21.JUL Viernes, 2017
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LA PORTADA DE HOY

Denuncia Injerencia

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Columna Alexandra Ames

En reiteradas ocasiones he mencionado a través de esta columna la importancia de cerrar las brechas entre el mundo urbano y rural. No obstante, algunas cifras de pobreza urbana llaman la atención, pues no solo la mayoría de peruanos vive en este ámbito geográfico sino que las ciudades deberían haber cerrado ya sus propias brechas. El 51% del total de personas pobres en el país vive en áreas urbanas y la desigualdad del ingreso es más alta en estas áreas que en las rurales.

Existen cuestionamientos respecto a si los programas sociales contribuyen de manera significativa a reducir los índices de pobreza. El argumento suele ser que la generación de puestos de trabajo es más eficiente y permite que, de manera rápida, los niveles de ingreso se eleven.

Esta semana hemos escuchado un crudo intercambio de palabras y opiniones sobre la reforma universitaria entre un ex congresista y uno actual. Más allá del nivel de argumentación de uno sobre otro, esta coyuntura puede ser aprovechada para pensar qué ha venido pasando con el tema de la reforma universitaria a dos años de implementada y más de medio año de comenzar el proceso de evaluación de calidad en las universidades.

Tecnología que transmite electricidad de forma inalámbrica a cualquier parte del mundo, inodoros que detectan cáncer al colon u otras enfermedades de manera temprana, dispositivos que te permiten producir tus propios nutrientes en casa y que acabarán con la desnutrición en el mundo. Estos fueron tres de los 25 proyectos que se desarrollaron durante el Global Solutions Program 2016 de Singularity University, universidad alojada en el centro de investigación de la NASA, en Silicon Valley. Su fundador, Peter Diamandis, dijo en el cierre del programa que todo lo que se necesita para generar un gran impacto global es capital, tecnología y recurso humano. De los tres, según dijo, lo más difícil es el último, pues no hay gente que esté visualizando proyectos de esta envergadura y que para lograr un impacto exponencial, se necesitaba el optimismo, creer que sí es posible transformar al mundo.

Zavala ha prometido lograr la revolución social con metas interesantes. Eliminar la pobreza extrema, que está en 4% a nivel nacional, no es tan fácil como bajar 4 puntos cuando la tasa está, por ejemplo, en un 30%.

El nuevo gabinete ministerial parece proyectar esperanza respecto a mejores formas de hacer políticas públicas. Sin embargo, su mayor virtud puede ser también su mayor amenaza: se trata de un equipo de tecnócratas.

Según una encuesta que realicé en 13 distritos rurales, el 76% de las personas respondió que quería tener una vida distinta a la que tiene. Para generar bienestar en las personas necesitamos hacer un seguimiento incisivo y permanente de los beneficiarios a lo largo de su vida. Los programas sociales son temporales y su éxito dependerá del egreso de sus beneficiarios. Pero dado que el desarrollo es un proceso que implica solución holística, un programa social monosectorial no aliviará su condición de pobreza.

Una de las propuestas más interesantes del próximo gobierno respecto a la mejora de la calidad de vida es implementar un sistema de indicadores que puedan medir el monitoreo e impacto de los esfuerzos del gobierno desde sus diferentes sectores. Si bien el ente rector en materia de desarrollo e inclusión social es el ministerio que lleva su nombre, es preciso tomar en consideración que la generación de calidad de vida no es exclusiva de un solo sector, sino que es transversal a las distintas áreas del gobierno. Lo interesante de esta propuesta es que este sistema de medición estaría alojado en la PCM. Aun así, lo que no está contemplado –y que es sin duda el principal desafío– es asegurar que este sistema de indicadores pueda a la vez organizar, estructurar y articular a todos y cada uno de los esfuerzos de cada sector, de manera tal que todos apunten a un mismo objetivo y con metas claras, definidas y entendidas por todos.

El lunes pasado, Islandia eliminó a Inglaterra de la Eurocopa (una especie de segundo Brexit) en un partido emocionante que los lanzó a la fama de manera inmediata. Memes, titulares de los principales medios y videos de la eufórica celebración saturaron las redes por varios días. Islandia es ahora la vedette del principal torneo europeo.

Esta semana empezó el invierno y con él, las campañas de ayuda social por el friaje. Se declaró en emergencia y con priorización alta a 225 distritos de la sierra sur del país.

