Domingo 27 de mayo del 2012 | 23°
La abrupta y fallida irrupción del gabinete Del Castillo en el Congreso, el jueves, tratando de neutralizar la censura que se venía, terminó confirmando que quien en su gestión había demostrado gran olfato y muñeca política –además de otras virtudes– estaba políticamente exhausto y su ciclo concluido. Sabemos, además, que su suerte ya estaba echada desde el miércoles por la noche en que García le ofreció el cargo a Yehude Simon. (¿Sabía Del Castillo eso cuando fue al Congreso?). Poner a Simon en el premierato es una movida política muy audaz de parte de García, que daría cuenta que ha comprendido la magnitud de la crisis en la que se halla inmerso. Sin duda ha sido un acierto. Simon reúne los requisitos de independencia, honestidad, competencia y capacidad de concertar que son indispensables en este momento. No se puede dejar de decir que, a menos que sufra una conversión de último minuto, Simon no piensa como García en muchos temas. Si bien sus ideas radicales quedaron en el pasado, se le podría calificar como un hombre de centro izquierda (un “caviar”, ¡qué horror!). Está muy distante del fujimorismo y de un entorno político-periodístico con el que García se siente muy cómodo. Baste decir que Simon estuvo ocho años preso, injustamente acusado de terrorismo por el gobierno de Fujimori; que fue una causa célebre de los satanizados organismos de derechos humanos y, más específicamente, del hoy asediado IDL; recordemos que solo pudo salir libre por decisión del gobierno de Paniagua. ¡Vueltas que da la vida! A Yehude Simon le puede ir bien y con ello apuntalar sus públicas aspiraciones presidenciales. Pero también, y dada la magnitud de los desafíos que enfrenta, le puede ir muy mal. Los retos son inmensos y las zancadillas vendrán de adentro y de fuera. Sus pruebas de fuego inmediatas –las que marcarán su gestión desde el primer día– son el nombramiento del gabinete y el manejo del 'Petrogate’. Como premier, él propone a los ministros. ¿Dejará García que la mano de Simon se sienta? ¿Tendremos un gabinete de a verdad renovado, plural, independiente y que trasmita confianza? ¿Será un premier con poder real? Por cierto, varios ministros salientes insisten que los medios tienen información, que aún no se ha difundido, y que aludirían a otras gentes con poder. En ese supuesto sería fatal para el nuevo premier que alguno de los ministros que se quede haya tenido vínculos no conocidos con esta oscura historia. Ello nos coloca frente al segundo desafío. Simon tendrá que hacer creíble que la lucha contra la corrupción, ahora sí va en serio y no habrá complicidades. (Si, por ejemplo, León Alegría se logra fugar, el mensaje al país será desastroso). Urge que se anuncie de inmediato una política anticorrupción con medidas y actores de gran credibilidad. Urge también que se proponga para la Contraloría a alguien convincente e independiente del poder. Simon empezará su gestión caminando por las arenas movedizas que dejan los grandes pasivos del gobierno y que trascienden la crisis de la semana. (García había bajado a 15% de aceptación, ¡antes de este escándalo!). Ahora bien, toda crisis es una oportunidad y si Simon sabe sortear esos difíciles obstáculos iniciales, podría enfrentar con mejores condiciones los temas de fondo: la crisis internacional y un país cada vez más convulsionado socialmente.