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LA PORTADA DE HOY

¿Aló? ¿Aló?

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Columna Juan José Garrido

El lunes, en RPP, el periodista Aldo Mariátegui le reclamó al congresista Arana por su irracional postura antiminera y su corolario, el daño que la paralización de esta actividad le produce al país. “Yo lo único que le pido al congresista Marco Arana es que dejen de obstaculizar la inversión minera, porque, gracias a ellos, la inversión en este país se ha parado”, sostuvo. Arana respondió a esto con una acusación: “Bueno, tienes vínculos familiares con las mineras”. Léase, tú tienes intereses, vínculos que significan un conflicto de intereses.

Positiva, si se puede resumir en una palabra, la dinámica que se empieza a articular entre las fuerzas políticas que lideran el Ejecutivo (ppkausas) y el Legislativo (de mayoría fujimorista). Ha corrido mucha agua bajo el puente desde las elecciones de 2016 y, aunque por momentos se avizoraban problemas, la lógica empieza a hacer su trabajo: dos fuerzas que lideran poderes de semejante magnitud, trabajando en medio del desastre de El Niño y con un poco de buena voluntad, deben priorizar los espacios comunes, no la confrontación.

Una de las políticas públicas más impulsadas por el gobierno nacionalista de Ollanta Humala fue el famoso plan de “diversificación productiva”. En la mira de sus principales propulsores, la estructura económica del país se encontraba “concentrada” en los sectores primarios, sobre todo en aquellos extractivos (principalmente minería: cobre y oro).

Las congresistas de Fuerza Popular Úrsula Letona y Alejandra Aramayo han presentado, como sabemos, un proyecto de ley que busca –según consta en el titular– “proteger el derecho a la información” de los ciudadanos, limitando para ello la participación (sea como accio-nistas, directivos u otros) de personas condenadas por delitos de corrupción. Es decir, el proyecto de ley buscaría –en el mejor entendimiento del mismo– que aquellas personas que hayan sido condenadas por delitos de corrupción se mantengan alejadas de la línea editorial de un medio, permitiéndole a la ciudadanía recibir información independiente y objetiva.

Hasta el momento, las marchas de protesta en Venezuela van dejando un saldo de 21 muertos, centenares de heridos y, de acuerdo a la cadena de noticias, “un número indeterminado de detenidos” (aunque se calculan más de 600). El consenso de analistas sostiene que esto no puede continuar, que la caída del régimen esta cada vez más próxima, que los militares terminarán pasándose al lado correcto de la historia, que la economía sumirá al régimen en una crisis insoluble.

Ayer, en la ceremonia por el 20 aniversario de la operación antisubversiva Chavín de Huántar, el presidente Pedro Pablo Kuczynski saludó a la lideresa de Fuerza Popular, Keiko Fujimori, (aunque a través de una identificación, por decir lo menos, curiosa) y solicitó “voltear la página” –imagino– por el bien del Perú.

Frederic Bastiat, legislador y economista francés, sostenía en un texto de 1850 que peor que la ausencia de ley (anomia) es que la misma se pervierta; léase, que la ley no sirva a la legítima defensa de la sociedad y los individuos, sino que les sirva a aquellos que pervierten las reglas y al sistema. Eso es exactamente lo que estamos sufriendo los peruanos.

La Sala Penal Nacional de Apelaciones revocó ayer las medidas restrictivas impuestas por el juez Richard Concepción a la Sra. Nadine Heredia (y familiares y amigos) por los distintos casos que se le siguen. La medida se sustenta, en resumen, en la buena conducta de la Sra. Heredia a lo largo de estos meses. Así, como leen.

Después de escuchar al presidente del Poder Judicial, Duberlí Rodríguez, y la pasividad con la cual actúa la Fiscalía nacional, queda claro que los corruptos deben estar más que tranquilos, si no riéndose e imaginando en qué gastarán –muy pronto– el dinero mal habido, el saqueo a los bolsillos de todos los peruanos.

