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La prostitución en Lima se volvió itinerante

Miércoles 27 de mayo del 2009 | 10:35

Antes las trabajadoras sexuales esperaban a sus clientes en las esquinas. Ahora se desplazan por los distritos de la capital de acuerdo a la demanda de su negocio. Ello dificulta la acción de las autoridades para fiscalizarlas y evitar su explotación a manos de los proxenetas.

El oficio de la prostitución tiene larga data, pero poco se ha hecho para revertir la informalidad con la que opera. (América TV)
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Un reciente operativo policial destapó una red de prostitución clandestina a cargo de un suboficial de la Marina, en el distrito de Jesús María. De acuerdo al programa Prensa Libre, Yonhy David Paitán Vega, de 32 años, fue sorprendido por los agentes y un fiscal sin ropa junto a su novia, la dominicana Yenesis Rosilda González Ciprián, de 21, quien contestaba las llamadas de los clientes y tiene un mes de embarazo.

Los vecinos y el serenazgo distrital sospechaban que algo ocurría en su edificio por el constante movimiento de mujeres. Este hecho dio pie a las investigaciones que concluyeron con la captura de Paitán, un suboficial de mar conocido en el submundo del proxenetismo como ‘Carlitos’. Este sujeto no tenía escrúpulos para permitir que su novia gestante se prostituya.

Ahora el marino se encuentra en los calabozos del Ministerio Público y es que el meretricio no es delito, pero sí el proxenetismo, que en la mayoría de los casos explota a mujeres y hasta a menores de edad bajo amenazas de diverso tipo.

Para las autoridades, se ha vuelto difícil perseguir este delito debido al carácter itinerante que ha adquirido el oficio más antiguo del mundo.

De los 43 distritos de Lima Metropolitana, en 21 se han detectado focos de prostitución. Una redada en un inmueble de la cuadra nueve de la avenida Nicolás Arriola, en La Victoria, sorprendió a nueve prostitutas y cuatro parroquianos en ambientes deplorables. Estas acciones no solo buscan atrapar a los proxenetas, sino también que las meretrices tengan en regla su carné de sanidad y vacunas contra enfermedades como la hepatitis B.

Mario Vargas, gerente de Fiscalización del municipio victoriano, indicó que se ha ubicado 500 trabajadoras sexuales en su jurisdicción, pero reconoce que hay más y entre ellas varias menores de edad. A la vez, indica que son menos en comparación de otros años y que ubicarlas se ha vuelto difícil porque ya no caminan de esquina en esquina, sino de un distrito a otro.

Este modus operandi también ha cambiado el panorama de los prostíbulos autorizados de Lima Cercado y el Callao. En ‘El Botecito’, las mujeres ya no esperan a sus clientes en una habitación todo el día. Entre 40 y 50 meretrices llegan todos los días para ejercer su oficio entre las 15:30 a 22:00 horas, en un cuarto por el que pagan 13 soles y los parroquianos desembolsan 15 soles por derecho de admisión al prostíbulo. Si el día ‘está flojo’, ellas se van a algún hostal o un local no autorizado en Comas, San Juan de Miraflores, San Borja, Lince, La Victoria, San Luis, San Juan de Lurigancho o el centro de la capital.

Cecilia Barbieri, funcionaria del gobierno regional chalaco, subrayó que el trabajo sexual no está penado y pidió al Estado legislar sobre el tema. De ahí la propuesta de incluir a las prostitutas en el Sistema Integral de Salud.

“El contacto permanente vía sexual tiene como correlato una situación de riesgo. El trabajo sexual existe y nosotros como Estado, si lo negamos, es como ponernos un velo y retardar la toma de decisiones respecto a las necesidades que tienen como seres humanos”, subrayó.