- Viernes, 12 marzo de 2010 | 26 °C
- Actualizado: 16:47 | Escríbanos | RSS Último momento | RSS Ed. Impresa
Opinión | Dom. 07 sep '08
Y la lluvia caerá...
¿Luego vendrá el sereno?
Cada nueva encuesta que sale trae peores noticias para el presidente Alan García, cuya aprobación está cayendo a niveles que hacen inevitable el recuerdo de la accidentada presidencia de Alejandro Toledo. La más reciente mensajera de esas malas noticias es la encuesta de la Universidad de Lima hecha en la capital –la 'sólida Lima’ que le diera el triunfo en el año 2006–, cuya conclusión es que la aprobación al desempeño del presidente García cayó, entre julio y agosto, en nada menos que 15 puntos, y que la desaprobación se elevó en 18 puntos.
Con ello, el balance queda en +25/-72%. Es el peor resultado alcanzado por el Presidente, en la capital, en lo que va de su segundo gobierno. Y las cosas se podrían poner peor en el futuro, a pesar de que la economía peruana sigue creciendo a tasas chinas.
Para entender este crecimiento con malestar social se necesitan explicaciones más certeras que las ofrecidas por los ministros que creen que todo el problema se arreglaría con titulares periodísticos 'positivos’ –como si la gente fuera tonta–, o la que mencionó Pedro Pablo Kuczynski, el viernes en RPP, en el sentido de que con un poco más de 500 encuestados no se puede saber lo que piensa una ciudad de casi 9 millones.
Cualquier texto básico de estadística explica que sí se puede. Lo que esa encuesta –como todas las que se han hecho– nos está diciendo es que, a pesar de estarse experimentando el crecimiento económico más relevante de las últimas décadas, los peruanos andan muy molestos con el Gobierno y, en general, con los políticos de todo sector y color.
Una explicación de este fenómeno está en el incremento de los precios, especialmente de alimentos como el inquieto pollo. Pero eso es solo una parte de la historia. La otra radica en las severas restricciones que imponen la falta de reformas fundamentales de las estructuras sociales del país –salud, educación, seguridad, justicia– y la escasa infraestructura nacional.
La buena noticia es que, a pesar de este chapuzón de las encuestas, el presidente García insiste en un manejo sensato y prudente de la economía. Ojalá que siga así cuando la lluvia se vuelva más intensa, y no ceda a los que le pidan cambiar de arca a mitad del diluvio.
Con ello, el balance queda en +25/-72%. Es el peor resultado alcanzado por el Presidente, en la capital, en lo que va de su segundo gobierno. Y las cosas se podrían poner peor en el futuro, a pesar de que la economía peruana sigue creciendo a tasas chinas.
Para entender este crecimiento con malestar social se necesitan explicaciones más certeras que las ofrecidas por los ministros que creen que todo el problema se arreglaría con titulares periodísticos 'positivos’ –como si la gente fuera tonta–, o la que mencionó Pedro Pablo Kuczynski, el viernes en RPP, en el sentido de que con un poco más de 500 encuestados no se puede saber lo que piensa una ciudad de casi 9 millones.
Cualquier texto básico de estadística explica que sí se puede. Lo que esa encuesta –como todas las que se han hecho– nos está diciendo es que, a pesar de estarse experimentando el crecimiento económico más relevante de las últimas décadas, los peruanos andan muy molestos con el Gobierno y, en general, con los políticos de todo sector y color.
Una explicación de este fenómeno está en el incremento de los precios, especialmente de alimentos como el inquieto pollo. Pero eso es solo una parte de la historia. La otra radica en las severas restricciones que imponen la falta de reformas fundamentales de las estructuras sociales del país –salud, educación, seguridad, justicia– y la escasa infraestructura nacional.
La buena noticia es que, a pesar de este chapuzón de las encuestas, el presidente García insiste en un manejo sensato y prudente de la economía. Ojalá que siga así cuando la lluvia se vuelva más intensa, y no ceda a los que le pidan cambiar de arca a mitad del diluvio.