El Presidente y su esposa bajaron 5 puntos en la última encuesta de Ipsos, y dicen que fue por querer comprar Repsol, y apoyar a Maduro. Y debe ser cierto. Pero hay algo más.
Siendo las encuestas un instrumento sumamente útil para el análisis político y social, suelen convertirse –lamentablemente– en origen de extraños comportamientos y apresuradas ilusiones.
¿Qué mensaje le envío Ollanta Humala a Nicolás Maduro que le satisfizo tanto como para voltear la página rápidamente?, ¿Humala se reafirmó en la posición de su canciller sobre Venezuela?, ¿le pidió a Maduro que cumpla con recontar los votos y establecer el diálogo con la oposición?, o, en cambio, ¿le pidió disculpas?, ¿le prometió que el canciller no volvería a tratar el tema?
Tome la decisión que tome con relación a los activos de Repsol, el Gobierno ya se ha hecho mucho daño y, principalmente, se lo ha hecho al país. Y no solo por la intención misma, sino por la falta de transparencia y consecuencia con la que se vienen manejando estas negociaciones y evaluaciones técnicas, que hasta el momento no sabemos quienes las están haciendo.
Es verdad que el Presidente de la República dirige la política exterior del Perú. Lo señala la Constitución Política.
Las últimas amenazas, pedidos y sesiones de interpelación a los ministros del actual Gabinete nos han mostrado –una vez más– gran parte de las debilidades de los grupos llamados de oposición.
Las últimas semanas hemos sido testigos del enfrentamiento abierto entre el Gobierno y el Apra. Las próximas semanas escucharemos, seguramente, los reclamos del fujimorismo ante el rechazo del indulto.
¿Por qué el gobierno tiene esa actitud de confrontación con muchos sectores, que lo está llevando a un cierto aislamiento que no va a favorecer en nada al país?
El primer ministro Juan Jiménez ha endurecido su lenguaje y tiene expresiones muy duras contra quienes lo critican o contra quienes discrepan con él, mostrándose hosco y hostil, muchas veces sin razón ni sustento alguno.
El No le ganó al Sí, y Susana Villarán seguirá siendo la alcaldesa. Pero mal harían ella y su equipo al considerar esto como un triunfo. No puede serlo cuando casi la mitad de Lima quiso que dejara el cargo.
Ayer se difundieron las últimas encuestas que podían publicarse en este proceso de revocatoria. Los últimos resultados no han sido alentadores para el Sí. Y aunque falta una semana en la que muchas cosas podrían pasar, nos parece interesante hacernos dos preguntas, pertinentes en este último tramo.
Nadie puede dudar de la honestidad, sana intención, compromiso social, dedicación, apertura –aunque últimamente se ha visto mermada su tolerancia para recibir críticas y para tratar con personas que no piensan como él– y la caballerosidad del ministro Wilfredo Pedraza.
Lamentablemente el Gobierno actúa reaccionando a los hechos, y luego que las situaciones límite se lo exigen.
En esta campaña por la revocatoria de la alcaldesa Susana Villarán no hemos tenido la oportunidad de tener hasta el momento ningún debate político entre el SÍ y el NO que nos permita conocer y contrastar argumentos sólidos y válidos.
Durante las próximas cuatro semanas, los limeños viviremos inundados de encuestas, de declaraciones y de propaganda a favor y en contra del SÍ y del NO, y de denuncias y retos para los debates, en medio de un clima cada vez más sofocante y de un ambiente político cada vez más caliente.
Usualmente, los tres primeros meses del año solían ser bastante tranquilos, debido a que muchos aprovechaban los meses de vacaciones en la costa y de lluvias y festividades en la sierra para bajar las revoluciones de sus actividades y dedicarse más a temas personales o al descanso.
Los resultados de las últimas encuestas sobre la revocatoria, son muy poco alentadores para Susana Villarán. No solo ha subido 5% la desaprobación a su gestión y ha caído 5% la aprobación, sino que, además, se ha incrementado en 7% la adhesión al Sí.
El comunicado emitido ayer por Susana Villarán, a través del cual informa que ha decidido no brindar declaraciones públicas sobre temas vinculados al proceso de revocatoria cuando se encuentre desarrollando actividades propias de su condición de alcaldesa de Lima y utilizando recursos del Estado, pareciera reafirmar una tendencia a la victimización en esta parte del proceso.
Al cerrar la semana, dos decisiones políticas mantienen a los involucrados en el ojo de la tormenta y como principales protagonistas de los titulares de los medios.
Iniciamos un año que será políticamente complicado. Durante el 2013 se tomarán varias decisiones que no serán fáciles.
Difícil situación en la que se han puesto todos los congresistas, incluida la ministra de la Mujer, por no haber hecho las cosas bien.
El equipo peruano ante La Haya –que no es lo mismo que el actual Ministerio de Relaciones Exteriores– le ha dejado la valla bien alta al presidente de la República, al mismo canciller, y a la Cancillería en general.
La Primera Dama, Nadine Heredia –con las ministras mujeres del Gabinete, Trivelli y Triveño–, y el Primer Ministro, Juan Jiménez, le han dado a conocer a todos los peruanos –en los hechos y con un ejemplo vivo– la nueva política del Gobierno sobre la violencia contra la mujer.
¿Con qué autoridad moral el actual ministro de Trabajo podrá exigirle –o si quiera pedirle– a cualquier huelguista que no recurra a la violencia, si él mismo agredió verbal y físicamente a una dama que cumplía con su trabajo, amenazó a trabajadores y trató de violentar los accesos en un aeropuerto?
