30.MAR Jueves, 2017
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LA PORTADA DE HOY

Aportes fantasmas

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Columna Ariel Segal

El periodista Phillip Bu-tters recomendó en su artículo “El porta-aviones de Trump” (diario Expreso, 22-3-17) que el gobierno peruano debería solicitar ayuda inmediata a un portaviones estadounidense. Coincido plenamente con él.

El miércoles, los Países Bajos eligieron a sus representantes de la cámara baja. La mayoría de las noticias se refirieron a Holanda, la del sur y la del norte, las dos provincias más conocidas de las 12 que conforman a Nederlands.

En “el nombre de la democracia” no faltan gobiernos, como el de Putin, Chávez-Maduro o Robert Mugabe de Zimbabue, entre muchos otros, que están dispuestos a reprimir a los disidentes y copar las instituciones del Estado y perpetuarse en el poder a las malas.

El judaísmo tiene una obsesión con el recibimiento a los extranjeros: “Tratadlo como a uno de vosotros; amadlo pues es como vosotros. Además, vosotros fuisteis extranjeros en Egipto” (Levítico 19:33-34). Luego el cristianismo y el islam también adoptaron estos valores, pero, desde el punto de vista jurídico, fueron los griegos y romanos – bajo el concepto de civilidad (ser buenos ciudadanos)– los primeros en crear zonas de asilo cuyo territorio era inviolable y estaba prohibida la persecución.

A partir de 2008, la humanidad comprendió que el capitalismo con escasa regulación conduce a una crisis que plantea una reforma, una vez que el comunismo había demostrado su fracaso histórico (caída de la Unión Soviética; la transformación de China; Venezuela, Argentina y otros países repitiendo modelos estatistas calamitosos). Entonces, los partidos de izquierda moderada se alzaron como alternativa en muchos países.

Una de las grandes virtudes de la democracia de Estados Unidos es su funcional división de poderes (Ejecutivo, Legislativo y Judicial) y también, la de cada estado e instancia municipal del país (ciudades, distritos, etc.), que gozan de gran autonomía.

Ante tantas noticias abrumadoras como los casos de corrupción de Odebrecht; presidentes con incontinencia verbal y bravucones como Trump, Maduro, Correa, Duterte de Filipinas; y sobre todo, esa nostalgia peligrosa de refundar: sea un califato (imperio islámico) de ISIS, Al Qaeda, o una patria “bolivariana”, o el viejo imperialismo del neo-zar Putin y del neo-sultán Erdogan de Turquía o el “make America great again”, optemos por un poco de escapismo a la nostalgia saludable.

En enero de 2016 fueron divulgadas las fotografías de una estatua de Mao Tse Tung de 37 metros de altura y bañada en oro, erigida en su provincia natal de Henan. Según agencias oficiales chinas, el monumento fue financiado por un grupo de empresarios y construido por campesinos que aún idolatran al hombre que en 1949 instauró el comunismo en China.

La semana pasada nos acostamos con un Estados Unidos que históricamente ha simbolizado la expansión del capitalismo y despertamos con un presidente de ese país prometiendo proteccionismo, días después de que el presidente de China –la de los imperios aislacionistas y la que aún se denomina “comunista”– elogiaba las bondades del libre mercado. ¿Qué pasó mientras dormíamos?

Si bien Barack Obama recibió con cordialidad en la Casa Blanca a Trump pronosticando una transición presidencial fluida, las diferencias entre el ex presidente y el recién inaugurado (caso de espionaje cibernético ruso y las relaciones con Putin; desacuerdo con las políticas hacia Israel; qué hacer con la cárcel de Guantánamo, etc.), debió ser un trago amargo para Obama, entregar la banda presidencial a quien promete desbaratar casi todo su legado.

Es legítimo cuestionar cuánto del comportamiento de Barack Obama, a pocos días de dejar la presidencia, revela un tipo de depresión por dejar la presidencia de EE.UU. o cuánto manifiesta una forma de presión –en un intento de defender su legado– ante un sucesor que promete desbaratar sus políticas más audaces.

La prestigiosa revista Time escogió a Donald Trump como personaje del año recién pasado por haber ganado las elecciones de su país como un outsider que se postuló en las primarias del Partido Republicano cuya élite, en su mayoría, no lo apoyó (algunos pidieron votar por Hillary Clinton) y con la mayoría de los medios de comunicación social en su contra.

Donald Trump anunció que su abogado judío, David Friedman, será el próximo embajador de Estados Unidos en Israel. El nombramiento de Friedman, David, es controversial porque no tiene ninguna experiencia diplomática y sobre todo porque ha expresado estar de acuerdo con la política de construcción de asentamientos del actual gobierno israelí en Cisjordania, territorio en disputa con los palestinos.

…por no escribir, un 24 de diciembre, sobre alguna noticia conmovedora o un evento alentador.

