Política | Sáb. 19 jul '08

Víctimas de La Cantuta al fin descansarán en paz

Restos de profesor y de 9 estudiantes fueron paseados ayer por instalaciones de universidad. Esta mañana serán sepultados en un mausoleo del Cementerio El Ángel, en Lima.
Dieciséis años después de que murieran a manos de un grupo de sanguinarios, los restos de las víctimas de la matanza de La Cantuta regresaron a esta casa de estudios para ser velados por primera vez y recibir un homenaje póstumo de la comunidad universitaria.

En seis pequeños ataúdes, los restos de ocho de los diez fallecidos fueron paseados por los pabellones de la universidad Enrique Guzmán y Valle, que los acogió hasta que el grupo Colina los secuestrara y, de un disparo en la cabeza, acabara con sus vidas.

Se sabe que solo el cuerpo entero del estudiante Luis Enrique Ortiz Perea pudo identificarse plenamente. Algunos restos de Dora Oyague Fierro y de Bertila Lozano también pudieron conservarse. Sin embargo, el equipo de forenses no pudo establecer si dentro de ese grupo de restos preservados también se encuentra Armando Amaro Cóndor y el profesor Hugo Muñoz Sánchez.

Pese a ello, sus deudos se aferran a la idea de que al fin las diez víctimas descansarán en paz, no solo porque hoy podrán ser sepultados en un mausoleo del Cementerio El Ángel, sino porque, además, sus asesinos están tras la rejas y, después de años de lucha, han logrado que Alberto Fujimori se encuentre a las puertas de ser sentenciado como autor intelectual de la masacre.

“Sentimos una gran satisfacción de haber hecho un buen trabajo como familiares, de haber logrado arrancar la impunidad, de haber logrado la extradición de Fujimori y de que sea sometido a la justicia por este crimen. Ahora estamos tranquilos de que nuestros familiares, en este contexto, puedan ser enterrados”, expresó Gisela Ortiz, hermana de una de las víctimas.

Por la tarde, desde Chaclacayo, los féretros fueron trasladados a la iglesia La Recoleta, del Centro de Lima, donde se ofició una misa de recordación y, luego, se continúo con el velatorio.

Como dice Gisela Ortiz, de este acto de insanía los peruanos podemos sacar muchas lecciones de vida, “podemos rescatar un mensaje de solidaridad y de tenacidad de las luchas porque fuimos capaces de hacer que nuestros derechos se respeten: el derecho a la verdad y a la justicia, pero también, como ciudadanos, tenemos la responsabilidad de que estas historias no se vuelvan a repetir y la única forma de hacerlo es castigando a quienes tienen responsabilidades más allá del cargo que ocupan”. Solo nos queda agregar: ¡Que no se repita!


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