Sábado 26 de mayo del 2012 | 19°
Por Jaime Cabrera Junco
No cree en las nacionalidades y ante la pregunta de siempre si se siente estadounidense o peruano, no se complica y dice que ambos. A diferencia de su vida casi sedentaria en Oakland (California), cuando está en Lima suele estar la mayor parte del tiempo en la calle, buscando contactarse con gente, nutrirse de historias que luego serán volcadas en libros. No tiene cuenta en Facebook e incluso cuestiona que la gente se preste para ventilar su privacidad alegremente. Aquí la conversación con el escritor Daniel Alarcón en una ciudad que para él es tan familiar como para cualquiera de nosotros.
Tú habías dicho hace dos años que te considerabas un novelista natural y que escribir cuentos era una suerte de ejercicio, ¿Sigues pensando lo mismo ahora que acabas de publicar un nuevo libro de cuentos?
No creo que eso haya cambiado, sigo pensado que lo que más me gusta es la novela. Lo que más me gusta leer y disfruto es la novela. Los cuentos son espacios que yo uso para ensayar ideas, para desarrollar ciertos temas, incluso hay personajes en este libro (“El rey siempre está por encima del pueblo”) que van a aparecer en esta nueva novela que voy a publicar pronto. El cuento es un poco más lúdico, se puede jugar con ciertas cosas que en la novela no se puede hacer.
¿Te sientes igual de cómodo escribiendo novelas o sientes que es menos complicado que el cuento?
Yo creo que ambos géneros son difíciles y ambos requieren de cierta concentración y esta debe llegar a un punto al que a veces yo no llego. Me encantan los cuentos como el reto de la perfección, es realmente divertido para mí. En la novela uno se puede ir perdiendo en el espacio dando vueltas a la misma escena y a los mismos personajes y sientes que no estás avanzando a veces. Y lo bonito del cuento es que avanzas, lo acabas, das vuelta la página y empiezas otro.
¿Cómo es tu relación con la escritura? ¿Tienes un horario definido o escribes cuando sientes que es el momento de hacerlo?
Quisiera ser más disciplinado y riguroso, he pasado por etapas en las que mantuve un horario, pero la vida siempre te gana y surgen otras cosas que hacer, siempre hay otras obligaciones que te sacan de tu horario. Yo escribo todos los días, pero no al mismo tiempo. Un día ideal sería estar cuatro horas frente a la computadora escribiendo. Admiro la disciplina de (Mario) Vargas Llosa porque el hombre no para de viajar y no para de producir y no entiendo cómo lo hace. Es casi tan impresionante como su obra misma su capacidad de producción. No quiero ser un escritor que publique mucho, admiro esa capacidad de producción de Vargas Llosa, pero preferiría ser un escritor que publique pocos libros y estar totalmente seguros de ellos. Si yo escribo mucho no estaría seguro de que todo lo que hice es bueno.
Todos los escritores reconocen influencias en su obra, en tu caso ¿quiénes fueron esos escritores que te marcaron y a los que seguiste o sigues hasta ahora?
Mis primeras influencias fueron sin duda varios escritores rusos, entre ellos Dostoievski y Chejov. Yo sigo leyendo a Chejov y su libro de cuentos me lo llevo a todas partes. Y siempre vuelvo a leer novelas de Dostoievski; por ejemplo, regreso cada cierto tiempo a Crimen y castigo, pero lo bonito de esto es que siempre estás en diálogo con estos escritores. Incluso aquellas obras que no te gustan influyen porque si lees algo que no te gusta dices “yo no quiero hacer eso”.
¿Cómo es el proceso de creación de tu obra? ¿Empiezas por definir la historia o te centras en los personajes?
No me centro ni en la historia ni en los personajes, sino en el lenguaje. Y no sé si eso se llega a notar en la traducción de mis libros al español. Las tres traducciones que me han hecho son muy buenas, pero la preocupación que yo tengo a nivel frase en inglés es lo que me demora más. Me encanta descubrir un personaje y no saber qué le va a pasar en el siguiente párrafo, eso es parte del encanto de la creación. Pero no puedo avanzar sin que la frase tenga cierta sonoridad.
¿Estabas trabajando una novela en español sigues en ello o la has abandonado por el momento?
Está macerando un poco, pero primero tengo que terminar una novela en inglés porque tengo un compromiso con esos personajes. No tengo idea de cómo va a terminar, llevo casi tres años trabajando ese texto y de este han salido dos cuentos que forman parte de El rey siempre está…, pero he llegado en un punto importante en la novela en que no puedo distraerme en otros proyectos.
¿Y la temática de esta novela tiene que ver en algo con Radio ciudad perdida?
No sé si sea totalmente distinta, pero son lo suficientemente distintos para que sea interesante para mí. Obviamente no puedo proponerme escribir Radio ciudad perdida II, eso como artista me parece deshonesto y poco interesante. La ciudad es la misma de la de Radio Ciudad perdida, pero hay otros personajes, es menos explícitamente político, digamos que es otra onda.
IDENTIDAD: ENTRE ESTADOS UNIDOS Y EL PERÚ
En todas las entrevistas te ponen en la disyuntiva de si o eres un ‘gringo’ o peruano. ¿Cómo ves ese tema de la nacionalidad?
