Domingo 27 de mayo del 2012 | 23°
Han hecho bien los presidentes Alan García y Rafael Correa en respaldar al gobierno de Evo Morales, cuando este tambalea en medio del enfrentamiento creciente entre fuerzas gobiernistas y opositoras. En la cita reciente en Lima, los presidentes peruano y ecuatoriano también rechazaron los esfuerzos separatistas que ocurren en Bolivia y enfatizaron la necesidad de que esta nación resuelva sus problemas sin la injerencia de gobiernos extranjeros. Esta declaración apunta, obviamente, a Hugo Chávez, quien anda cada vez más tronado aunque con la billetera gorda, lo cual lo convierte en una verdadera bomba de tiempo con patas. Chávez siente que Bolivia es una colonia venezolana, mientras que Morales se comporta frente al locuaz venezolano como su empleadito. Chávez significa para Evo un mentor, padrino, acompañante de aventuras –como expulsar embajadores de Estados Unidos–, y defensor a cualquier costo, lo que se ha expresado en el anuncio de que, si se produce un intento de golpe a Morales, el Gobierno venezolano intervendrá en territorio boliviano para armar cuantos Vietnams sean necesarios. El que le ha salido a responder a Chávez no es Morales, como debiera ser, sino el comandante en jefe de las Fuerzas Armadas de Bolivia, el general Luis Trigo, quien ha dicho que su institución no permitirá “intromisiones externas de cualquier índole, vengan de donde vengan”. El comentario es relevante, pues en contextos de fragilidad institucional, las Fuerzas Armadas pretenden erigirse en la tutela de una nación. ¿Puede haber un golpe militar en Bolivia? Se lo pregunté, hace un par de días, en RPP, al ex presidente Carlos Mesa, y en su opinión, dicho escenario es muy poco probable porque la cúpula militar está muy vinculada a Morales. Sin embargo, un factor que suele mover a las Fuerzas Armadas de cualquier país a tener una participación mayor es cuando se presenta el riesgo de la desintegración, que es lo que le viene ocurriendo a una Bolivia que, por muchos aspectos, ya parece una nación inviable. Para el Perú, es crucial estar listos para un eventual agravamiento de la situación boliviana, pues es obvio que un despelote, mayor aquí nomás en el barrio, nos va a afectar.