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CRÓNICA. "Ángeles de Arena", de chicos de la calle a promesas del hip hop

Lunes 05 de marzo del 2007 | 12:00

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Los niños y jóvenes de los barrios marginales de Lima, abocados a la delincuencia y la mendicidad, han encontrado en el "hip hop" y el "brake dance" una forma de vida que augura convertirles en estrellas.

Los llamados "Ángeles de Arena", procedentes del populoso distrito de Ventanilla, fueron convocados mediante el "boca a boca" por la coreógrafa y bailarina Vania Masías hace dos años.

Así comenzó una aventura que promete final feliz porque -según Masías- "de aquellos 20 chicos elegidos algunos ya son profesores de danza y grandes promesas".

Luigi Mendoza es uno de ellos. Imparte clases de acrobacia, "brake dance" y "hip hop" en la escuela de Vania Masías, "D1-Dance", y además es uno de los más audaces integrantes de la compañía "Ángeles D1".

Esta compañía fue constituida como organización no gubernamental (ONG) en abril del 2005 porque allí, además de aprender a bailar, se busca la inserción social de los jóvenes marginados, se fomenta el estudio y se trabaja con el ánimo de ofrecerles una vida mejor.

"Vania nos propuso crear la compañía, yo tenía entonces 20 años, y esta experiencia ha cambiado radicalmente mi vida", explicó a Efe este fornido joven peruano.

Masías, de 28 años, es licenciada en Administración de Empresas, pero su pasión fue siempre la danza.

Acróbata y bailarina desde los siete años, estudió en Perú, Reino Unido, Holanda, Francia y España en escuelas como NDT, Scapino, Víctor Ullate y Boston Ballet, antes de ser la primera figura del Ballet Municipal de Lima.

Tras ser convocada por el Cirque du Soleil, decidió dar un giro a su vida e inició la búsqueda de acróbatas en los semáforos de Lima, "grandes artistas", según sus palabras, para crear un proyecto artístico ambicioso, pero con sentido social.

La financiación la encontró en la petrolera hio-argentina Repsol-YPF, que comenzó ofreciendo transporte y comida y después otorgó 25.000 dólares a la ONG, y en Scotiabank, entidad financiera que aportó otros 10.000 dólares.

Con los fondos adicionales obtenidos por la escuela se ha podido, además, contratar a reconocidos profesores estadounidenses, como Leslie Feliciano, coreógrafa de Alejandro Sanz, Miguel Bosé y Paulina Rubio, o la campeona de Break Dance, Ephrat Asherie.

"El resultado no podía haber sido más satisfactorio", asegura Masías durante una exhibición de los "Ángeles" ante un reducido grupo de periodistas extranjeros el pasado fin de semana.

Su escuela está en Chorrillos, un barrio de clase media donde se levantan algunas mansiones. En una de ellas se ubica la residencia familiar de Vania Masías y la gran escuela de danza.

"Mis padres siempre me apoyaron. Mi escuela está en su casa", comentó la artista convencida de que sin la incondicional ayuda de su adinerada familia el proyecto no hubiera sido posible.

Y es que de los 20 seleccionados al inicio del proyecto, la escuela cuenta ahora con 50 alumnos, con edades comprendidas entre los 10 y los 22 años procedentes de los barrios marginales, muchos de ellos marcados por las cicatrices y los tatuajes de su vida anterior.

Vania Masías vio cumplido en febrero pasado uno de sus sueños: la puesta en escena del espectáculo "Coreográfica Perú", en el Auditorio Rímac del exclusivo centro de veraneo de Asia, ubicado 97 kilómetros al sur de Lima.

En él participaron 70 artistas, la mayoría jóvenes de Ventanilla, además de integrantes de la Escuela del Circo de Montreal y músicos afroperuanos.

La aspiración de la coreógrafa ahora es hacer más peruano el "hip hop" y recorrer el mundo con sus "Ángeles", quienes, desafiantes como sus acrobacias, no temen a nada porque un día creyeron tenerlo todo perdido.

Fuente: EFE