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Uno, dos y tres...se esfuma otra vez

2010/02/03
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Como si se tratara de una historia salida de las Mil y una noches, la saga de la empresa Comunicore nunca termina. Primero fueron bendecidos por los dioses y ganaron 21 millones de soles en escasos días sin ningún esfuerzo, sin siquiera para quitarse el saco o levantarse del asiento. El milagro de Navidad ocurrió porque la municipalidad de Lima cambió sorpresivamente de opinión y decidió que, en lugar de pagar una deuda en 120 mensualidades, lo haría íntegramente, al contado y de inmediato. Como la empresa Comunicore acababa de comprarle al acreedor de la municipalidad, Relima, la deuda de 36 millones en 14.6 millones (40% del monto original a valor de mercado, ya que tenían que esperar 10 años para cobrarlo), la generosa decisión de la comuna de Lima fue como si se les hubieran abierto las puertas del cielo. Pero, como no se juega ni se arriesga con la fortuna divina, fueron precavidos, decidiendo desaparecer la empresa, no vaya a ser que los dioses ya no les sonrían. Así que transfirieron todos los fondos a cuentas en el extranjero y se retiraron rápidamente de la compañía, nombrando en su lugar a una gerente general que es analfabeta y a dos directores, uno cerrajero y el otro vendedor ambulante, que ni el nombre de la empresa recuerdan. También le cambiaron la razón social, para lo cual realizaron una junta general en La Oroya –que para una empresa de Lima no parece ser lo normal–, reunión que los nuevos accionistas tampoco recuerdan. En todo caso, hoy la empresa ya no opera y figura como no habida para la administración tributaria. Así que, a los tres meses del milagro de Navidad y de haber cobrado 36 millones de soles al contado, la compañía, en tres rápidos actos, por arte de magia y para todo efecto práctico, se había esfumado. Más aún, la fortuna los sigue acompañando ya que la Contraloría está muy ocupada en otras municipalidades más pequeñas y el Congreso no se ha interesado. Así que somos de los pocos que nos preguntamos cómo lograron ser tan afortunados los directivos de esa pequeña empresa, sin futuro ni pasado, para haberse visto tan beneficiados. Creo que, en lugar de desviar su atención participando en comisiones que pontifiquen sobre el largo plazo de la corrupción, tanto el Parlamento como la Contraloría se deberían responsabilizar en investigar a fondo este escándalo.