea diaria; en otras palabras, en hacer las cosas más fáciles para todos.

Como sabemos, el gobierno ha decidido implementar la figura del “zar” para la reconstrucción del Perú. Antes de definir el “quién” primero, obviamente, tenemos que esperar a que termine esta tragedia climática. Caída la última gota, se podrá hacer, recién, el primer balance de este Niño costero que va dejando decenas de muertos, miles de damnificados y miles de millones de soles de infraestructura dañada.

La magnitud del desastre es inmensurable. Todo apunta, además, a que tenemos para unas semanas más. El gobierno se desplaza por todo el país, políticos de todas las tendencias se trasladan de aquí para allá, empresas y personas donan y apoyan con lo que pueden.

La inclemencia con la que la naturaleza nos golpea llama a una explicación formal. Muchos de ustedes, al igual que yo, habrán recibido en estos últimos días múltiples cadenas de oración, señales de que los dioses no andan muy contentos con nuestras decisiones. Otros, menos creyentes, entenderán esta violencia natural como parte del proceso del calentamiento global.

Gobierno. Si bien es cierto que les tomó unos días ponerse las pilas, como se dice, y actuar, pues los últimos días han demostrado que el sentido de urgencia, de organización y enfoque son parte de su bagaje gestor. El día miércoles, por la mañana, aún se notaba cierta desorientación, por decirlo de un modo, ante los desastres que ya se hacían evidentes en el norte del país; durante el día, y mientras escalaba la tragedia en Lima, pues algo cambió. No sabemos qué, pero fue notable si comparamos el actuar 24 horas después: un ministro en el COEN, tantos otros desplegados en distintos puntos del país, una comisión del Congreso acompañando de cerca, los organismos actuando e informando, y así. Algo cambió y para muy bien. Enhorabuena.

Exageradas, por decir lo menos, las reacciones del gobierno ante la solicitud de distintos sectores de abortar la producción de los Juegos Panamericanos. Las destempladas quejas del congresista Sheput, por ejemplo, ante una opinión del presidente de Confiep, Roque Benavides, son sinónimo de intolerancia, cansancio y falta de ideas.

Una verdadera demostración de madurez y altura política es la decisión adoptada anoche por el Congreso al suspender la interpelación (programada para hoy) al ministro Martín Vizcarra.

Como hemos comentado en días recientes, es imprescindible proteger al entorno presidencial, el cual incluye –por supuesto– al vicepresidente Martín Vizcarra. Se entiende la buena voluntad inicial: un ingeniero y empresario exitoso, conocedor de la problemática regional (como gobernador de Moquegua), que se expresa y comunica bien, pues podía perfectamente asumir una cartera como la de Transportes y Comunicaciones. De hecho, pudo ser casi cualquier otra.

Hasta la semana pasada, la renuncia del ministro Martín Vizcarra, quien también es vicepresidente de la República, se pudo manejar de otra manera; más aún si, como tantas voces sostienen, él tuvo la lucidez de entender la importancia de dicha movida.

Todos los contratos realizados durante el gobierno del Sr. Humala (y la Sra. Heredia) debieron ser revisados desde el primer día de la administración ppkausa. Se les dijo de mil maneras, antes de asumir el gobierno y después. Hoy, pasados ocho meses de gestión, vemos las consecuencias.

Lo negaron de mil maneras. Grandes titulares en diarios, notas en revistas, decenas de columnas. No existe la tan mencionada “ideología de género”; busquen en la malla curricular, no hay tal cosa, es una farsa. Y claro, como quienes están en la otra vereda son la derecha achorada y recalcitrante, que miente y demás, pues uno cree. O quiere creer.

Hagamos un recuento. El gobierno de PPK entró y, como cualquier gobierno, ganó cierta popularidad inmediata casi por inercia. Luego empezaron los problemas, unos producidos internamente, otros a consecuencia de la falta de previsión, y otros de pura mala suerte. Del 65% de setiembre al 30% de hoy, distintas explicaciones habrán para cada punto, pero se pueden resumir en lo obvio: este gobierno no está haciendo política.

