Además:

“Uno no escoge historias como Lucanamarca; ellas nos eligen”

2009/05/04

Se ha presentado Lucanamarca, conmovedor trabajo que nos muestra cómo los estragos de la masacre que, en 1983, reveló la naturaleza de Sendero Luminoso existen hasta hoy, 25 años después. Conversamos con Héctor Gálvez, codirector del documental junto con Carlos Cárdenas.

Compartir

"El 3 de abril de 1983, una columna de Sendero Luminoso ejecutó un acto punitivo en Lucanamarca. Asesinó a 69 personas, hombres, mujeres y niños. Fue el primer acto de esta naturaleza que hizo Sendero Luminoso contra civiles y uno de los casos por los cuales sentenciaron a Abimael", explica. ¿Por qué se interesó en este tema? Carlos (Cárdenas) y yo, y TV Cultura, la productora, trabajábamos cerca de la Comisión de la Verdad y Reconciliación. A Carlos le interesaba cómo los conflictos seguían hasta ahora en las poblaciones que habían sufrido la violencia. Cuando un equipo de la CVR fue a Lucanamarca a levantar información, yo fui para ver qué había. Fue en 2002. Cuando la CVR decidió hacer una exhumación, decidimos ir a grabar. ¿Cómo hicieron? Grabamos un poco antes de la exhumación del Equipo de Antropología Forense y del Ministerio Público. El 1 de noviembre, el Día de los Muertos, la gente siempre echaba flores en los lugares donde había muertos. Luego cubrimos los 15 días de exhumación –se exhumó 69 cuerpos–. En ese momento, la población hizo una regresión. Hablaba de lo que había pasado. Pongámonos en su sitio: la masacre sucedió en el 83 y la CVR fue en el 2002. Pero había otro lado. ¿Qué encontraron? Encontramos lo que le da sentido al documental, porque lo mismo pasó en muchas comunidades del país. Lucanamarca era un sitio totalmente aislado. Una persona nos dijo que, cuando llegó Abimael, pensaron que era presidente del Perú. “Él decía que tenía el poder. Llegaron con armas. No sabíamos quién era Belaunde. Bueno, ellos serán”. Luego llegó el Ejército y se encontraron entre dos fuegos. ¿Cómo empezó todo? Sendero nombró líder de Lucanamarca a Olegario Curitomay, un chico de quinto de secundaria. Se dice que él empezó a hacer arrasamientos: les quitaba ganado a los que más tenían y se lo daba a los que menos tenían. Y asesinaron a una familia entera. Entonces, la población reaccionó. El Ejército había pedido que entregaran a los senderistas. Y la población capturó al joven Olegario y lo quemó en la plaza. Menos de un mes después se produjo la matanza de Sendero. Pero hubo sobrevivientes... En las estancias mataron a todos: hombres, mujeres y niños. Una chica, que ahora tiene 30 años, perdió a su papá, a su mamá y a sus cinco hermanos. Ella logró escapar. Llegados a la plaza, separaron a varones y mujeres. A ellos, parados en la fachada de la iglesia, los mataron a golpe de hacha y bala. La idea que tenían era meter a las mujeres al concejo y quemarlo. Pero un niño se subió al campanario de la iglesia y tocó la campana, dando la voz de que llegaban los 'sinchis’. Entonces, la columna de Sendero se retiró. Buscamos al niño. Nunca lo encontramos. Solo sobrevivieron las mujeres. Y algunos hombres. Una persona tenía la herida de hacha y de bala. Y el alcalde tiene la herida de la bala. Pero hubo más víctimas. Al día siguiente, la gente colgó a los padres de Olegario en la plaza. El hermano de Olegario, Honorio, se tuvo que ir del pueblo. Él regresó a Lucanamarca cuando llegó la CVR, porque él también era víctima de la violencia. Recuperó los restos de su hermano, pero no le dejaron enterrarlos en el cementerio. Él conserva el cráneo de su hermano. El drama es interminable... Hay familiares de víctimas que exigen a Honorio que devuelva lo que su hermano les quitó. Pero él también perdió todo. Y el aislamiento sigue en Lucanamarca. El presidente fue en el 2003 a prometer cosas que no se cumplieron. Este documental no tiene respuestas; solo plantea más preguntas. No hay una verdad. ¿Cuánto demoró? Seis años: empezó en 2002 y terminó cuando se leyó la sentencia de Abimael Guzmán en la plaza de Lucanamarca. El documental no tiene locución en off ni especialistas hablando. Toda la historia la cuentan los protagonistas. ¿Por qué hace esto? Usted no fue tocado directamente por la guerra. Yo no sabía mucho de esto hasta el 2000. Sabía lo que todos sabían. En la etapa de la Comisión de la Verdad y de las audiencias públicas escuchamos tantas historias. He querido escribir de otra cosa, pero tengo que exorcizar esto. Eso dicen: uno no escoge las historias; las historias lo escogen a uno.