Este fin de semana ocurrió algo importante para el país y que ha pasado desapercibido: dos peruanos viajaron becados al Centro de Investigación de la Administración Nacional de la Aeronáutica y del Espacio (NASA), donde jóvenes investigadores y científicos del mundo recibirán toda la asesoría técnica de las mentes más brillantes en este campo, para empoderar sus proyectos de innovación tecnológica.

Hoy iremos a votar y para muchos la pesadilla del clima electoral terminará. Sin embargo, nuestro rol como ciudadanos no termina cuando depositamos nuestro voto. Por el contrario, la democracia no debe quedar restringida a la capacidad de ejercer ese derecho. Somos nosotros, como ciudadanos, los que construimos y aseguramos la democracia. No nos toca solo votar, sino seguir decidiendo sobre la necesidad de agendar políticas públicas aún no visibilizadas por los gobiernos, estar vigilantes ante cualquier acto de corrupción y pedir cuentas respecto al grado de eficiencia de la gestión pública.

Madre de Dios debería llamarse Madre del Diablo. Las últimas noticias sobre el grado de contaminación en esta región y sobre el nivel de mercurio en la sangre de las personas han llamado la atención de la ciudadanía. Lo peor es que la situación de Madre de Dios no queda ahí. Según el Índice de Progreso Social Regional del Perú, esta región se encuentra entre los últimos lugares en cuanto a niveles de calidad de vida. Madre de Dios no solo tiene serios problemas de cobertura de servicios básicos, sino que la brecha entre lo urbano y rural es bastante alta.

He ido a pocas marchas en mi vida, normalmente para oponerme a algo. Ayer fui a una marcha con un enfoque distinto. Era para estar a favor de algo. Específicamente a favor de la igualdad de derechos de la comunidad LGTB. Solo he visto frases de odio en los comentarios en redes sociales de quienes se oponían a este evento. No logro entender cómo se puede odiar tanto a otro ciudadano que tiene el derecho de exigir respeto e igualdad de condiciones. Amar es un derecho, odiar es una opción, pero en este caso, no logro comprender ese nivel de odio hacia personas que no nos han hecho nada malo, sino decidir ser ellas mismas sin miedo. No he encontrado, hasta ahora, ningún argumento válido para oponerse a la diversidad sexual.

En cada coyuntura electoral, los insultos suelen imponerse antes que la discusión de propuestas que los candidatos puedan tener. En el mejor de los casos, muchos han estado preocupados respecto a si se va a continuar o no con el modelo económico. A mí lo que me preocupa es si se continuará con todas las reformas puestas en marcha por la actual gestión.

Mi primer año como madre fue un desastre. Temía que se me viera poco profesional al confesar que sentía que mis hijos eran mi prioridad en lugar de mi trabajo. Durante ese primer año, temí perder la imagen, que tanto me había costado construir, de ser atractiva para el mercado laboral.

Efectivamente, necesitamos generar estrategias multisectoriales para generar confianza y promover desarrollo. Proponer que los proyectos mineros en cartera sean trabajados por comunidades, empresa y Estado a fin de hacerlos viables es un planteamiento imprescindible que no solo acabará con la mayoría de conflictos sociales, sino que hará más viable la inversión privada en zonas donde hoy no lo es. Pero insinuar que la minería es el factor que llevará desarrollo, y que esto es más eficiente que los programas sociales, es una falacia que demuestra desconocimiento de los problemas reales del país.

Una de las escenas más impactantes cuando leí “La Odisea” de Homero es cuando Ulises debe pasar por un canal que tenía en un extremo a Escila, un monstruo marino femenino acompañado de varias cabezas de perro, muy agresivo, que se tragaba a todo aquel que pasara por ahí. En el otro estaba Caribdis, era menos atractivo y tenía forma de un tornado gigante que devoraba hombres y los devolvía días después en lados muy lejanos del océano, perdidos y moribundos.

Los que me conocen bien saben que he criticado, cuando he tenido que hacerlo, la gestión de Susana Villarán. Critiqué el “olón” de La Herradura por llevarse la arena que se había puesto en la playa. Muchos la criticaron. La hicieron añicos y, a pesar de que muchas veces las críticas fueron desproporcionadas, resalto el trabajo de los periodistas de fiscalizar y vigilar una gestión municipal. Me llama la atención, no obstante, que no se esté midiendo con la misma vara al actual alcalde, quien acaba de inaugurar una obra totalmente inservible para la ciudad, cuyo costo, despilfarrado en cemento, se habría podido invertir en una red semafórica moderna en más de 140 intersecciones, lo que fácilmente –según los reales expertos– hubiera podido ayudar a resolver el problema más allá de dicha zona.

