Tomo prestado el título de la novela de Jacqueline Susan, para especular en torno a ciertas señales sobre lo que podría ser el escenario político que veremos desplegarse.
Están en primer lugar las declaraciones de Alan García en una entrevista publicada en El Comercio. En ellas, lo más destacable -obviando el tono autoritario que ha convertido en una especie de sello personal- es la insinuación de un escenario reeleccionista. No se plantea directamente la reelección; el apoyo popular es todavía muy ralo, pero los globos de ensayo se están soltando. Esto se suma a otro indicador para tener en cuenta: la continua alusión al año 2016 -y no al 2011, cuando termina su periodo constitucional- como horizonte de las metas que García se plantea, incluida la fallida propuesta de Lima como sede de las Olimpiadas.
¿La propuesta reeleccionista es un hecho? Creo más bien que es una posibilidad que ronda la mente presidencial. Para que se cristalice tendrían que darse varias condiciones.
En primer lugar, una reversión consistente del escaso apoyo popular que García ha conseguido hasta ahora. El debate en torno a la reducción de la pobreza es, por eso, importante. En política las imágenes cuentan mucho. Lo es, también, el hecho de que el gobierno se haya visto obligado a eliminar los subsidios a la gasolina: nuestro supuesto "blindaje" frente a una recesión mundial va a ponerse a prueba, y está por ver en qué medida afectará esto la economía popular.
La alarma de la derecha por un probable rebrote "populista" no está descaminada. Aparentemente la vía fácil a la gloria sería invertir la pauta de su primer gobierno, que tuvo dos años de gran apoyo popular, en base a redistribución inflacionaria, seguidos
por tres años de desastre económico (y de popularidad).
La fórmula ahora sería dos años de austeridad para hacer caja, seguidos de tres años de sostenido gasto social (con ovación popular).
Si García consigue mejorar su apoyo, ¿podría lograrse una reforma constitucional ad hoc? La ruta más fácil sería la alianza con el fujimorismo. Contando con la fragmentación de la oposición existente y la manipulación del transfuguismo -como se ha procedido para dar aire de pluralidad al gabinete ministerial y para constituir la actual Mesa Directiva del Congreso- nada es imposible. En este hipotético escenario, el problema mayor serían los plazos.
Por supuesto, puede aducirse que exagero la importancia de algunas señales vagas, pero García es un político que no suele dar una puntada sin hilo, por lo que mejor es escucharlo.
Los compañeros presidenciables debieran empezar a preocuparse.