Domingo 27 de mayo del 2012 | 23°
Con el anuncio del alcalde de Lima de que no buscará la reelección, ya que intentará sentarse en el sillón de Pizarro, se ha dado inicio a la campaña municipal de este año. Así que, antes de que el desfile de candidatos, el debate electoral y las encuestas acaparen nuestra atención, creo importante reflexionar sobre la situación actual de los gobiernos locales. Es evidente que las municipalidades se van quedando rezagadas en una economía moderna, convirtiéndose en el reducto de una burocracia obstruccionista que parece salida del siglo XIX. Las exigencias y cargas al ciudadano son desproporcionadas en relación con el servicio que prestan. Las trabas a la inversión y el tiempo que toma lograr una licencia de funcionamiento ahuyentan el empleo para su población. La burocracia municipal fomenta la informalidad. Asimismo, si ejecutan obras, son inevitables los escándalos y retrasos; pero, cuando ocurre un desastre natural en su localidad, nunca están preparados. Salvo contadas excepciones, la sensación que dan los 1,800 gobiernos municipales es que contribuyen muy poco y constituyen, en realidad, un pasivo para el ciudadano. Esta semana, por ejemplo, en las inundaciones en Cusco, los alcaldes brillaron por su ausencia y la desorganización inicial fue caótica y total. Asimismo, en el caso que reportamos hoy, de la persona fallecida en una operación de cirugía estética, la Municipalidad de San Borja recién se ha dado cuenta de la existencia de una clínica clandestina pese a la llamativa fachada de su edificio y a la página web ofreciendo sus servicios. Por otro lado, los retrasos de meses en las obras municipales en todos los distritos de Lima son cada vez más frecuentes, y uno siempre se pregunta si es por incompetencia o negociado. Sin embargo, cuando el Ministerio de Economía presentó su programa de modernidad municipal condicionando transferencias al logro de metas, el rechazo fue inmediato. Ni siquiera existió voluntad para escuchar y dialogar antes de reclamar recurriendo a la demagógica cantaleta usual de que la medida (como todas las que no son de su agrado) vulnera la autonomía municipal. Por todo ello, aprovechemos esta oportunidad para exigirles a todos los candidatos que se comprometan a programas integrales de reforma que, al menos, nos den la esperanza de que las municipalidades dejarán de ser un bastión burocrático y corrupto del pasado.