28.JUL Jueves, 2016
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LA PORTADA DE HOY

Trazó la ruta

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Columna Enrique Castillo

El presidente del JNE, Francisco Távara –sí, el mismo que tuvo una deplorable actuación al frente de un organismo que generó todo tipo de críticas, dudas y sospechas en estas últimas elecciones–, ha salido con una declaración que resulta lamentable y hasta ofensiva, viniendo de quien debería fomentar la cultura democrática en el país.

De todos los ministerios que conforman el Ejecutivo, el del Interior es el más difícil, complejo, caótico, y seguramente frustrante.

Si se confirma, es una muy buena noticia que el presidente electo, Pedro Pablo Kuczynski, piense en designar como ministro de Relaciones Exteriores a un diplomático de carrera. Se necesita a alguien que regrese Torre Tagle a un buen rumbo, y que asesore adecuada, prudente y profesionalmente al presidente de la República.

Si el actual ministro de Educación, Jaime Saavedra, quiere seguir como titular de esa cartera en el próximo gobierno, debe decirle claramente al país si apoya a su actual compañero de gabinete, el ministro de Defensa, en su denuncia por traición a la patria contra los periodistas del programa Panorama, o si rechaza y no está de acuerdo con esa desproporcionada, gravísima y sospechosa denuncia, que más que el cumplimiento de la ley, parece una venganza del actual gobierno, y un burdo intento de amedrentamiento y silenciamiento.

Si PPK, cualquiera de sus vicepresidentes o su próximo ministro de Economía –que estuvieron en el Cusco– hubieran ido al multitudinario Congreso de la Asociación de Municipalidades del Perú, desarrollado el sábado en la Ciudad Imperial para escuchar a los alcaldes (provinciales, pero principalmente distritales de los municipios urbanos y rurales del interior del país), quizás pensarían mejor lo de la creación del Ministerio de Apoyo a las Regiones, y habrían escuchado al verdadero Perú profundo.

Luego de los resultados electorales, corren los días de la preparación de un nuevo gobierno que tiene ante sí varios retos importantes.

Ratificado el triunfo electoral de PPK, se abre el siguiente capítulo: conformar el equipo ministerial.

Las cifras que hasta anoche se mostraron no dan como para ser categóricos. Dan para ser prudentes y obligan a esperar hasta el resultado oficial de la ONPE. Pero nos permiten hacer algunos comentarios.

Estamos exactamente a 6 días de la elección en segunda vuelta, y solo algunos privilegiados sabrán durante los próximos días cuál ha sido el impacto del debate en las preferencias del electorado. Porque encuestas habrá, pero no podrán ser publicadas ni difundidas.

En los últimos procesos electorales la mayoría de peruanos fue a votar en cada segunda vuelta por el candidato que representaba el mal menor. Así, se optó por la resignación más que por la esperanza, por el conformismo más que por el cambio. Pero con convicción.

La violencia y la inseguridad serán los primeros problemas que tendrá que empezar a resolver el nuevo gobierno. Su verdadera oposición será la delincuencia, que ya tomó las calles y arrinconó a este gobierno, actuando con total libertad –por paradójico que suene–, impunidad y ferocidad.

¿El resultado de la segunda vuelta depende solamente de quitarle el norte a una o de arrebatarle el sur al otro?

No sabemos si Keiko y PPK son conscientes de lo que les espera luego de la segunda vuelta, si ganan. No sabemos si son conscientes de las consecuencias que van a generar con todo lo que vienen haciendo o dejando de hacer. Pero lo cierto es que todo lo que estamos viendo en esta segunda parte de la campaña no nos deja mucho espacio para el optimismo luego del 5 de junio.

¿Por qué razón se le va a permitir a una persona retirar su fondo solo cuando tiene enfermedad terminal comprobada?

Verónika Mendoza se encuentra en una situación muy incómoda y muy difícil. Para el Frente Amplio, durante la campaña para la primera vuelta, el fujimorismo ha sido la expresión de la dictadura y la corrupción; mientras que el pepekausismo ha sido la expresión del entreguismo y el lobbismo. Adicionalmente, ambos han sido para Verónika la misma cosa, el mismo sistema, el mismo modelo. ¿A quién apoyar ahora?