El Gobierno está envuelto en varios temas políticos controversiales como la solicitud de indulto a Fujimori, el constante traslado de Antauro Humala, la supuesta candidatura de la Primera Dama, el avance del Movadef, entre otros.
A pesar de que la población está de acuerdo con el cierre de La Parada, así como con la reforma en el transporte, un 65% de los encuestados por Ipsos Apoyo cree que Susana Villarán debería dejar el cargo de Alcaldesa de Lima.
La solicitud presentada por los Fujimori ya no es solo el inicio de un controvertido procedimiento que busca la libertad del ex presidente.
De una día para otro pasamos de las peores noticias a los titulares de triunfo. La tragedia se convirtió en victoria.
Resulta difícil saber, hasta este momento, por qué razón el presidente de la República, Ollanta Humala, prácticamente “apuró” a la familia Fujimori para que presente la solicitud del indulto para el expresidente.
Tal parece que el presidente Ollanta Humala ha querido demostrar que él es quien lleva las riendas del Ejecutivo, pero, lamentablemente, en su intento ha mostrado que todavía son muy pocas las cosas que tiene claras.
Resulta comprensible que un ex militar defienda sin reservas la actuación de las Fuerzas Armadas en el VRAEM; pero no se entiende que un presidente, político, que dice defender a los más pobres, que vivió en carne propia el papelón de la Operación Libertad, y que ya conoce del asesinato de una menor de 8 años, critique a los políticos y a quienes cuestionan los errores que cometen quienes dirigen y quienes quieren utilizar a las Fuerzas Armadas.
Quizás ese sea el verdadero problema del presidente Ollanta Humala, que no sabe por qué lo critican. Si lo supiera, podría empezar a desplegar sus esfuerzos en hacer aquello que el país está necesitando con urgencia para no perder ese impulso que hoy tiene.
De nada ha servido que el Primer Ministro haya acompañado al Gobierno en toda la gestión; que haya marcado distancia de la gestión de Óscar Valdés; que hayan “refundado” la Oficina de Gestión de Conflictos Sociales de la PCM; que hayan nombrado un Alto Comisionado para el Diálogo; que se haya gritado a los cuatro vientos que ahora sí se iba a privilegiar el diálogo.
Decir que hay un cargamontón contra el Gobierno no es lo más acertado en este momento, a no ser que quien ha señalado esto se esté refiriendo únicamente a la ofensiva de los miembros de la familia Humala-Tasso contra la familia Humala-Heredia y contra los miembros del Ejecutivo.
Hoy se presenta el Gabinete Jiménez al Congreso a buscar un voto de confianza que se da por descontado que le será otorgado. El reto, por tanto, no será el de convencer a los parlamentarios. Hay una tarea mayor, que es la de convencer a la población de que esta nueva gestión tiene la capacidad y creatividad como para hacer algo distinto y mejor a lo hecho por los gabinetes Lerner y Valdés.
Varios gobiernos han intentado reformar las Fuerzas Armadas (FF.AA.) y la Policía Nacional del Perú (PNP), pero todos estos esfuerzos han terminado, por temor y por intereses poco claros, en reestructuraciones parciales y cambios cosméticos.
Las mejores pruebas de que el Ejecutivo anda sin rumbo claro y sin manejo político son: la decisión de prorrogar por 30 días más el estado de emergencia en tres provincias de Cajamarca; y el mal manejo que se viene haciendo de la anunciada nueva ley sobre el magisterio.
Si hiciéramos un repaso tratando de encontrar la reforma o la obra más importante que se haya hecho en cada ministerio durante este primer año de gobierno, nos encontraríamos con muy poco.
Era previsible que el presidente pusiera de relieve los programas que fueron el eje de su campaña, pero el país esperaba mucho más.
El presidente ha pedido una nueva oportunidad para hacerse confiable. ¿Este pedido llega luego de un buen análisis y autocrítica en el Gobierno sobre lo bueno, lo malo, y lo feo; con un decidido propósito de enmienda?.
Después de Quellaveco ha quedado claro que el Gobierno equivocó la manera de enfrentar los conflictos en Cajamarca y en Espinar. Cierto es que la posición de Vizcarra no es la misma que la de Santos o Mollohuanca, y que hablar de Angloamerican no es como hablar de Yanacocha, pero la verdad es que el Ejecutivo no tuvo la capacidad de diseñar una estrategia y manejar un perfil adecuados para cada caso.
No sabemos a ciencia cierta cuál es el pedido que el Presidente Humala le hizo a Monseñor Cabrejos –porque sería ingenuo creer que no hubo una conversación previa a la aceptación del encargo–, pero lo concreto es que la tarea no será nada fácil.
El mejor momento para realizar reformas profundas desde el Gobierno es durante el primer año, porque se tiene buen respaldo popular, porque la población está ansiosa por ver cambios reales que la beneficien, porque la oposición es débil, y porque la distancia con el próximo proceso electoral ofrece un buen espacio para restablecer la relación con el electorado, si fuera necesario.
¿Era necesario un nuevo Mensaje a la Nación desde Palacio de Gobierno para darle luz verde al proyecto Conga?, ¿ha evaluado bien el Gobierno las consecuencias de una identificación total con el proyecto?, ¿no tiene problema el presidente que se le “etiquete” a él y a su administración con el membrete de Conga?
A raíz de las encuestas se dice que la caída en la aprobación del presidente Ollanta Humala es responsabilidad del primer ministro.
Ha hecho bien el Gobierno en plantear una evaluación ambiental en Espinar para despejar todas las dudas que existen con respecto a una posible contaminación.