Para Maruja, trabajadora del hogar de 30 años de edad, nada va a cambiar. Ella se levantará, como todos los lunes, a las cinco de la mañana, se bañará rápido pues tiene agua solo dos horas y el resto de su familia debe usar el baño también. Irá apiñada en un micro que le tomará una hora y media de viaje a su trabajo, donde su “patrona” le llamará la atención por haberse demorado y se aguantará el choleo y maltrato durante la semana pues, finalmente, en esa casa pagan mejor que el sueldo mínimo de una empresa formal. Da igual si subió a 850. Ese aumento de sueldo mínimo tampoco cambiará nada para el millón y medio de peruanos que reciben menos de un dólar y medio al día.

Entiendo que tienen una poderosa razón para hacerlo y jamás les pediría que no voten por Keiko, puesto que no creo que mi voto, que no será por ella, sea más racional que el de ustedes, pues creo que lo hacen porque consideran que es lo mejor para el país.

La mugre nos confunde. Ataques personales y candidatos jugando a la política para luego burlarse de nosotros no son el problema, sino una manifestación del mismo. La precariedad institucional es el problema. Las reglas son formalistas e injustamente selectivas; las instituciones informales no son reconocidas. La búsqueda de prebendas de los mercas de toda laya lo agrava.

Iba a hablar de nuestra lamentable coyuntura electoral. Iba a hablar de la falta de infraestructura social, de la inequidad o de otros males del país, pero esta semana fui invitada a exponer en el primer encuentro de estudiantes peruanos de políticas públicas en Estados Unidos y veo que hay gente que está pensando –seriamente– en apostar por el Perú.

A raíz de los últimos fallos del JNE, la idea de que toda sociedad tiene los gobernantes (y algunos han dicho hasta instituciones) que se merece ha vuelto a cobrar fuerza. Particularmente, me rehúso a creer que merecemos la baja calidad –tanto moral como técnica– de los políticos que nos gobiernan hoy. En primer lugar, porque aceptar esto implicaría, a su vez, aceptar que hay sociedades que sí merecen una mejor calidad de políticos que otras. Bajo esta premisa, ¿qué sociedades merecen, entonces, mejores políticos? ¿Estados Unidos? ¿Noruega? En segundo lugar, porque esto podría llevarnos a una pregunta tautológica y sin salida: ¿Somos así porque tenemos una baja calidad de políticos e instituciones, o al revés? En cualquiera de los dos casos, ¿estamos condenados a un sistema político pobre?

Es normal que los procesos electorales nos tengan a todos entretenidos, pero este proceso en particular nos tiene, además, bien distraídos de temas que pueden ser muy relevantes para el país, pero que no los estamos ni mirando. La prensa y los columnistas de opinión no hemos ayudado mucho en esto.

El último asalto en la Vía Expresa por 70,000 dólares, sin duda, nos ha impactado a todos y parece haber impactado también en la Policía, que ha reaccionado rápidamente resguardando cada acceso y salida de dicha vía. ¿Cuánto tiempo estarán ahí? Pues, hasta que haya otro robo mediático en otro distrito y estos deban moverse a esa nueva zona. El año pasado, cuando asaltaron a una pareja por 300,000 soles en San Isidro, también sucedió igual.

Ya todos sabemos que este mes se registraron tres derrames de petróleo en la zona norte del país. No es verdad que los medios de prensa han prestado más atención a los picarones chilenos que al derrame. Quienes han mediatizado más la noticia del picarón han sido los ciudadanos, no los periodistas, ojo.

Distintas noticias de esta semana –y del año– revelan la gran debilidad de nuestro sistema de partidos y de toda la institucionalidad pública de nuestro país.

Releyendo el plan de gobierno de APP y confrontando sus ideas con los últimos acontecimientos respecto a la probidad de César Acuña, encuentro serias contradicciones que me llevan a escribir este artículo y, como ciudadana, a pedir explicaciones.