Los resultados de ayer nos traen algunas conclusiones:

El mal llamado debate fue una verdadera burla. Un muy mal formato y una pésima distribución de los tiempos hicieron que los moderadores hablen en más oportunidades y más tiempo que los candidatos a la presidencia, que era a quienes los peruanos realmente queríamos escuchar.

No sabemos por qué, pero el Jurado Nacional de Elecciones se ha dedicado a hacer política. Y con ello, ha enrarecido el proceso electoral hasta el extremo, haciendo que cada decisión y cada acción parezca sospechosa.

A veces las mismas encuestadoras se esmeran en darles la razón y argumentos a quienes las critican.

Lo más significativo de la encuesta de Ipsos de ayer es el empate de Verónika Mendoza y Alfredo Barnechea en el tercer lugar, frente a la exclusión de Julio Guzmán y César Acuña.

A 30 días de las elecciones generales no tenemos candidatos definitivos, ni para la presidencia de la República ni para el Congreso. Fina cortesía del Jurado Nacional de Elecciones y de sus diversas instancias.

Si hay una institución que ha generado la mayor incertidumbre y confusión en un proceso electoral en las últimas décadas, esa ha sido el Jurado Nacional de Elecciones (JNE) presidido por Francisco Távara, en sus distintos niveles e instancias.

Hay varias cosas que observar en la encuesta de Ipsos de ayer. Los errores de Keiko –que debió ofrecer disculpas a los arequipeños y reprender a sus dirigentes, y sus críticas a Acuña por lo del SIN– determinan su mayor caída en los últimos meses. La gente empieza a ver el lado malo del fujimorismo.

PPK va a tener que cambiar algo más que a su jefe de campaña y a sus asesores si quiere remontar en las encuestas.

Quizá estemos ante una de las campañas electorales más “planas” y más aburridas de las últimas décadas. No hay liderazgos que despierten entusiasmo, fervor, ilusión. No hay propuestas interesantes, planteamientos diferentes, ideas innovadoras, discursos audaces. Ni siquiera posiciones radicales que exijan un debate frontal.

Si hay alguien que debe estar feliz con todo lo que está pasando en la campaña, esa debe ser la primera dama. Nadie habla más de las agendas, de los peritajes, de las otras letras que aparecen ahí, de seguir la ruta del dinero, de los amigos y familiares involucrados, de Francia o Corea del Sur como destino. Ni siquiera se habla de Martín Belaunde Lossio. Si hasta parece que no existiera.

Los últimos acontecimientos en el nacionalismo –así como todo lo que sucedió en el Ejecutivo y en la relación con el Congreso durante los últimos cuatro años– han demostrado que la agrupación que llevó a Ollanta Humala al gobierno nunca fue un partido político, nunca fue una organización partidaria, nunca fue una institución con estructura. Fue un cascarón que sirvió solo para los propósitos personales de la pareja Humala, cualesquiera que estos hayan sido.

Pedro Pablo Kuczynski y Alan García tienen un problema que hasta ahora no pueden resolver. Y por eso no suben en las encuestas.

Al presidente no le importa, probablemente ni siquiera le preocupe, o quizás ni llegue a darse cuenta –su atención debe estar puesta en asuntos más urgentes y desesperantes para él–, pero lo que hace con sus ministros es realmente ofensivo.

El presidente y su esposa han manejado un lamentable y nocivo doble discurso durante este gobierno.

El ministro de Defensa de Chile ha dicho que La Yarada está en su territorio y que su gobierno va a controlar que eso sea así. Y la vicepresidenta del Congreso peruano señaló que esto es una provocación, y demandó que el Estado peruano tenga presencia física en la zona.

Corresponderá a los penalistas opinar si es justa y equilibrada la pena de seis años y ocho meses de prisión a la que ha sido condenada una ciudadana por agredir a un suboficial de la Policía Nacional del Perú.

Cuando se empezó a hablar de la posible alianza entre el Apra y el PPC, algunos congresistas pepecistas salieron a decir que si la alianza se concretaba, pedirían licencia.

¿Cuáles son los criterios con los que los candidatos hacen sus “jales” de campaña?, ¿qué es lo que realmente buscan cuando “barajan” los nombres?, ¿qué pretenden y qué logran cuando hacen el “anuncio”?

