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Un experto en el negocio de los huevos de codorniz

Domingo 16 de agosto del 2009 | 08:32

Lo estafaron en su primera incursión en este mercado. Andrés Guerrero no tiró la toalla y ahora es proveedor de supermercados.

Andrés Guerrero logró que su producto se venda como pan caliente en todo el país. (Paul Vallejos)
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Por Karen Guardia Quispe

Hace nueve años, Andrés Guerrero decidió convertirse en uno de los socios de una supuesta próspera empresa dedicada a la venta de huevos de codorniz, para lo cual pidió al banco US$3,000. No imaginó que la firma, que no quiere nombrar, no le entregó las aves que tenía que cuidar y alimentar. Fue un fraude.

Con una deuda bajo el brazo, volvió a prestarse dinero para construir una pequeña granja de esteras en Chaclacayo (Chosica) y comprar aves. Empezó con 1,500 codornices.

Sin embargo, el primer problema surgió de inmediato. “¿A quién vendo los huevos?”, se preguntaba. Su primer impulso fue ofrecerlos a cualquier persona. “Me compraban a un precio bajo”, recuerda.

Fue difícil colocarlos en el mercado pero, por fortuna, le fue tan bien en la comercialización a granel, que decidió comprar un local más grande, con amplios galpones, mejorando así la calidad de las posturas (el número de huevos que pone cada ave).

En 2003, Guerrero tocó las puertas de los supermercados y obtuvo una respuesta positiva. Ya existían, en ese momento, cinco marcas distribuyéndose en estos establecimientos. No dudó en ofrecer su producto en bandejas plásticas, bajo la marca San Juan. A la par, se asoció con el restaurante Costa Verde, con la novedad de ofrecer una cartilla con recetas para elaborar platos usando los nutritivos huevos.

El valor agregado fue un elemento fundamental para la aceptación del público. Con orgullo, Andrés dice que su empresa pelea ahora por el segundo y por el tercer puesto de ventas en los supermercados.

En 2005, nuevamente se mudó a una granja más grande, esta vez en Huachipa, con dos galpones. Cada una con 10 mil aves. A la par, decidió comprar codornices de un día de nacidas. “Comenzamos a tener más producción avícola”, cuenta.

Luego de afianzarse en la capital, Guerrero comenzó tocar las puertas de los supermercados del interior del país. Su persistencia hizo que su producto esté ahora presente en la mayoría de tiendas del país.

NUEVOS RETOS. Tras alcanzar un techo, como dice, se le ocurrió elaborar huevos encurtidos, que bautizó con la marca Amo. Le tomo más de ocho meses concretarlo. Fue todo un desafío hallar un modo para que los huevos no se deterioren y estén listos para mezclarlos con alcachofas, pimiento piquillo, aceitunas, entre otros bienes de exportación.

Hasta que logró su objetivo en julio de este año. “Habré invertido en desarrollar esta línea unos US$10 mil”, estima. La clave para alcanzarlo fue, una vez más, la persistencia.

LO QUE DEBE SABER. En teoría, cada codorniz puede poner un huevo diario, pero generalmente la producción varía entre 60% y 70%. Es decir, de cada 100 aves, 70 ponen una unidad al día. Ello depende, explica Guerrero, de la jaula, de la alimentación, del clima y de la intensidad de la luz.

En este negocio, la inversión es constante. Cada dos o tres meses, generalmente, es necesario comprar un nuevo lote de codornices. Tenga en cuenta también, aconseja nuestro emprendedor, que en verano las posturas suben porque hay más luz, en cambio, bajan en el invierno debido escasez de esta.

De los 10 mil huevos fértiles que ponen las hembras, un 20% muere. El 80% que nace está formado por porcentajes iguales de machos y de hembras. Generalmente a los machos se los regala.

Si bien las aves no requieren de medicamentos ni de vacunas porque son silvestres, sí son bastantes sensibles. Por tal razón, Guerrero recomienda evitar tocarlas para que las postura no bajen.

Lo mismo pasa si se les cambia el tipo de maíz con el que se alimentan o si hay un sonido extraño que perturba su rutina.

No existe un reglamento especial para el diseño de las granjas, pero existen estándares internacionales sobre crianza de aves que le ha permitido, en su caso, tener una gran cantidad de animales, lograr posturas permanentes y ser auditados con calificaciones por encima del 80%, por SGS Perú. La fórmula de Andrés Guerrero ha sido y seguirá siendo: la persistencia.

FICHA

  • Andrés Guerrero estudió Zootecnia en Santiago de Chile. Actualmente tiene 38 años y es el gerente general de AGN Inversiones.

  • Ha previsto empezar a exportar su variedad de encurtidos de huevos de codorniz el próximo año.
  • En promedio, vende 140 mil huevos a la semana en todo el país. A la fecha, ha invertido US$170 mil en el negocio.
  • El 80% de lo que produce va a venta de huevos en bandeja, y el 20% lo destina a encurtidos.