Como era de esperarse, se aprobó la moción de interpelación al ministro de Transportes, Martín Vizcarra. El caso Chinchero y su adenda, como recordamos, se encuentra detrás de la misma, y si de números se trata, fueron 88 votos a favor y cinco (de seis) bancadas las que apoyaron.

Es increíble que este gobierno haya seguido con proyectos cuestionables como aquel de la refinería de Talara. Ahora nos enteramos de que Petroperú (nosotros, en otras palabras) se endeudará por US$3,000 millones para un proyecto que costará la friolera de US$5,400 millones (según los estimados).

De acuerdo a la última encuesta de Datum para Perú21 (marzo de 2017), se incrementa de 25% a 31% el segmento de la opinión pública que considera que los peruanos no son indiferentes a la corrupción. Un aumento importante (6 puntos), pero lo relevante es la diferencia: 64% cree que los peruanos son indiferentes ante la corrupción. Sin duda, el caso Lava Jato y Odebrecht está “sensibilizando” a la población; si del futuro se trata, apostaría que dicho porcentaje se incrementará mes a mes.

El presidente Pedro Pablo Kuczynski y su primer vicepresidente, Martín Vizcarra, denunciados por la Procuraduría; Ollanta Humala y su esposa, Nadine Heredia, son caseritos en la Fiscalía por múltiples investigaciones; Alejandro Toledo con orden de captura; Alan García denunciado ahora por la Procuraduría, y Keiko Fujimori investigada por la Fiscalía.

Tanto el pedido de investigación de la procuradora Ampuero, respecto del presidente Kuczynski, como el pedido del procurador Enco, respecto del vicepresidente Vizcarra, parecen desmedidos. Se basan en dichos, una foto, notas de sitios discutibles. Hace muy bien, por ello, el gobierno en cuestionar dichas iniciativas, más aún reconociéndoles la libertad de hacerlo (como hace la ministra Pérez Tello).

Siempre me ha llamado la atención la manera como muchos liberales en lo económico se oponen, y a veces fanáticamente, a las libertades sociales, culturales y/o sexuales. Digo, la libertad –al menos así la entiendo– debería ser una filosofía y práctica holística. Así como un liberal entiende que una persona actúa en el mejor de sus intereses (al comprar, vender, invertir o lo que sea) en el plano económico, porque solo él sabe qué es lo que más le conviene o gusta, pues es lo mismo en lo social (dónde vives, actúas, estudias, transitas, convives), cultural (qué escuchas, ves o disfrutas), y sexual (con quién te acuestas, de quién te enamoras).

Me pregunta un lector, con interés, dos cosas: primero, por qué les doy tanta importancia a las encuestas de opinión pública; segundo, por qué los medios hacemos encuestas mensuales (que, multiplicadas por los medios, son encuestas casi semanales), si en otros países las hacen cada tres o cuatro meses. Veamos.

Ayer, inaugurando las telecabinas en Kuélap, el presidente Kuczynski amenazó con hacer “cuestión de confianza” si el Congreso buscaba la censura del ministro de Transportes y primer vicepresidente, Martín Vizcarra. Valgan verdades, nadie entiende a qué responde tamaña sobrerreacción. Se entiende de algunas blogueras y trolles, pero no de un mandatario, y menos cuando las circunstancias ameritan otro tipo de práctica política.

Hace pocos días, durante la ceremonia de premiación al valiente agente policial Lorenzo Machaca, el presidente Pedro P. Kuczynski sostuvo que las mejores universidades del Perú son las estatales.

El martes por la tarde, ante la comisión Lava Jato, el abogado Juan Monroy soltó una bomba de varios megatones: el acta firmada por los miembros de Proinversión el 4 de agosto de 2005, la cual facultaba la firma del contrato de la carretera Interoceánica, contenía información equivocada (por no decir falsa). El Sr. Monroy dijo: “(El informe) debe haber sido entregado el 9 o 10 de agosto. Si allí esa acta dice que es el mismo 4, es una mentira”.