En 2016 un escándalo de corrupción político culminó con un impeachment a la presidenta de un país. También fue noticia la historia de una ex primera dama que permitió a una amiga íntima hacer cosas en su nombre.

Como si no fueran suficientes los referéndums (vinculantes o simbólicos) realizados este año, como el Brexit, el plan de paz Santos-FARC, etc., el domingo pasado la mayoría de los italianos manifestó en las urnas que no quiere cambiar el sistema político, tal como lo planteó su primer ministro Matteo Renzi, quien tuvo que renunciar –como prometió en caso de perder–, acrecentando la inestabilidad política y económica del país.

Fidel Castro se unió al único factor totalitario que sin privilegios compartió con el resto de los cubanos: el inevitable encuentro con la muerte.

Estuvo en APEC, se llama Justin Trudeau y a un año de asumir el poder en Canadá es uno de sus gobernantes más populares a pesar de que los índices de productividad de su país han bajado con respecto a los de los años de su predecesor Stephen Harper y de que ha anunciado que no cumplirá con algunas promesas de campaña como crear una política energética ejemplar ante el calentamiento global. Entonces, si es tan temprano para juzgar a su gobierno, ¿por qué Trudeau es tan querido?

Quien escribe esto no padece algo remotamente parecido a la angustia de millones de habitantes de Alepo, masacrada sin piedad por aviones del dictador sirio Al-Assad y de Putin, y ni siquiera situaciones de alta tensión como las de Venezuela o Ucrania. El mío es un estrés postraumático por la elección de Donald Trump como presidente de Estados Unidos.

En su libro El futuro de la libertad (2003), el politólogo Fareed Zakaria cita a George Stephanopoulos, uno de los estrategas políticos de Bill Clinton: “Si Al Gore (ex vicepresidente de Clinton) quiere postularse para la candidatura, deberá recaudar el dinero necesario, obtener buena publicidad y subir en las encuestas, lo cual le granjeará, a su vez, una mayor cantidad de dinero y mejores titulares de prensa. Lo que opinen los veteranos del partido es irrelevante porque ya no existe el partido. Los que se consideran a sí mismos ‘veteranos’ no son más que viejos políticos que buscan algo que hacer”. Finalmente, Al Gore fue el candidato del partido demócrata que compitió en las elecciones del año 2000 contra el republicano George W. Bush, y perdió tras un reñido y largo recuento de votos en el estado de Florida.

En la antesala de las más críticas elecciones de Estados Unidos (EE.UU.), lo que ocurre en países como Venezuela y Siria ejemplifica por qué es tan importante lo que ocurra en la potencia norteamericana. En Venezuela no solo se juega si habrá democracia, sino también si se agravará la peor crisis humanitaria de su historia (hambre, carencia de productos básicos, violencia, etc.) Un gobierno con métodos fascistas se niega a medirse electoralmente con la oposición, como lo establece la Constitución, a través de un referéndum revocatorio. La tabla de salvación que otorgó la mediación del papa entrampa a la variopinta oposición ante un régimen que ya ha demostrado en hechos y discurso que sigue la vía de Lenin: se dialoga con “enemigos de la revolución” solo para ganar tiempo hasta poder destruirlos. Los dirigentes de oposición deben balancear el clamor de las mayorías que exigen mantener activa la calle y acciones de desobediencia civil, con una negociación que genere, rápido, salidas reales a la crisis.

El columnista del diario El País John Carlin, “Una farsa basada en una mentira”, acierta en un reciente artículo cuando explica que la contienda electoral más mediática del mundo, la de Estados Unidos (USA en inglés), se trata de una competencia para uno de los cargos en el cual quien gane las elecciones tendrá poco poder comparado al que tienen la mayoría de los jefes de gobierno de las democracias del mundo.

Uno de los riesgos de familiarizarse con las noticias es el de toparse con una como esta: “Un diputado muerto presidirá por unos meses la Asamblea Nacional de Nicaragua”. Ante la curiosidad de semejante dislate, nos enteramos de que el Frente Sandinista (FS), mayoría en el Parlamento de la autocracia electoral de Daniel Ortega, quien controla a todos los poderes del Estado desde el 2007, decidió que hasta el 10 de enero de 2017 el fallecido titular del Legislativo, René Núñez, siga en funciones.

“¿Apoya usted el acuerdo final para la terminación del conflicto y la construcción de una paz estable y duradera?”. Esta es la pregunta del plebiscito de mañana, en el cual los colombianos expresarán si confirman o no el tratado entre el Gobierno y las FARC.