Desde hace mucho tiempo, las cifras de intención de voto de PPK estaban ya estancadas. No se movían. Y eran casi las mismas con las que terminó en el proceso electoral del año 2011.

Si Marisol Espinoza se hubiera propuesto hacer campaña electoral, quizá no le habría resultado tan positiva y favorable como la que le viene haciendo la pareja Humala desde hace buen tiempo.

Que la primera dama, Nadine Heredia, haya reconocido que las agendas son suyas –y, por lo tanto, gran parte o todo lo escrito en ellas también– permite afirmar con contundencia que todo lo que ella sostuvo en sus diferentes versiones –al estilo Toledo– no era verdad. Ella le mintió al país repetidas veces y de diferente manera.

¿Es una buena idea la alianza entre el PPC y el Apra? Si la intención es –como algunos señalan– asegurarse pasar la valla electoral, entonces quizá lo sea. Pero si lo que se quiere es sumar fuerzas para ganar la elección, entonces las cosas pueden ser diferentes.

Los que regresan o visitan el Perú por el aeropuerto Jorge Chávez tienen que pasar por el control de la Sunat. Y eso no debería ser ningún problema ni debería molestar a nadie. Sucede en todos los países del mundo.

El presidente de la República, Ollanta Humala, en su desesperación por defender a su esposa, ha dicho que le preocupa la inseguridad jurídica que pueden estar experimentando los ciudadanos de a pie, que a partir de ahora probablemente no haya el concepto de cosa decidida o cosa juzgada.

Nunca pensamos que el actual primer ministro era la solución a los problemas que permanentemente enfrenta este gobierno, porque –creemos– su lealtad a la pareja Humala y su “anti” son mucho más fuertes que su liderazgo y su capacidad para convencer a quienes manejan hoy el gobierno de que hay que tomar decisiones exactamente contrarias a las que se están tomando.

Nada está claro en el tema de los ascensos del Ejército. Y mientras muchas voces hablan de favoritismos, extrañas causalidades, promociones con suerte, designaciones con “tufillos montesinistas”, el ministro de Defensa, el primer ministro, y el presidente de la República niegan en todos los idiomas que haya habido irregularidades en el proceso. ¿Podía ser de otra manera?. No. Si es que todos ellos hubieran “cocinado” el asunto, lo van a negar siempre. Jamás lo van a admitir, aun si fuera cierto.

El descalabro de la bancada nacionalista en el Congreso, producido y alimentado permanentemente por el pésimo manejo político de la presidencia del partido oficialista, no cesa.

Está bien que el gobierno haya dado una serie de normas sobre seguridad ciudadana. Legislar para endurecer las penas o para establecer medidas que obliguen a que todos participen del esfuerzo siempre es bueno, aunque no necesariamente más eficaz.

El gobierno pide contribuir a fortalecer la confianza de la población en sus instituciones y respetar la autonomía de los poderes del Estado, sin intervenciones ni presiones. En el papel, esto suena muy bien. Pero hay que pedirle al gobierno que deje de ser el principal agente perturbador y generador de inestabilidad. Aquí solo tres recientes ejemplos.

Ojalá que la captura de Gerald Oropeza no haga que se baje la guardia o se le dé menos importancia al tema de la proliferación y comercialización de granadas de guerra.

La campaña Chapa tu Choro ha generado un gran revuelo en el país. Luego de que esta se hiciera pública tras su difusión inicial en redes sociales, mucho se ha escrito y dicho al respecto.

Al escuchar a Pedro Pablo Kuczynski recordábamos a Mario Vargas Llosa cuando, candidateando por el Fredemo, enfiló sus baterías contra la administración pública, y habló de reducir el Estado. Sus adversarios políticos “se lo comieron vivo”, y lo enfrentaron a una burocracia que se sintió con sus cosas en la calle.

Se equivoca Nadine Heredia si cree que a través de resoluciones judiciales va a lograr que se detenga toda la investigación que sobre ella existe.

Las múltiples denuncias y cuestionamientos que se hacen contra casi todos los voceados candidatos a la presidencia –y las que todavía faltan por hacerse– ponen a los electores en una situación muy particular. Si los nombres se mantienen, y la guerra de acusaciones se incrementa, podrían ser más las razones para no votar por alguno de ellos que los motivos para preferirlos.