Domingo 27 de mayo del 2012 | 21°

Por Carlos Chávarry Valiente
Hay autores que escriben para hacerse, de algún modo, famosos. Otros, para que los quieran. Y unos pocos -poquísimos- para decir algo. Julio Ramón Ribeyro, sin embargo, fue casi todo lo contrario. Estos afanes no le interesaban gran cosa: si era leído o no, si llegaba a formar parte del “olimpo” de narradores peruanos, o si tenía fans pidiendo su autógrafo en la puerta de alguna librería. Ribeyro parecía estar por encima de esto, y siempre lo dio a entender con su personalidad sosegada y modesta. Como si el éxito -e incluso la vida misma- le sonara como una tentación al fracaso.
Este año el escritor hubiera cumplido 80 años, exactamente el 31 de agosto. Por ello, el Centro Cultural Inca Garcilaso de la Cancillería inauguró la semana pasada un homenaje a Ribeyro que consiste en una exposición documental y dos conversatorios sobre su vida y obra. Por un lado se exhiben libros -las primeras ediciones que se hicieron de sus cuentos, novelas y teatro-, manuscritos -donde esbozaba las ideas de sus novelas- y diversos objetos personales del autor, como su vieja máquina de escribir o el tablero de ajedrez con el que solía distraerse. También se muestran fotografías, un vídeo documental y un retrato que le hiciera el pintor Enrique Polanco. Todo se expondrá hasta el 24 de septiembre.
A esto se suma la serie de conversatorios donde se ensaya algunas ideas sobre su obra literaria. El primero, donde participaron los escritores Alonso Cueto y Fernando Ampuero, se realizó el mismo día de la inauguración. Y el segundo será este miércoles 19, a las 7 de la noche, a cargo de Víctor Vich y de Jorge Coaguila. Se podría decir, entonces, que se trata de un evento realizado con mucho cariño. Es que, gracias a él, los mudos nuca más estaremos en silencio. Ribeyro habló por nosotros.
DATO
Nuestra Chica.21 es estudiante de Periodismo y actriz. Participó en las series Clave 1 y Así es la vida.