Domingo 27 de mayo del 2012 | 19°
Confieso que si hace un año me preguntaban por quién votaría si las elecciones fuesen mañana, quizás habría respondido que por Yehude. (Nada bueno para el aludido, dado que, muy rara vez, mis instintos coinciden con los de la mayoría). Es verdad que no habría sido fruto de un entusiasmo desbordante, pero ante el desolador panorama de nuestra política criolla, una combinación de eficiencia y honestidad en la gestión, con modernidad en las ideas económicas y sensibilidad social, me parecían valiosas. Reconozco, también, que mi juicio sobre su paso por la PCM está marcado por lo que creo un pecado de origen: aceptar un premierato a la primera de bastos, pese a que (se suponía) tenía grandes discrepancias con el estilo, las prácticas y las ideas de García. Creo que en política se debe mantener coherencia entre lo que se dice y lo que se hace; que subirse al carro para hacerse “popular” y reforzar sus pretensiones presidenciales no era correcto. Es verdad que Alan García también tenía con Simon una relación utilitaria. De hecho, Yehude fue muy funcional para difuminar la imagen de un gobierno marcado por la corrupción luego del escándalo de los 'petroaudios’. Así, y al ser la lucha anticorrupción la prioridad en su gestión, el destino de León Alegría se convierte en una metáfora perfecta de lo que terminó ocurriendo. Cuando Simon llegó a la PCM, aquel era una “rata” buscada por la Policía. Ahora está en su 'depa’ en San Isidro, los principales cargos ya desechados y su computadora sellada (por lo menos oficialmente). ¿Qué hizo Simon para enfrentar la corrupción? Digámoslo crudamente: un 'spot’ en donde dice que ya no somos tan corruptos. Es que cualquier persona medianamente informada sabe que, hoy, el problema está igual o quizás peor que antes. Y el tema no es solo ético. La corrupción es una de las grandes amenazas a la credibilidad de la democracia y un freno al crecimiento. En general, Simon tuvo un premierato más que discreto. Peor aún, en varias ocasiones, su afán de ser más papista que García lo hizo defender lo indefendible o maltratar a personas a las que, por muchas razones, debía respeto y agradecimiento. ¿Tiene Simon futuro político? Lo ayudan sus 10 días de activismo post-Bagua en los que se desmarcó de García y, pensando exclusivamente en su propio futuro, jugó por la libre, se reinventó como el “amigo de los apus” y “el político que sí escucha al pueblo”. Ese Vía Crucis final, interpelación incluida, lo ha ayudado a mejorar su imagen en algunos sectores. (¡Qué diferencia con el descontrol de Cabanillas!). Aun así, no creo que muchos vean a Simon como una alternativa viable o confiable. Peor aún si sigue creyendo tan candorosamente que el Apra lo pondrá a la cabeza de una coalición con la “izquierda responsable”.