Entre tanta noticia de plagios, el video publicado por la Municipalidad de Lima sobre la construcción de un proyecto vial en el Derby ha pasado desapercibido. No voy a hablar de la idoneidad del proyecto ni de los errores de diseño que ya los ingenieros de Cruzada Vial detectaron a simple vista. Me voy a detener en un punto más grave y que, a mi juicio, es la raíz de todos los problemas que tenemos como país. Siguiendo con lo publicado en mi columna del domingo anterior, se trata nuevamente de esta verdad incómoda que parece invisible a nuestros ojos. En el minuto 2:13 del video, sostienen: “Estos proyectos no solo favorecerán a los residentes de los distritos de San Borja, Santiago de Surco y La Molina, sino también a los pobladores de las localidades del cono sur”.

Estuve en Sudáfrica por estos días y veo que tenemos muchas cosas en común. Ambos somos países muy inequitativos con un PBI per cápita similar (en términos de paridad de compra), pero le llevamos algo de ventaja en el Índice de Progreso Social (IPS), pues ellos están en el puesto 63 y nosotros en el 55. La ventaja crece cuando comparamos indicadores de necesidades básicas donde Sudáfrica está en el puesto 93 y Perú en el 79. Tomemos en cuenta que ellos han salido del Apartheid hace unas pocas décadas; pero en nuestro caso, pareciera que en la práctica estamos inmersos en un sistema parecido pero invisible o muy encaletado.

Mi auto debe de haber batido récord en tiempo mínimo en ser víctima de la delincuencia. Ni bien lo saqué del concesionario, no se me ocurrió mejor idea que inaugurarlo yendo a un mercado en una zona con alto índice de robos. A los 30 minutos de comprar, llego al auto y el emblema delantero ya no estaba.

Según el Ministerio de Economía y Finanzas (MEF), el total de las transferencias que recibieron los gobiernos regionales en el 2015 por canon, sobrecanon y regalías fue de 2,467 millones de soles, pero estos solo ejecutaron, en promedio, el 74.6% de dicho rubro. Los que me conocen saben que soy crítica del indicador de la ejecución de gasto, pues este, por sí solo, no mide necesariamente el buen desempeño de una gestión, pero me llama la atención que los gobiernos regionales dejaron de gastar 616’750,000 soles para obras de inversión.

Ni el Perú ni el mundo lograron cumplir una sola meta de los Objetivos de Desarrollo del Milenio sobre equidad de género que vencieron en el 2015. Ayer fui a ver “Las sufragistas”, una película sobre mujeres inglesas que luchan por conseguir el voto a inicios del siglo XX. Si bien este derecho casi se ha conquistado globalmente, no muchas cosas han cambiado para la mujer desde entonces. Las mujeres siguen llegando cansadas del trabajo para atender al marido o hacerse cargo de la casa. En Perú, el 27% de las mujeres ocupadas tiene ingresos por debajo de un dólar y medio al día, mientras que solo el 10% de los hombres está en esta situación. El 50% de la población es femenina, pero no vemos la misma cifra en puestos directivos. Mientras más alto miras, menos mujeres encuentras. Es normal que los hombres tengan sus “jueves de patas”, pero es difícil que las mujeres hagamos lo mismo. Aún se culpa a la mujer por ser violada o acosada. “Eso te pasa por ir a bares, eso te pasa por vestirte así”. En un gimnasio, un instructor no paraba de acosarme y me decía que “cuando tenga el cuerpo perfecto, me invitaría a salir”. Me cansé y me quejé. Al día siguiente, ningún instructor era capaz de ayudarme a levantar una pesa o decirme cómo funcionaban las máquinas que solo ellos sabían operar. Pareciera que el mundo nos prepara para aceptar estas cosas y verlas como normales. Hombres y mujeres se sorprendían cuando decía que quería una cocina de juguete para mis hijos hombres. Si les explicaba que quería que jueguen a cocinar, se reían; si les decía que quería que fueran como Gastón Acurio, les parecía lógico. ¿Y si les decía que quería que fueran como Sandra Plevisani? No se trata de género, sino de una sociedad. Un país no puede ser competitivo si no tiene mujeres competitivas. El feminismo no destruye hogares, busca que estos sean más justos y equitativos. Por ello, padres de familia responsables, deberían unirse a esta lucha.

