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Walt Disney era un canalla

2010/01/19
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Al igual que las enfermedades que no producen síntomas, la dictadura más peligrosa es aquella que no pasa por tal. Ambas, enfermedades asintomáticas y dictaduras solapadas, producen efectos catastróficos: en el cuerpo las primeras; en el intelecto las segundas. En las enfermedades todo está casi consumado cuando aparecen los primeros síntomas, mientras que, en las dictaduras, los síntomas solo los perciben aquellos a los que el sistema no ha logrado alienar, aquellos que siguen elaborando sus propios criterios. A las enfermedades asintomáticas se les combate con la prevención, y a las dictaduras solapadas, con el ejercicio permanente del pensamiento crítico y la difusión de una visión diferente a la que defiende el poder de turno. La reflexión nace de mi convencimiento profundo de que en los tiempos que corren –y a nivel universal– existe una dictadura mediática que ha impuesto una visión del mundo que protege los intereses de los grandes conglomerados económicos. Tan exitosa ha sido la difusión de este modelo único de pensamiento, que muchos de quienes se perjudican con él apuestan a su favor. ¿Razones? Esencialmente una: la acción de aplanadora de la inteligencia crítica que cumple la prensa más poderosa del planeta, al difundir una visión de los hechos que, en un gran porcentaje, no coincide con la realidad. Los éxitos propios se magnifican tanto como se exageran los fracasos ajenos. La imagen del mundo actual, tal como la representa la prensa, corresponde a intereses sectoriales y no se refiere, en absoluto, a la realidad. Los correos que recibo a diario me confirman esta pauperización progresiva de la capacidad crítica entre los ciudadanos. Es difícil ingresar a la conciencia del otro cuando este, bombardeado por prejuicios, estereotipos y mentiras, se ha vuelto invulnerable a considerar algo que contraríe la cosmovisión que han incrustado en su alma. Pongamos un ejemplo inactual y ajeno a política, religión o economía. ¿Podría yo hacerle comprender a la gente que Walt Disney era un canalla? Seguramente que no. Mi intento estaría condenado al fracaso pues las puertas de ingreso al pensamiento del otro serían infranqueables a toda opinión que agrediera su imaginario. No valdría de nada que yo les dijera que la relación de Walt con su padre era tan espantosa que ni siquiera fue a su funeral. Que era cruel con sus empleados, a los que aterrorizaba con comentarios humillantes, incluido su hermano Roy, que mantuvo la compañía a flote gracias a su agudeza financiera –y, sin embargo, Walt lo ridiculizaba en público–. Que contrató guardias armados cuando sus dibujantes quisieron formar un sindicato. Que despidió a los organizadores, bajó los salarios y redujo las horas de atención en la cafetería del estudio. Que, además, estuvo asociado a un grupo antisemita del mundo cinematográfico, y rechazaba la idea de contratar a gente de color para trabajar en Disneylandia. Pocos, a pesar de esto, observarán a Disney en el futuro con una mirada más crítica.