La reciente encuesta de IPSOS, publicada ayer en El Comercio, confirma la encuesta de Datum publicada hace una semana: la aprobación de la gestión del presidente Kuczynski se incrementa en 11 puntos, llegando al 43%. Por supuesto es una buena noticia, pero haría mal el Gobierno en creer que la misma se encuentra desligada de la tragedia reciente.

La amenaza que presenta la automatización de procesos, en general, dejó de ser un supuesto para convertirse en una realidad. Hoy, la robótica y los procesos computarizados están cambiando los modelos de negocios a lo largo de la cadena global de producción. Como bien sostienen Brynjolfsson y McAfee del MIT, luchar contra ello es una sandez: en dicha carrera, perdemos todos contra las máquinas. Es necesario, por el contrario, internalizar esta realidad y buscar espacios para aprovecharla.

Nuestra historia reciente es una plagada de políticos corruptos y organizaciones criminales. Los primeros, como sabemos, se hacen del poder para aprovecharlo en extremo: es un fast track de ascenso social, económico y político. Sin instituciones fuertes, capaces de hacerles frente, los políticos corruptos buscan cualquier puesto con capacidad de uso discriminado de fondos públicos para, desde ahí, hacerse de una bolsa de recursos y de un contingente de operadores políticos y mediáticos. Con ellos, el futuro está casi asegurado. No interesa tu pasado, o lo que se sepa por corrillos: algún partido te abrirá las puertas eventualmente y el cielo es el límite. Si eres lo suficientemente osado, hasta la Presidencia está al alcance de las manos.

Como sabemos, el Ejército norteamericano lanzó una bomba de gran impacto en la región noreste de Afganistán, cerca de la frontera con Pakistán, en lo que la Casa Blanca describe como una serie de túneles utilizados por el grupo terrorista Estado Islámico (ISIS, según sus siglas en inglés).

¿Qué espera la Fiscalía para pedir la detención preventiva del ex presidente Ollanta Humala, su esposa Nadine Heredia y aquellos responsables (el hermano Ilan, por ejemplo) del recibo y uso de los fondos provenientes de Odebrecht? ¿Qué espera, que se fuguen como la pareja Toledo-Karp?

Impresionante, por decir lo menos, la caída en la popularidad del alcalde de Lima, Luis Castañeda. Más aun si consideramos que hasta hace muy poco tiempo gozaba de una altísima aprobación bajo cualquier parámetro.

Uno. El importante incremento de la popularidad presidencial, de 10 puntos, según la encuesta publicada ayer en Perú21, es transversal a través de las áreas geográficas afectadas por los desastres (11 puntos en Lima y Callao, 15 puntos en la región norte, 7 puntos en la región sur y casi intacta en el centro). Como dijimos ayer, este rebote tiene más que ver con la desgracia y la oportuna reacción del gobierno, y menos que ver con una agenda política, razón por la cual en Palacio deben entender esta esperanza como una oportunidad, y no una tendencia de cómo será percibida la gestión.

Impresionante, por decir lo menos, la recuperación de 10 puntos en la aprobación del presidente Pedro Pablo Kuczynski (Datum, abril 2017). Desde el cambio de tendencia, en setiembre pasado, la popularidad del mandatario cayó 30 puntos para situarse en marzo en 35%.

Como cada año, el 5 de abril sirvió no solo para recordarnos la importancia de preservar el orden democrático sino, también, para compararnos (tanto como se utiliza, para quienes tienen memoria, el 3 de octubre). Sí, ya sabemos que las comparaciones son odiosas, pero hay un parteaguas en 1990, y si algo tuvo de positivo el golpe fue que entre las condiciones que se pusieron para su resolución se encontraba, en el epicentro, un cambio constitucional que se caía de maduro.

Como sabemos, en las primeras horas de ayer viernes (hora local), el gobierno del presidente norteamericano Donald Trump arremetió contra la base siria de al-Shayrat desde donde, según detalles de inteligencia, habrían despegado los aviones que descargaron las bombas químicas que horrorizaron al mundo entero el pasado martes 4. No solo la acción militar norteamericana es un parte-aguas en la relación del gigante norteamericano con la tragedia que vive Siria, sino también desde la retórica, clara, enérgica, del presidente Trump.

