Domingo 27 de mayo del 2012 | 23°
Desigualdad. Sin lugar a dudas, esa es la palabra que define nuestro mayor problema. Y no me refiero a la inequidad puesta en evidencia por el último informe del PNUD, según el cual si usted nació en Lima tendrá muchas más posibilidades de ser atendido en un hospital a que si tuvo la desgracia de nacer en Huancavelica, donde solo hay cinco médicos por cada 10 mil habitantes. No. Hay un tipo de diferencia en nuestro país que no necesariamente está ligado a la mala distribución de la riqueza o a la pésima suerte de vivir a más de 3,500 metros de altura. Se trata de una brecha que se alimenta de la tóxica y vieja creencia de que el Perú tiene dueños. ¿Qué podemos pensar, sino, cuando escuchamos al mafioso Alberto Quimper abogando ante el señor Daniel Saba por los amigotes del entonces premier Jorge del Castillo? ¿Acaso el Estado funciona con la misma eficiencia para todos los peruanos? ¿Es tan ciudadano el dueño de la petrolera Monterrico como el poblador de Islay que bloquea la carretera? ¿Están igual de abiertas las puertas del Congreso de la República para los aguarunas que para las autoridades de la Universidad Alas Peruanas? ¿Alguien les consulta a los pobladores de Cocachacras antes de concesionar sus tierras para la minería? Empresarios, políticos y autoridades saltan hasta el techo cuando un grupo de pobladores toma una vía pública para ser escuchado. Y hacen bien en indignarse. El bloqueo es un delito que atenta contra la vida de miles de víctimas inocentes, y debemos condenarlo siempre. Pero, ¿acaso hemos visto al señor Briceño, de la Confiep, encenderse de cólera porque determinados empresarios se meten por la puerta falsa del Estado para que se legisle a su favor? ¿Alguien ha gozado a un Velásquez Quesquén indignado con aquellos que mueven “sus influencias” para que les bajen y suban aranceles a su antojo? ¿Ha despotricado con ira algún político contra los que hacen lobby para que les condonen sus deudas tributarias? ¿Es acaso más bárbaro bloquear un camino que usar el Estado como botín y tratar a los funcionarios públicos como chupes? El escándalo de los 'petroaudios’ no es, como nos quieren hacer creer, la historia de unos vivazos que palanganeaban para llenarse el bolsillo de jugosas comisiones. Bueno fuera. Es el reflejo de un país donde a los Mamani les sueltan la Policía cuando rompen la ley para ser escuchados, y se les tilda de salvajes cuando reclaman lo que consideran justo; pero a los Vera Gutiérrez se les contesta el teléfono, se les recibe en salas y cocteles, y se les mueven todas las influencias para ayudarlos a empujar su negocio.