Durante la Eurocopa Francia 2016 fuimos testigos de una revolución islandesa realizada por hombres con espíritu combativo como el de sus antecesores los vikingos, y hay que reconocer que junto a Gales, la selección de Islandia, país con solo 320,000 ciudadanos, hizo una revolución futbolística. Sin embargo, Islandia tuvo dos revoluciones políticas y económicas modernas que levantaron los cimientos de emerger, exitosamente, de la crisis financiera de 2008.

El coro del himno nacional de Venezuela pregona: “Gloria al bravo pueblo que el yugo lanzó, la ley respetando, la virtud y honor”, y como bien interpreta el politólogo y humorista Laureano Márquez, esta frase representa lo que significó la toma de Caracas del 1 de setiembre (1S): “Hoy es el día de actualizar esta estrofa: la gente de virtud y honor que conforma mayoritariamente el alma nacional sale a la calle a exigir el respeto a la ley. ¿A qué ley? Nada más y nada menos que a la más importante de todas: la Constitución Nacional, en la que dice que el pueblo tiene el derecho a un referéndum revocatorio (RR) si no está satisfecho con el gobierno que tiene”.

Hace dos semanas, un adolescente se inmoló durante la ceremonia de bodas de una pareja kurda en el peor de los atentados de los últimos tiempos ocurridos en Turquía. Todo apunta a que el Estado Islámico (EI) es el responsable del ataque, pero los kurdos –pueblo milenario sin Estado propio– no solo sufren por el islamismo radical, sino también por los gobiernos que los discriminan en los cuatro países en donde viven la mayoría de ellos: Irán, Iraq, Siria y Turquía.

La imagen de un niño sirio de Alepo, Omran, en estado de shock y con la cara llena de polvo, sentado en el impecable asiento de una ambulancia, fue difundida hace poco en la mayoría de los medios y en muchas redes sociales como símbolo de los niños que nacieron en una guerra que persiste desde hace más de 5 años.

Según varios historiadores, las antiguas Olimpiadas se realizaban en la antigua Grecia occidental, desde el siglo VII a. C. hasta el IV d. C., cada 4 años, con la participación total de los mini-estados de su civilización, con dos excepciones: en 420 a. C. cuando se prohibió la asistencia de Esparta por violar la tregua sagrada que se estipulaba para que atletas y asistentes no sufrieran los embates de guerras, y en 364 a. C. cuando se realizaron en Arcadia, y no junto al monte Olimpo, originando batallas sangrientas que causaron que los griegos invalidaran, posteriormente, las Olimpiadas de ese año.

Esta semana, Putin asistió a dos cumbres presidenciales. Una con los presidentes de Irán y Azerbaiyán, y al día siguiente con el de Turquía.

A propósito de las elecciones que condujeron al cambio de gobierno de Perú, he encontrado un documento que podría causar un escándalo en las campañas políticas en cualquier parte del mundo. Algo así como los ‘WikiLeaks’ de la manipulación para ganar elecciones. Algunos ejemplos de ese escrito:

Quizá si en occidente saliéramos a manifestar que “Todos somos Bagdad (Irak)”, “Todos somos Estambul (Turquía)”, “Todos somos Dacca (Bangladesh)” –lugares en donde islamistas radicales mataron solo en julio a 120, 42 y 20 personas, respectivamente– y nos identificáramos masivamente con las víctimas de atentados contra musulmanes como lo hacemos con “Yo soy Charlie”, “Yo soy París”, lograríamos que las poblaciones del mundo musulmán sintieran que valoramos, igualmente, la vida de todos los seres humanos sin distinciones religiosas, étnicas ni geográficas.

El líder más famoso de la historia moderna de Gran Bretaña (GB) fue Winston Churchill, quien advirtió al primer ministro de su partido, el conservador Neville Chamberlain, no cometer el error histórico de su “política de apaciguamiento” hacia el régimen de Hitler. Poco después, los británicos clamaron por el liderazgo del hombre a quien los soviéticos bautizaron como ‘el bulldog’ para enfrentar a la Alemania nazi.

“Allí donde hay perseguidos por su raza, religión o ideas políticas, ese lugar debe –en ese momento– ser el centro del universo”, dice Elie Wiesel.

La oposición venezolana intenta acorralar al ineficiente, corrupto e infame régimen chavista por varias frentes a la vez, insistiendo en que el Consejo Electoral, manipulado desde el Poder Ejecutivo, dé luz verde a la realización del proceso revocatorio del presidente; mientras paralelamente otros llaman a la desobediencia civil, un derecho establecido en el Artículo 350 de la Constitución, y todos los partidos que integran la Mesa de la Unidad Democrática exigen que los países miembros de la Organización de los Estados Americanos (OEA) activen la Carta Democrática, un instrumento para confrontar dictaduras como la de facto se impone en Venezuela.