Un lector me pregunta, basado en mi columna de ayer (“De golpes”), sobre la mención a los 12 años que vivimos sin constitución durante la dictadura militar, dos cosas: ¿de dónde saco eso? y, si fuese verdad, ¿por qué nadie lo ha dicho o nadie habla de eso?

Importante condena, mayoritaria por cierto, por parte de la ciudadanía, medios y clase política al autogolpe perpetrado en 1992 por Alberto Fujimori. Notoria, por cierto, la crítica por parte de muchos fujimoristas; a diferencia de algunos albertistas, casi fanáticos, la mayoría se pronunció en contra del golpe, sin ambigüedades ni minimizando los hechos. Sobre esto, una reflexión.

El paso del tiempo suele facilitar los balances sobre eventos críticos. Conforme nos alejamos de lo ocurrido, la perspectiva se torna más amplia, las pasiones dejan espacio a la razón, y la cercanía o lejanía a ciertas posturas se vuelven menos necesarias.

Ayer, en la Comisión de Relaciones Exteriores del Congreso, los representantes del Frente Amplio se abstuvieron de votar a favor de una moción de orden del día que, en simple, llamaba al orden democrático en la hermana Venezuela.

Según los primeros datos oficiales, el oficialista Lenín Moreno habría ganado las elecciones ecuatorianas, manteniéndose así el régimen de Rafael Correa por un periodo adicional. Son malas noticias, sin duda; malas, al menos, para quien tiene a las instituciones y las libertades individuales por encima de todo. Y aunque la distancia es corta (al punto de que las primeras encuestas daban por ganador a Guillermo Lasso), nuestras democracias son un juego donde todo se lo lleva el ganador.

El Niño costero ha traído consigo destrucción, tragedia y sufrimiento. Pero ha producido, también, dos cosas muy importantes: primero, un importante sentido de conciencia y solidaridad, tanto de la opinión pública como de los partidos políticos. En segundo lugar, un golpe al plexo del Ejecutivo, haciéndoles despertar del letargo y obligándolos a actuar, permitiéndoles demostrar con ideas y acciones sus condiciones y capacidades.

Por la forma como la dictadura castro-chavista de Nicolás Maduro arremetió contra el poder legislativo venezolano, lo más probable es que se mantenga el statu quo por un tiempo sustancial; léase, que las facultades legislativas residan en el usurpador Tribunal Supremo de Justicia.

Lo de Venezuela estaba cantado, era un maldito anuncio escrito en luces de neón. Solo un ciego o, lo que es lo mismo, un ideologizado podía negarlo. Pero igual miraron al costado. Qué importaron las rupturas institucionales, que existieron por raudales; qué significaron la toma de los medios, el encierro de los opositores, el silencio ante los asesinatos y las atrocidades, la captura del poder militar y judicial, en fin, todo aquello que ocurre y pasa solo en una dictadura. No. Igual se hicieron los locos, minimizaron los embates, negaban lo evidente.

En entrevista al diario español El País, el fiscal Pablo Sánchez nos cuenta que la empresa Odebrecht ha dejado de colaborar con la justicia peruana, y así “estamos en un periodo de stand-by”. Anota que la empresa fue muy abierta al principio, pero que buscaba “un trato distinto” que les permitiera seguir funcionando. No solo Sánchez anota el cambio; medios que reciben información privilegiada del fiscal Hamilton Castro apuntan en la misma línea: si la sobrevivencia de la empresa está en juego, Odebrecht jugará distinto.

La visita del escritor Mario Vargas Llosa sirvió a muchos para auscultar, a través de la famosa pregunta de Zavalita, cuándo se jodió el Perú. La pregunta, tomada de manera literal, invita a una larga crítica sobre nuestras decisiones políticas, económicas, sociales y culturales; en fin, si uno empieza a enumerar las razones por las cuales el Perú está jodido, nos faltarán páginas y observaciones.

