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V Cumbre ALC-UE: las palabras y los hechos

2008/05/19
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El balance de la V Cumbre ALC-UE varía de acuerdo con las expectativas de cada quien. El Gobierno, los sectores empresariales y sus representantes en los medios la han celebrado como un gran triunfo, sobre todo por el acuerdo logrado entre los miembros de la CAN en torno a la negociación con la UE -que define que esta se realizará a partir de un "acuerdo marco flexible"-, lo que es leído como un avance decisivo en el camino hacia la suscripción de un TLC con el viejo mundo. Hasta dónde esto supone, o no, un cambio real se verá recién en la reunión operativa del 12 de junio, en que se debe "perfeccionar" el acuerdo. Por lo pronto, las declaraciones de los presidentes andinos muestran distintas lecturas de lo que puede representar el "acuerdo marco flexible". La UE, por otra parte, no ha variado su decisión de negociar con la CAN como un bloque. Parece poco realista esperar un cambio drástico a corto plazo, y la suscripción de un TLC para el 2009, como lo viene anunciando la Cancillería. Para Bolivia y Ecuador la propuesta de García en la Cumbre es apenas una variación sobre su oferta, anterior a la cumbre, de suscribir un TLC unilateral entre el Perú y Europa. De allí la invocación de Evo Morales a la UE para que no divida a la CAN. Ha habido una evidente discrepancia entre la agenda oficial de la V Cumbre ALC-UE y los objetivos del gobierno de Alan García. Los dos grandes temas de la Cumbre, la lucha contra la pobreza y el cambio climático, no han sido la prioridad de García, mientras que la suscripción de un Tratado de Libre Comercio -su gran afán- no era un tema que le interesara a la UE tratar en esta reunión, y menos aún al margen de los otros dos temas que consideran parte de un paquete no divisible: la cohesión social (que los europeos insisten en recordar que supone no solo la "cooperación económica", aunque sus interlocutores insistan en limitarla a eso), y el diálogo político. Alan García persiste en el "chorreo" económico: la idea de que basta con crecer. Pero la experiencia histórica muestra que la lucha contra la pobreza supone, más allá de los discursos, políticas redistributivas concretas. Es ilustrativa la experiencia de Brasil, donde 14 millones de brasileños han subido del estrato socioeconómico D al C entre el 2003 y el 2006. La clave es un Ministerio de Desarrollo Social que afronta la redistribución con un presupuesto que el 2004 era de US$8,500 millones y que ha subido a US$17 mil millones para el 2008, esto aparte del presupuesto de educación y salud. Los datos provienen de un excelente informe publicado por Caretas, en relación con la cumbre.