Además:

¿Ud. es Telémaco o quedó en Edipo?

2009/11/10
Compartir

“Mi padre era un malvado conmigo. Si mis hermanas quieren visitarlo, allá ellas. Yo no quiero saber que existe. Mi mamá sí era una santa.” Año 2004, Max tenía 42 años. Muchísimos padres maltratan a sus hijos varones. A ellos les cuesta aceptar que la madre no era santa sino agresora pasiva- que permite el maltrato-. Es más difícil cuando han quedado fijados a la madre como niños a una teta. Para poder crecer como personas es imprescindible reconciliarse con el padre interno, el que podría ser entendido como el conjunto de sentimientos, emociones y pensamientos que este nos ha despertado. Con su presencia o ausencia. ¿Como hacerlo? Quizás seguir el proceso de Max, quien hace poco dijo: “Dra., un día en que se me vino el rencor, miré lo que estaba sintiendo, pero no me quedé allí. Mientras sentía esa llamarada, se me vino a la cabeza que él no lo había hecho a propósito, que a él también lo habían dañado. Era trabajador como yo. Pensando esto, mi rencor fue perdiendo fuerza”. En la mitología griega varios personajes muestran las complejas relaciones entre padre e hijo: a) Edipo, que mata al padre y contrae nupcias con la madre. 2) Orestes, que se reafirma como hijo matando a Egisto -amante de su madre- para vengar el asesinato de su padre Agamenón; y 3) Telémaco, quien con menos de 11 años ve que su padre Ulises marcha a la guerra de Troya; lo espera, apoya a la madre y busca identificarse con el ausente. Finalmente celebra su regreso. Max -como Edipo- había matado simbólicamente a su padre al no querer saber nada de él. Con el tiempo pudo llegar a ser Telémaco al comprenderlo, reconocer su lado bueno y una vez vencido el rencor, sentir cariño por él. ¿Y si el padre ya falleció? Igual debe darse la reconciliación en la interioridad del hijo. Incluso si no se le conoció. Gracias a él se vive.