Uno. Para quien lleva a Piura en la sangre, son terribles y acogedoras las imágenes de la desgracia que –lamentablemente– pareciera no querer acabar. Hace una semana, cuando Lima sufría sus propios huaicos e inundaciones, nos era sencillo entender la desgracia de Piura, vivirla, sentirla. Hoy, que Lima se está secando, que las clases empezaron, que la ayuda es visible por doquier, Piura empieza a ser percibida como “el norte”. Cierto, el gobierno sigue diligente y enfocado, así como también muchos limeños movilizados vía redes y grupos de ayuda. Pero, por favor, no dejemos de sentir la desgracia de Piura como nuestra. Necesitan nuestra ayuda, por supuesto, pero debemos ir más allá. No podemos ir pensando en la reconstrucción en Lima mientras Piura se encuentra bajo un lodazal y en una situación caótica y trágica. Hablar de reconstrucción implica hacer un balance ex post; Piura no está en situación ex post, sino en plena tragedia. Tengamos más cuidado con el lenguaje, con los gestos y preocupémonos por ayudar hoy, en lo que se pueda.

El sábado 18 de marzo, el presidente Kuczynski sostuvo en un programa de América TV que estaban estudiando “crear una especie de zar de la reconstrucción”. Así, textual. Tanto, que a los pocos segundos acotó que no le gustaba el término “zar”, pero que la idea era encargarle a una persona la tarea de reconstrucción, con plenos poderes y que unifique a la administración detrás de él. Adelantó, además, que ya tenían un perfil: “el zar que estamos pensando nombrar es del sector público”.

Desastres como el que vivimos, en estas semanas, nos recuerdan nuestra cruda realidad. ¿Pudo ser distinto? Por supuesto. Si uno revisa la historia reciente de los países ricos y pobres, encontrará que las diferencias se producen, sobre todo, en los últimos 100 a 150 años.

Las congresistas fujimoristas Úrsula Letona y Alejandra Aramayo presentaron, hace unos días, el proyecto de ley 1027 que dice proteger la libertad y el derecho a la información de los ciudadanos, pero que en verdad parece una coacción abierta a la misma, a través de limitar la libertad de prensa.

Si bien estamos aún lejos de ver lo último de este desastre natural, podemos ir contabilizando la magnitud del reto por delante. Serán miles de kilómetros de vías por reconstruir, centenares de puentes, colegios, postas y demás entre infraestructura y servicios públicos, más allá de las desgracias familiares y empresariales (casas, pequeños negocios, etcétera).

Ayer le tocó de nuevo al norte; Piura y Trujillo reciben los embates de El Niño, y la destrucción de infraestructura y las pérdidas de vidas siguen acumulándose. Para esta semana se esperan nuevas lluvias en Lima, capital y residencia de casi 10 millones de peruanos. Las cosas siguen poniéndose feas, y la pregunta es cuándo acabará este fenómeno climático y cuál será el balance final post-Niño.

Leo algunas críticas en redes a un medio local por publicar una encuesta presidencial en medio de esta tragedia. Es un tema, sin duda, polémico, en momentos muy duros para todos, y cuando uno debe pensar ante todo en el país, en brindar ánimos, en apoyar al gobierno en su tarea diaria; en otras palabras, en hacer las cosas más fáciles para todos.

Como sabemos, el gobierno ha decidido implementar la figura del “zar” para la reconstrucción del Perú. Antes de definir el “quién” primero, obviamente, tenemos que esperar a que termine esta tragedia climática. Caída la última gota, se podrá hacer, recién, el primer balance de este Niño costero que va dejando decenas de muertos, miles de damnificados y miles de millones de soles de infraestructura dañada.

La magnitud del desastre es inmensurable. Todo apunta, además, a que tenemos para unas semanas más. El gobierno se desplaza por todo el país, políticos de todas las tendencias se trasladan de aquí para allá, empresas y personas donan y apoyan con lo que pueden.

La inclemencia con la que la naturaleza nos golpea llama a una explicación formal. Muchos de ustedes, al igual que yo, habrán recibido en estos últimos días múltiples cadenas de oración, señales de que los dioses no andan muy contentos con nuestras decisiones. Otros, menos creyentes, entenderán esta violencia natural como parte del proceso del calentamiento global.

