Domingo 27 de mayo del 2012 | 19°
A raíz de la sonada denuncia sobre los ingresos de la señora Nadine Heredia, se ha dicho que hubo violación del secreto bancario (muy probable), que se trata de una venganza política (algo de eso hay), o que el Congreso no debería meter su cuchara en esto (absolutamente de acuerdo). Sin embargo, estos cuestionamientos no pueden opacar un hecho fundamental: la población tiene derecho a exigirle claridad en sus ingresos a todo aquel que pretenda asumir un cargo público como la Presidencia de la República. Y si la duda alcanza a sus parientes cercanos, pues, también tendrá que estar dispuesto a aclarar lo que necesite ser aclarado. Por eso reaccionó mal la pareja Humala-Heredia que, en lugar de salir a responder con transparencia y serenidad, desarrolló un pésimo discurso del tipo “a mí no me revisa nadie”. Lo que hemos visto hasta ahora, sin embargo, no es nada. Como en toda campaña electoral, en la que se viene las distintas agrupaciones políticas tocarán mil puertas para solventar los gastos de su campaña. No tiene nada de malo que la empresa privada o un ciudadano cualquiera apoye al candidato de su preferencia. Poner dinero en favor de una candidatura es la forma de apoyar el modelo de desarrollo en el que uno cree. Es defender determinada visión de futuro. O, por lo menos, así debería serlo. Sin embargo, tal como señalaba el propio premier Yehude Simon en una reciente entrevista que me dio para la revista Poder, nuestros empresarios están demasiado preocupados por sus propios intereses y, por eso, nunca quieren decir a qué partido político aportan en las campañas electorales porque, en realidad, suelen apostarles a todos. ¿Cuál es el fin de jugarles a todos los números de la ruleta? Pues, ganar de todas maneras para, después, tener algo que cobrar. Ojalá que todo este escándalo de las cuentas de la señora Heredia nos sirviera para que en las campañas electorales que se vienen por lo menos exijamos más claridad no solo en el origen de los aportes, sino, y sobre todo, en los compromisos que se asumen una vez que se acepta el chequecito.