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Conozca a la mejor cábala de Gustavo Costas

Martes 29 de septiembre del 2009 | 07:51

El DT íntimo dice que desde que nació la pequeña Giulianna, Alianza gana más. Hoy, puntero absoluto del campeonato con 61 puntos, el estratega dice que ya encontró el equipo.

Le trae buena suerte. Desde que nació Giulianna, Alianza gana más. (Carlos Lara)
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Por Carlos Lara Porras

No lo dice, pero lo siente. Desde que nació la pequeña Giulianna, el 10 de agosto, las cosas le empezaron a salir mejor a papá Gustavo Costas y, también, a Alianza Lima. La victoria 1-0 sobre el Juan Aurich no solo amarró el liderato de la liguilla B, sino que completó una estadística post natal de cinco victorias, dos empates y una derrota, lo que ha convertido al cuadro íntimo en el más regular del momento.

Hace poco llevó a Matute a un sacerdote para bendecir la cancha y cambió las redes de los arcos. Tal vez la cábala más efectiva haya sido el nacimiento de la pequeña Giulianna.
El nacimiento de mi hija vino en un buen momento. Me está trayendo cosas lindas. Ojalá también haya venido con el título bajo el brazo. Sin embargo, más importante que las cábalas que puedan existir son los jugadores. Ellos tienen que darse cuenta de que están en un club grande como Alianza y de que lo único importante es el título.

Me imagino que está chocho, cambiando pañales.
No, je, je, de eso se encarga la mamá. Pero estoy muy feliz y trato de pasar todo el tiempo disponible con ella.

Alianza va de menos a más y ya empezó a ganar en Matute. La pregunta, sin embargo, es ¿cómo hizo para recuperar al mejor Montaño?
Bueno, Johnnier es un jugador distinto. A mí me alegra mucho su buen momento. Al comienzo lo pusimos a jugar por izquierda y no se sentía cómodo, pero ahora tiene más libertad para moverse y su juego ha crecido.

¿O sea que se adaptó a él?
Uno tiene que ver lo mejor para el equipo y adaptarse si es necesario.

¿Usted es menotista o bilardista?
Los dos fueron grandes entrenadores con una manera opuesta de ver el fútbol, pero mi padre futbolístico fue Alfio Basile. Lo tuve seis años como entrenador y fue el técnico que más me llegó. El “Coco’ es un gran motivador, un ganador que te hacía sentir el mejor.

¿Conversa con sus jugadores hasta de la parte sexual, como Bilardo?
Me gusta estar encima del jugador, saber lo que le pasa. Hay que estar pendiente de los muchachos, que son seres humanos y no máquinas que siempre deben jugar bien. Los chicos son inteligentes, pero hablamos mucho para que estén alejados de las tentaciones y aprovechen esta carrera.

Alzamendi contaba que a veces se tomaba una cerveza con sus jugadores. ¿Usted también lo hace?
Yo no salgo con los muchachos. Veo que acá se busca lo malo del jugador. Tomar una cerveza no es malo y no implica que alguien sea un borracho.

¿Aceptaría dirigir a la “U’?
Lo veo muy difícil. Estoy ligado a Alianza y le tengo un cariño enorme a su gente. Este año tuve una oferta económica superior para dirigir a la Universidad de Chile, pero la dejé porque acá me siento como en mi casa.

¿Cómo surgió su devoción por el Señor de los Milagros?
Me la transmitieron Jayo y Soto, quienes cargan al Señor de los Milagros y están a cargo de la fiesta en octubre. Todos los días me encomiendo, no para ganar, sino para disfrutar de la vida. Soy muy católico, tengo mucha fe.

Tengo entendido que de joven tuvo que trabajar en otra cosa.
Cuando ya estaba en primera, en Racing, apenas recibía un viático que no me alcanzaba. Por ese entonces, a mi papá lo operaron del corazón y tuve que trabajar como conserje en una empresa de telefonía para ayudar en el hogar. Un día, el entrenador me preguntó por qué me iba rápido, así que le expliqué. Entonces me hizo renunciar al trabajo y habló con los dirigentes para que me aumentaran el sueldo.

En Racing fue mascota, recogebolas, capitán, entrenador, dirigente…
Me falta ser presidente, pero hoy me interesa dirigir. Amo el día a día.

¿Le seduce la idea de dirigir a Perú?
Dirigir a una selección es lo más grande para un entrenador, pero hoy prefiero el día a día. Yo no quiero ser un seleccionador sino estar con los jugadores constantemente, ver cómo evoluciona el equipo. En la selección, uno se la pasa más en la oficina.