Gobierno. Si bien es cierto que les tomó unos días ponerse las pilas, como se dice, y actuar, pues los últimos días han demostrado que el sentido de urgencia, de organización y enfoque son parte de su bagaje gestor. El día miércoles, por la mañana, aún se notaba cierta desorientación, por decirlo de un modo, ante los desastres que ya se hacían evidentes en el norte del país; durante el día, y mientras escalaba la tragedia en Lima, pues algo cambió. No sabemos qué, pero fue notable si comparamos el actuar 24 horas después: un ministro en el COEN, tantos otros desplegados en distintos puntos del país, una comisión del Congreso acompañando de cerca, los organismos actuando e informando, y así. Algo cambió y para muy bien. Enhorabuena.

Exageradas, por decir lo menos, las reacciones del gobierno ante la solicitud de distintos sectores de abortar la producción de los Juegos Panamericanos. Las destempladas quejas del congresista Sheput, por ejemplo, ante una opinión del presidente de Confiep, Roque Benavides, son sinónimo de intolerancia, cansancio y falta de ideas.

Una verdadera demostración de madurez y altura política es la decisión adoptada anoche por el Congreso al suspender la interpelación (programada para hoy) al ministro Martín Vizcarra.

Como hemos comentado en días recientes, es imprescindible proteger al entorno presidencial, el cual incluye –por supuesto– al vicepresidente Martín Vizcarra. Se entiende la buena voluntad inicial: un ingeniero y empresario exitoso, conocedor de la problemática regional (como gobernador de Moquegua), que se expresa y comunica bien, pues podía perfectamente asumir una cartera como la de Transportes y Comunicaciones. De hecho, pudo ser casi cualquier otra.

Hasta la semana pasada, la renuncia del ministro Martín Vizcarra, quien también es vicepresidente de la República, se pudo manejar de otra manera; más aún si, como tantas voces sostienen, él tuvo la lucidez de entender la importancia de dicha movida.

Todos los contratos realizados durante el gobierno del Sr. Humala (y la Sra. Heredia) debieron ser revisados desde el primer día de la administración ppkausa. Se les dijo de mil maneras, antes de asumir el gobierno y después. Hoy, pasados ocho meses de gestión, vemos las consecuencias.

Lo negaron de mil maneras. Grandes titulares en diarios, notas en revistas, decenas de columnas. No existe la tan mencionada “ideología de género”; busquen en la malla curricular, no hay tal cosa, es una farsa. Y claro, como quienes están en la otra vereda son la derecha achorada y recalcitrante, que miente y demás, pues uno cree. O quiere creer.

Hagamos un recuento. El gobierno de PPK entró y, como cualquier gobierno, ganó cierta popularidad inmediata casi por inercia. Luego empezaron los problemas, unos producidos internamente, otros a consecuencia de la falta de previsión, y otros de pura mala suerte. Del 65% de setiembre al 30% de hoy, distintas explicaciones habrán para cada punto, pero se pueden resumir en lo obvio: este gobierno no está haciendo política.

Como era de esperarse, se aprobó la moción de interpelación al ministro de Transportes, Martín Vizcarra. El caso Chinchero y su adenda, como recordamos, se encuentra detrás de la misma, y si de números se trata, fueron 88 votos a favor y cinco (de seis) bancadas las que apoyaron.

Es increíble que este gobierno haya seguido con proyectos cuestionables como aquel de la refinería de Talara. Ahora nos enteramos de que Petroperú (nosotros, en otras palabras) se endeudará por US$3,000 millones para un proyecto que costará la friolera de US$5,400 millones (según los estimados).

De acuerdo a la última encuesta de Datum para Perú21 (marzo de 2017), se incrementa de 25% a 31% el segmento de la opinión pública que considera que los peruanos no son indiferentes a la corrupción. Un aumento importante (6 puntos), pero lo relevante es la diferencia: 64% cree que los peruanos son indiferentes ante la corrupción. Sin duda, el caso Lava Jato y Odebrecht está “sensibilizando” a la población; si del futuro se trata, apostaría que dicho porcentaje se incrementará mes a mes.