Primera. Ante las declaraciones del contralor Edgar Alarcón (en la entrevista a Mariella Balbi, publicada el domingo en Perú21) respecto a la adenda firmada con el consorcio Kuntur Wasi para el aeropuerto de Chinchero, el Ministerio de Transportes y Comunicaciones (MTC) ha suspendido la entrega de recursos mientras la Contraloría no emita su informe final. Esto, según informó el ministro Vizcarra, responsable del proyecto, “en aras de la transparencia del proyecto”.

La caída de 6 puntos en la aprobación del presidente Pedro P. Kuczynski, quien, según GfK, desciende al 29%, significa que la tendencia se mantiene firme, con lo cual es probable que estemos lejos de una estabilidad como la que todos esperamos. Seis puntos siempre serán importantes, pero es muy distinto cuando caes de un 62% (setiembre) a cuando decreces de 35%. Con esto, el mandatario suma una caída de 33 puntos en tan solo 5 meses, pero –más importante aun– un incremento de 41 puntos en la desaprobación nacional, predominantemente en los sectores populares (niveles socioeconómicos C, D y E).

En un reciente artículo publicado en el prestigioso Wall Street Journal sobre la visita del presidente Pedro P. Kuczynski al presidente de la súper potencia norteamericana, Donald Trump, resaltan unas palabras muy especiales del primero. “Creo que debemos abrir las puertas en el mundo, construir puentes, pero no quiero entrar en lo del muro con México”, sostuvo nuestro mandatario, para rematar: “Estamos interesados en el libre movimiento de personas legales y enfaticé eso al presidente Trump: preferimos los puentes a los muros”.

No sé en qué parte del corrupto culebrón del gobierno humalista se pierden algunos, pero vale la pena –una vez más– recordar ciertos hechos. Primero, la miríada de compras, contrataciones y demás usos de recursos públicos en medio de cuestionados procesos. Ante los cuestionamientos, el nacionalismo (sobre todo el presidente Humala y su esposa, la Sra. Heredia) siempre miró al costado, se hicieron los sordos y siguieron adelante. No tuvieron vergüenza cuando las portadas llamaban la atención, como en los casos Línea 2, Gasoducto del Sur, Pasaportes, Satélite y tantos otros.

A nadie puede llamarle la atención la confesión del ex directivo de Odebrecht, Jorge Barata, sobre la entrega de US$3 millones a la Sra. Heredia durante las elecciones de 2011. Por supuesto, lo que salga de la boca de dicho sujeto debe ser tamizado, a sabiendas de los intereses que la empresa mantiene en el Perú. Más aun cuando cuentan con un fiscal como Hamilton Castro que, lejos de ejercer presión sobre ellos, actúa casi como un socio estratégico.

La denuncia-portada, ayer, de Perú21. Como recordamos, desde el principio alertamos sobre ese repentino y dudoso interés del fiscal Hamilton Castro para asumir totalmente el caso Lava Jato y sus derivadas (Odebrecht, entre otros), después de tener parte del mismo por años y no mover un dedo. Cuestionamos, mientras otros medios aplaudían, la oscuridad con la cual se firmó ese supuesto “acuerdo” con la empresa (que luego nos enteraríamos que era un “preacuerdo”), mientras en otros países avanzaban con arrestos, allanamientos y congelamientos de cuentas.

En las sociedades avanzadas, las tragedias y los problemas se procesan de tal forma que, por un lado, se cumplan las normas (entre ellas, lograr justicia, por cierto) y, por otro, que se aprenda de lo ocurrido, minimizando así los riesgos de tropezar con la misma piedra.