La apuesta del primer ministro David Cameron de plantear un referéndum para que Gran Bretaña (GB) decidiera su estadía o no en la Unión Europea (UE) deja al país dividido en casi dos mitades. El Brexit ganó ajustadamente demostrando que el miedo a la inmigración ilegal (sobre todo de islamistas radicales y refugiados) se impuso a más de 40 años de integración con el resto de Europa.

Dejar o no dejar a la Unión Europea (UE) es la cuestión que el próximo 23 de junio decidirán los británicos, cual el Hamlet de Shakespeare, porque bajo el neologismo del Brexit (exit es “salida” en inglés) habrá un referéndum para determinar si ellos continuarán siendo miembros del bloque comercial y político al cual pertenecen desde 1973.

El parlamento alemán (Bundestag) ha dado un valiente paso, en momentos complejos, para que el actual arrogante gobierno de Turquía sienta presión en reconocer un genocidio que cometió hace un siglo contra el pueblo armenio en el contexto de la I Guerra Mundial.

Cuando Pedro, con su minoría parlamentaria, intentó formar gobierno, su gran traba fue Pablo. ¡Y no hablamos de un imaginario caso de esquizofrenia política si Pedro Pablo Kuczynski ganara las elecciones del Perú, sino de España, en donde el líder del Partido Socialista Obrero Español (PSOE), Pedro Sánchez, intentó negociar un acuerdo con el dirigente del partido Podemos, Pablo Iglesias, que fracasó por las exigencias radicales de este último para formar una coalición gubernamental de centro-izquierda!

Nicolás Maduro ha militarizado Venezuela tras un decreto de emergencia, justamente cuando la oposición espera la luz verde del Consejo Electoral, sumiso al presidente, para iniciar la recolección de firmas y activar un referéndum revocatorio que podría acortar su mandato y conducir a elecciones. El experimento “socialista” del chavismo derivó en hambre, muertes por falta de insumos médicos y hospitalarios, crimen desatado (¡colocando a cinco ciudades del país entre las más peligrosas del mundo!) y la mayor inflación del planeta. ¿Qué pasa con los gobiernos latinoamericanos luego de que el secretario general de la OEA, Luis Almagro, por fin llama a invocar la Carta Democrática de ese organismo?, ¿o solo se confronta a gobiernos de derecha, como en el caso de Paraguay, cuando el Senado, constitucionalmente, destituyó a Fernando Lugo, o al que asumió luego del ‘impeachment’ a Dilma Rousseff?

Londres es una ciudad compleja para gobernar porque además de contar con más de 8 millones de habitantes, más del 40% pertenecen a alguna minoría étnica. Asimismo, un aproximado de 12% de la población es musulmana, que si bien en su mayoría están integrados a la ciudad, hay distritos con tribunales religiosos que imponen la ley islámica o shaaría, ignorando la del país, con ‘patrullas morales’ para impedir la venta o consumo de alcohol, discotecas, tomarse de la mano o besarse en las calles y todo cuanto prohíbe el islam. Esto también ocurre en muchas otras ciudades de Europa. En los distritos londinenses de Newham y Tower Hamlets, por ejemplo, casi no se habla inglés, y cada vez más musulmanes estudian en colegios religiosos islámicos vinculados a grupos extremistas internacionales.

Como si no fuera suficiente la cantidad de muros que se están construyendo en el mundo, la Unesco creó un muro ficticio sobre uno real: el Muro de los Lamentos de Jerusalén (Kotel, en hebreo), cuando aprobó en abril una resolución que cuestiona que esa antigua muralla tenga vínculos con el judaísmo.

A continuación, fragmentos de un e-mail que me envió mi primo de Venezuela, escrito con clave de humor.

El año pasado, en la final de Europa League 2015, el equipo ucraniano de Dnipro llegó a la final contra el que entonces campeonó, el Sevilla F.C. En ese momento, enfaticé cómo un equipo de mayoría de futbolistas nacidos en ese país, cuya ciudad, Dnipropetrovsk, se encuentra aún hoy en plena zona de conflicto con Rusia, logró llegar a esa instancia sin un presupuesto remotamente similar al de los equipos que derrotó, incluso sin poder jugar en su propio estadio. Este año sucederá lo mismo con el Shakhtar Donetsk, de Ucrania oriental, que también jugará en Kiev las semifinales contra el mismo Sevilla. ¿La paradoja? La emoción de todo un país, dividido en prorrusos o proeuropeos, se desborda al unísono, no solo por confrontar a equipos globalizados y más ricos, sino porque el fútbol los unifica a todos haciéndoles sentir “simplemente” ucranianos.

El sueño europeo de más de un millón de refugiados musulmanes que escaparon de conflictos de Asia Central, el Medio Oriente y África se tornó en pesadilla a medida de que la opinión pública cambió radicalmente. De su inicial reacción de buena voluntad para recibirlos, a la de limitar el número de asilados luego de los atentados de París, en 2015, y de los más recientes en Bruselas.

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