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Yola Polastri: "Me siento la Mickey Mouse del Perú y me encanta"

2005/07/16
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jchueca@peru21.com Yola Polastri ANIMADORA INFANTIL En primer grado me vino una enfermedad fuerte, púrpura sanguínea -la prensa la ha convertido en leucemia-, que es fragilidad capilar. En esa época no se curaba. La otra niña que tenía eso falleció. Yo fui desahuciada y fui conejillo de Indias", recuerda Yola Polastri. Se ha vestido especialmente para la entrevista. En el jardín hay niños esperando verla. ¿Y cómo se curó? Me llevaron a un médico griego, tenía barbas blancas y largas, como los sabios de los cuentos. Me vio el ojo con una lupa y me recetó mil quinientas hierbas. Y me recuperé. ¿Cómo entró en la TV? Mi hermano era coreógrafo de un programa juvenil en el canal 5 y yo era una de las Cincodélicas, un ballet de quinceañeras con una chaperona y que nadie nos tome fotos ni nos haga preguntas, porque estaban mal vistas las chicas de la TV. Después comencé a participar en cositas, dialoguitos, etc. Salí en novelas con Julio Alemán. Yo conozco a los papás de todos, de Jean Paul Strauss, de Gianmarco, de Michelle Alexander. Trabajé en novelas con Saby Kamalich. Aprendí de todo, mirando a los actores, directores, escenógrafos, conductores, como Kiko Ledgard, Pablo de Madalengoitia, Linda Guzmán. Incluso hice un coprotagónico con Ofelia Lazo y Gustavo Rojo, en Un verano para recordar. ¿Cuál fue su primer programa propio en televisión? Cuando llegó el gobierno militar todo cambió. Se produjo la reforma en la educación. Estaba El mundo de los niños en el aire, con 36 profesores. Y era imposible que un niño viera más profesores en TV, entonces buscaron un nexo, que era Yola, que cantaba, bailaba, actuaba, animaba un poco y no era nada sexy. ¿Y cómo fue la cosa? Yo he sido alumna del régimen militar en cuestión niños. O sea, para mí, la disciplina es lo más importante. Lo cual no significa sacrificar la diversión, simplemente, es ser una mejor profesional. Querían un programa que ayudara más a los niños y yo entré y lo logramos. Asistí a seminarios, charlas, cursillos, etc. Aprendí más de TV y de educación. Mi sueño era protagonizar una novela, pero cuando llegó Gorrión, ya estaba yo en el tema de los niños. Incluso me iban a dar un papel en teatro, de sexy cómica, pero no calzaba con lo que ya hacía. Claro, no se había hecho ningún juramento, pero... En sus inicios, usted tenía todas las posibilidades de seguir por el lado infantil o realizar temáticas con cosas más adultas. Sí, pero era imposible hacerme sexy. Tenía esta veta cómica. Pero ya me había gustado lo que hacía. ¿Cuál es el origen de canciones como Las palmaditas o La feria de Cepillín, que eran buenísimas? Son. Son buenísimas. La gallinita turuleca era una canción de España. Recuerdo a Gaby, Fofó y Miliki. Ellos eran payasos geniales. Fofó ya murió, pero su hijo Fofito sigue. Después de seis años de programa, empecé a viajar por el mundo buscando material para niños. ¿Y cómo sabía cuál pegaba? Escogía mi oído. Si a mí me gustaba y podía cantarla, esa era. Después hice festivales. Augusto Polo Campos y Alicia Maguiña hicieron canciones para niños. Ruly Rendo entró al rubro. Tanta gente hizo canciones para niños que no llegué a grabarlas todas. Era una fiebre hacer cosas para niños. Y la canción tenía que educar. Recuerdo haber visto varios discos suyos. ¿Cuántos álbumes grabó? Más de 20. Mi primer mini play tuvo tanto éxito, que después salieron los long play. Y todos mis hobbies me sirvieron, porque yo también componía, escribía libretos, dibujaba y hacía parte de mi vestuario -este que uso ahora lo diseñé yo-. Y siempre he sido proyectada. En los dibujos animados actuales, estos violentos y qué sé yo, los personajes tienen capas, trajes, pelucas de colores, etc., que ha sido toda la transición de Yola. ¿Un personaje sale con peluca roja? Ya se había visto en el programa de Yola. La ropa ha sido uno de los lujos de Yola. Mis recuerdos los tengo precisamente porque no me vistió nadie. Usualmente hay que devolver la ropa a la producción. ¿La fama era incómoda? Mi fama fue comparada con la de Ferrando en algún periódico y se comprobó cuando me invitaron para hacer unos shows para pilas National. Me llevaron a unos cines y la gente rompió las puertas. Fue muy fuerte. Entonces, nos fuimos al estadio de Alianza Lima, que se llenó completamente. Con todo ese éxito, ¿por qué dejó la televisión? Empezaron ciertas dificultades. Comenzaron a aparecer personas que no eran yo. Hubo una burbujita que se llevó un libreto mío. Apareció este nuevo rubro de trabajo: animación infantil. Y muchas se ponían vestidos como los de Yola y se hacían pasar por Yola. En la TV, hubo cambios en las directivas de los canales y alguna decretó que todo el mundo había cumplido su ciclo. La declararon obsoleta . No. Me vetaron. Tuvo que ser eso. ¿De qué otra manera se explica que no hablaran de una ni para bien ni para mal? La TV acá es regular, mala y pésima. Por eso siempre le digo a los niños que vean cable. Ahí sí hay opciones, hasta pueden aprender los derechos de los niños, para que sepan defenderse y comunicarse con su mamá. Por eso estoy haciendo mi campaña Recobrando valores. No es mamá. ¿Por qué? No me casé. No sucedió. Gracias a mi Ángel de la Guarda, no me casé, porque eso no iba a funcionar nunca. Además, por mi carrera, era yo la que determinaba los tiempos. Entonces, claro, van muy contentos al primer show, a la primera gira, a la primera fiesta. Pero, después, es una pesadilla. Entonces, mientras uno trabaja, ellos, no sé, se ciegan con la fama que está a su lado. Y todos conversan con ellos, por eso siempre digo que se convierten en el galán de moda. Y siempre terminan siendo infieles. Y es bueno que lo hagan a tiempo, porque eso no tienen por qué padecerlo los hijos. ¿Sabe que mucha gente se acuerda de usted? El que me haya visto de muy chico, ahora tiene 30 años; si me vieron a los 10, tienen 40 años y los que me vieron un poco mayores, tienen 50. Y cuando me presento hay un fenómeno: hay muchos adultos solos que, cuando me ven, tienen nostalgia, el corazón como que se les estrujara, pasan el túnel del tiempo. Es su recuerdo colorido de niños y de una Yola amiga, que existe aún pero que habían escondido. He ido a reuniones de hombres de 40 ó 50, ejecutivos maravillosos, dueños de todo, guapísimos, impecables y, cuando me ven, los ojitos les brillan como a los niños y no pueden contener la sonrisa y entre ellos se miran, como diciendo, estamos hablando con Mickey Mouse. Yo me siento la Mickey Mouse del Perú y me encanta.