Andrés Calderón, editor central de Opinión del diario El Comercio, se pregunta –en un muy interesante artículo– por qué las empresas no podrían financiar partidos políticos. Calderón, a la pregunta, responde que sí, y se basa en sólidos argumentos: primero, la libertad de una empresa de “expresarse” políticamente a favor de tal o cual candidato o partido; luego está la negación del dinero ilícito: que las empresas constituidas aporten a la política minimiza (por así decirlo) el dinero sucio que de otra manera llegaría a compensar la ausencia. Calderón remata exigiendo una mayor calidad institucional, de tal manera que dichos aportes no devengan en corruptelas, como las del caso Odebrecht.

Primero fue la queja sobre el modelo económico. En la línea retórica, las corruptelas de Odebrecht y otras empresas hubiesen sido imposibles sin la desregulación de los mercados, sin la prédica de “achicar” al Estado. La izquierda volvía así a uno de sus cuentos preferidos.

¡Hasta que por fin alguien lo dijo! “Basta de eufemismos, Venezuela no es una democracia”, señaló ayer el presidente argentino, Mauricio Macri, y vaya que no le falta razón. Claro, ya saldrá algún representante de la dictadura chavista a rasgarse las vestiduras, pero lo cierto es que hace mucho que Venezuela dejó de ser una democracia.

El road-show mediático del otro ex toledista (hoy ppkausa) Jorge Villacorta es más que llamativo. Primero, por la figura retórica que utiliza para el mismo: un supuesto fastidio, una rara incomodidad ante la presencia de la ministra Ana Romero en el gabinete Zavala. ¿La razón? Su conocida participación en la ONG del ex presidente Alejandro Toledo, hoy manchado por las relaciones con la constructora brasileña Odebrecht.

Durante años advertimos sobre las nocivas derivadas de la altísima polarización ideológica en la que vivimos. Por supuesto que la diversidad de ideas y reflexiones aportan a la vida política, económica, social y cultural de un país; pero cuando dichas ideas y reflexiones no están dirigidas a aportar sino a ganar espacios de poder (sean públicos o privados), pues la misma pasa de un gran aporte a una pesada tara. Impide la cooperación, la apertura, la producción de iniciativas, entre otros.

Uno. Está probado (sobre la base de confesiones y documentos) que la empresa Odebrecht sobornó a alguien para que le adjudicaran la carretera Interoceánica; sabemos, además, que la plata se transfirió a las cuentas del Sr. Maiman. Sabemos también que el Sr. Josef Maiman hizo compras de inmuebles en Perú a nombre de la Sra. Eva Fernenbug, suegra del ex presidente Alejandro Toledo. Este último dice que él no ha recibido ni un centavo de dichas coimas.

Como advertimos hace semanas, la izquierda política y mediática tratará de vender la idea de que, detrás de las corruptelas (casos Odebrecht y Lava Jato), se encuentra el sistema económico de libre mercado. Ayer, en un artículo ofensivo y de baja calaña, el sociólogo Nelson Manrique repite la monserga, olvidando –como hemos dicho antes– que la corruptela vino justamente del gobierno socialista de Lula y Dilma que ellos patrocinaban, a través de gobiernos que ellos apoyaron.

Vivimos tiempos complicados. Un caso de gigantesca corrupción público-privada se suma a un ambiente social harto de la impunidad; después de meses (incluso años) desde que se destaparan estos casos en la prensa, recién la Fiscalía saca las garras, pero vemos a los peces gordos aún disfrutando de su libertad. Peor aún, el caso contaminó espacios de confianza (medios e instituciones, entre otros), mientras las redes (donde la verdad y la mentira conviven sin signos distintivos) incrementan gratuitamente la crispación y desconfianza sobre todos.

La encuesta de Ipsos, publicada ayer por el diario El Comercio, confirma la tendencia decreciente de la popularidad del mandatario y del resto de la clase política. No se salva nadie. Y al estudiar las razones detrás de dicha caída, pues la opinión de la mayoría es tajante: la sensación de parálisis, de impunidad, de falta de acción a todo nivel, es abrumadora.

Hace unos días, en “¿Y Keiko?”, comenté los vaticinios de algunos fujimoristas sobre el futuro del gobierno ppkausa, y discutí sobre la idoneidad de este partido político para asumir y liderar, en dicha coyuntura (eventual y remota, por cierto), los destinos del país.