Esto de las nacionalidades es bien artificial, no quiero ofender a ningún nacionalista gringo o peruano, pero el concepto de nación es bastante esotérico. ¿Qué es lo esencial de un peruano? No me lo pregunten a mí, tendrían que preguntárselo a (Jorge) Basadre. No me como ese cuento de que haya algo esencialmente peruano, blanquirrojo 100%, porque somos un país mestizo, con muchísimas etnias, culturas y lenguajes. Tenemos una historia muy violenta, triste, con mucha confrontación y de todo eso sale algo que se llama la peruanidad. Finalmente, esta es una palabra, un adjetivo que es muy personal. Uno se puede identificar con su barrio y con su familia. Yo me siento gringo y peruano, pero no puedo explicar qué significan esas palabras.
¿Te sabes el Himno Nacional?
Sí, claro, pero no me vayas obligar a cantar por favor (risas).
Hay toda una corriente donde la realidad y hechos de la historia peruana han sido abordados en novelas y algo de esto lo hiciste tú en Radio ciudad perdida. ¿Qué opinas de esto?
Hay toda una onda, por supuesto, de escritores que están intentando explicar lo que pasó en el país durante la guerra interna, pero no empezó con (Santiago) Roncagliolo y su novela Abril rojo. Esta una tradición larga, si uno quiere entender la guerra del Perú, se podría comenzar con (José María) Arguedas, con Miguel Gutiérrez o con el mismo Vargas Llosa. La guerra no empezó en el año ochenta, tiene muchos antecedentes. Seguro que habrá muchas novelas más sobre todo esto y está bien, deberíamos llenar una biblioteca con libros para intentar explicar lo que pasó en el Perú.
Mencionaste a Arguedas, ¿lo has leído?
Sí y su libro que más me gustó fue El zorro de arriba y el zorro de abajo. Me pareció increíble como testimonio de alguien que vivía con mucho dolor. Me acerqué a su obra cuando llevé un curso en la Universidad Católica y estaba en la lista de autores y me fascinó. Me gustó especialmente por el tema lingüístico, el que Arguedas haya hecho un retrato del mundo andino, quechuahablante en español, me parecía interesante ese paralelo porque yo hago lo mismo, pero del español al inglés.
Cómo ves la situación actual del Perú, ¿Crees que haya posibilidades de mejorar sobre todo a nivel político?
Sí, yo veo que hay mucho espacio para mejorar. Yo comenzaría con combatir la corrupción y allí avanzaremos como país.
Hay algunos candidatos que se van perfilando a la Presidencia, entre ellos Keiko Fujimori, Ollanta Humala y quizás nuevamente Lourdes Flores ¿por quién optarías?
No sé. Esta va a ser la primera vez que voy a tener que votar como peruano, en el 2011. No sé, prefiero ver quiénes serán los candidatos y luego decidir. Creo que como muchos peruanos que sufren para votar cada cinco años, me va a tocar ahora entender cómo es eso. Es diferente a lo que siente un gringo al elegir a su presidente. Yo nunca he votado con tanto gusto como en las últimas elecciones de Estados Unidos, por lo que representaba Barack Obama culturalmente, por eso voté con gusto y con orgullo. Yo creo en la democracia como proyecto e ideal de ciudadanía, como una forma de apostar por algo civilizado. O votamos o discutimos y nos sacamos la mierda. Entre esas dos opciones prefiero ir a votar.
INTERNET Y LECTURA
¿Tu relación con Internet sigue siendo básicamente para el correo electrónico? ¿No utilizas las redes sociales como el Facebook o Twitter?
Yo soy muy bueno para el correo electrónico con amigos y soy malo para el correo con gente que no conozco. No tengo Facebook, ni Twiter; solo tengo una página web personal que es muy estática, donde solo hay reseñas de mis libros, sin nada interesante y que supongo eso debo rediseñar.
¿Qué opinas del Facebook?
Facebook me parece un horroroso atentado a la privacidad y no entiendo cómo la gente se ha prestado para esa vaina. No comprendo, no entiendo el encanto de esa página. Yo no quiero saber qué están haciendo mis compañeros de tercero de primaria ahora, eso me llega…Espero que les esté yendo bien, pero tengo mucho que pensar con mi vida, con mis amigos, con mi familia, con mis personajes…¿Para qué complicarse la vida con esta otra gente? No entiendo.
¿Y con el uso cada vez más frecuente de Internet tienes la sensación de que la gente ahora lee menos?
No sé si eso sea cierto. Para comenzar, el libro siempre ha sido de una élite y la educación siempre ha sido para la gente con más recursos y posibilidades. Creo que el libro sigue siendo algo importante, yo encuentro en todas partes gente interesada en leer libros. El libro es un producto cultural con mucha fuerza, no sé si los escritores que venden mucho ahora son tan buenos como (Charles) Dickens, pero esa no es mi preocupación ahora.
¿Te refieres a libros como el de Harry Potter u otros bestsellers?
Yo nunca voy a leer una novela de vampiros, pero me parece bien que los chibolos la lean. Pero me parece bien porque así llegan a otro libro. Que un chico de once años que se coma un ‘ladrillo’ de Harry Potter me parece bien, pues quizás a los 15 años esté leyendo una novela de Mario Varga Llosa o Mario Bellatin. Eso no es imposible.
Nuestra Chica.21 ganó el concurso de Wosmos by Hawaiian Tropic 2010 y es profesora de spinning.