La generación de puestos de trabajo es un factor que ayuda a reducir la pobreza, pero los indicadores de empleo o desempleo no son útiles para medir la calidad del trabajo o remuneración. Debemos buscar indicadores que nos ayuden a medir si la población cuenta con empleo digno. Nuestra tasa de desempleo no es alarmante, lo que debemos mirar es que 1* de cada 4 peruanos que trabajan recibe ingresos por debajo de la línea de pobreza (ingresos menores a 300 soles mensuales) y, lo que es peor, 1 de cada 6 peruanos tiene ingresos inferiores a la línea de pobreza extrema; es decir, percibe ingresos de 1.5 dólares al día o menos.

Los planes estratégicos son documentos importantes para una organización, pública o privada, pues permiten trazar las metas con claridad y diseñar las acciones que van a asegurar su cumplimiento. Pero, ¿qué tan útiles son para asegurar el éxito de una organización? Eso depende de qué tan bien esté hecho el plan.

El área del Cuartel General del Ejército en San Borja o “Pentagonito”, ha pasado por una transición interesante que nos puede ayudar a entender por qué no tenemos espacios públicos de calidad. A fines de los años ochenta todo parecía perdido para el Perú: hiperinflación, coches bomba y bombas lacrimógenas, disparos al aire y balaceras a quemarropa, brotes del cólera que nos hicieron dejar de comer en las calles y agarrarle terror al cebiche. De esa época, recuerdo una decena de carteles en los alrededores del Pentagonito con la frase “No detenerse, orden de disparo”. Nadie se atrevía a detenerse – ni los niños– pues sabíamos que hablaban en serio.

Un tema que saltó entre líneas en la CADE 2015 y que es tan o más importante que las reformas institucionales para crecer es el agua.

Cada vez más, vemos mejores iniciativas del sector privado y de la sociedad civil vinculadas al progreso social y a la mejora de la calidad de vida de las personas. Sin embargo, si bien estas iniciativas pueden ser muy interesantes, no sabemos si el esfuerzo que ellas implican está generando el impacto social adecuado, acorde con este esfuerzo. ¿De verdad se está transformando al país con proyectos aislados? Pues sí. Con estas iniciativas a nivel micro, ya nos queda claro que un cambio positivo es posible. Como diría Galeano, “actuar sobre la realidad, y cambiarla, aunque sea un poquito, es la única manera de probar que la realidad es transformable”. Pero, ¿cómo hacer que estos esfuerzos sean replicables y que su alcance escale a nivel nacional?

Todos recordamos el Monumento a la Maca de Huayre, en Junín, como símbolo de la ausencia de criterio para diseñar proyectos de inversión pública útiles para los ciudadanos.

A pesar de los lamentables atentados ocurridos en Francia, nuestro país tiene algo bueno que contar. Este fin de semana se confirmó que Perú obtuvo el primer lugar con tres medallas de oro y una de plata en la XXX Olimpiada Iberoamericana de Matemáticas, con más de 20 países de la región como participantes. De hecho, es la primera vez en la historia de dichas olimpiadas que un país se lleva las medallas doradas con un puntaje perfecto, cosa que será muy difícil de superar en ediciones futuras.

El proceso de desaceleración económica y la coyuntura electoral no han hecho más que encandilar el debate, a tal punto de tener posturas radicalizadas de un lado y otro. Aquel que cree que las políticas sociales son más efectivas minimiza el crecimiento económico. El que cree que el PBI lo es todo plantea eliminar las políticas sociales pues las considera inútiles.

Mucho se ha debatido sobre las AFP. Hay demasiado cálculo de por medio y muchos numeritos extraños que tratan de sustentar posturas tanto de uno como de otro lado, pero veo que hasta ahora no se toca el tema desde el punto de vista de lo que siente la gente.

La semana pasada se dieron a conocer los resultados del Índice de Competitividad Regional del Perú 2015 (ICRP) de Centrum. Vemos que lideran el ránking Lima (72.66 puntos) y regiones de la costa como Callao (50.36), Moquegua (44.37), Tacna (44.21), Arequipa (43.51) e Ica (40.79).

Hay un tema que ha quedado desapercibido en las juntas del Banco Mundial y el FMI, y que debería resolverse pronto: la discusión respecto a si el crecimiento del PBI o las políticas sociales son más eficientes para salir de la pobreza. Se habló de la necesidad de combatir la inequidad, pero el problema que veo es que, si seguimos concibiendo estos términos desde la perspectiva netamente económica, no podremos afrontar estratégicamente los desafíos que el país hoy nos plantea.

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