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La vida de Miraflores

2009/11/18
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Hay que agradecer y reconocer el gesto que ha tenido el alcalde de Miraflores, Manuel Masías, al donar un terreno para la construcción del Museo de la Memoria. El terreno, que tiene un espacio suficiente, está ubicado en una zona accesible para muchos, y sabemos que el proceso que llevará a la construcción del Museo sigue en buen pie. Si bien es verdad que cometió un error al negar el parque Kennedy para la Feria del Libro, el alcalde Masías ha acertado en que Miraflores, que fue escenario de protestas contra la dictadura de Fujimori y del atentado de Tarata, sea el distrito del Museo. En los últimos días, no he leído ninguna felicitación a las autoridades miraflorinas por la concesión. Es un antiguo mal. Somos magníficos para la diatriba y tardíos en el reconocimiento, quizá porque tiene menos efecto. A propósito de Miraflores, quien se acerque a la galería Fórum puede apreciar los cuadros que ha pintado a lo largo de este año Fernando de Szyszlo. Las imágenes de De Szyszlo –y el esplendor de su penumbra– siguen siendo asombrosas y cautivantes. De algún modo, la vida y la muerte parecen fundirse gracias al diálogo entre la densidad del color y la potencia de las sombras. No es frecuente que un pintor haya logrado una obra tan consistente a lo largo de varias décadas. Esa tensión creativa, esa apuesta al sueño inmortal del arte frente a la muerte, es la que puede verse en estos cuadros de De Szyszlo y su sabia juventud. No lejos de allí, en el Instituto Cultural Norteamericano, aparecen las épicas fotos de Courret y, en ellas, la Lima del siglo XIX. Color y sombra, vida y memoria: homenajes de Miraflores.