Que alguien se sienta sorprendido o defraudado por las corruptelas del ex presidente Alejandro Toledo significa que o bien sufre (o sufrió) de algún tipo de sesgo cognitivo (anclaje, percepción selectiva u otra), o bien estaba dispuesto a aceptar un grado de corrupción con tal de ver a sus enemigos ideológicos perseguidos y/o sepultados.

Para la Sra. Verónika Mendoza y otros miembros de la izquierda local, las corruptelas destapadas por el caso Lava Jato son culpa del sistema económico neoliberal.

La cuenta (una parodia, no oficial) de Twitter de Frank Underwood (aquel genial personaje de la serie “House of Cards”) le envió un mensaje al ex presidente Alejandro Toledo: “Qué desperdicio de talento… escoger el dinero sobre el poder (un error que casi todos cometen)”. Es verdad: para un verdadero animal político, el poder lo es todo y todo se debe rebajar ante él.

La solicitud de prisión preventiva contra el ex presidente Alejandro Toledo, emitida ayer por la Fiscalía, no es sino una vuelta de tuerca (de muchas que deberían venir) en esta maraña de corruptelas que presenciamos. Y es que, valgan verdades, no es para menos: las corruptelas que hemos soportado estos últimos años merecen una cacería hasta las últimas consecuencias.

Algunos fujimoristas vaticinan la caída de Pedro P. Kuczynski y una minoría cree que no llega ni a julio. Claro, lo dicen en voz baja, con cara de preocupación, pero en ellos se siente un tufo a revancha y hasta goce. A la propuesta, por supuesto, suman la derivada: “Solo Keiko Fujimori puede asumir este caos”.

Ante las denuncias –documentadas, hay que decirlo– contra el ex presidente Alejandro Toledo, pareciera que el refugio de la pareja Toledo-Karp ha sido el viejo dicho militar “la mejor defensa es el ataque”. Ayer, en sus redes sociales, le respondió al presidente Kuczynski, llamándolo lobbista y cerrando con una frase que será de antología “no me hagas hablar, porque sé lo que hiciste la última vez”.

El allanamiento e, imaginamos, próxima detención del ex presidente Alejandro Toledo no debe ser motivo de alegría sino, por el contrario, de absoluta desazón: es la clara prueba de que a la caída del fujimorato no hicimos nuestra tarea institucional. Si es cierto, como se ha reportado, que las delaciones premiadas del funcionario de Odebrecht Jorge Barata están detrás de la acción fiscal, pues deberíamos ver pronto similares acciones con otros ex presidentes, alcaldes, empresarios y funcionarios.

La encuesta de Datum, publicada ayer en este diario, presenta un panorama muy sombrío para el gobierno ppkausa. A la caída de casi 60 puntos en el índice de popularidad del presidente Pedro P. Kuczynski –en los últimos 5 meses– se suma la creciente desaprobación del premier Fernando Zavala, del vicepresidente Martín Vizcarra y del resto del Ejecutivo.

La popularidad del presidente Pedro P. Kuczynski cae, de acuerdo a la encuesta de Datum publicada hoy en Perú21, por quinto mes consecutivo: de aquel 65% que ostentaba en setiembre de 2016, hoy su popularidad se encuentra en 41% (cae 4 puntos en el último mes), en una tendencia claramente negativa. Su desaprobación crece simultáneamente y a una velocidad aterradora; mientras la aprobación cayó 24 puntos, la desaprobación pasó del 14% al 53% (¡casi 40 puntos en 6 meses!).

Nada cambia. Como todos los años, las lluvias traen huaicos y, como consecuencia, tragedias: muerte, hogares e infraestructura destruidos, enfermedades y violencia los días siguientes. Y como todos los años, la capacidad de prevención del Estado es casi nula, así como la asistencia limitada e inoportuna. Parménides, aquel filósofo de Elea, nos miraría embobado. “¡Ven! Ya les digo, las cosas no cambian!”.