Además:

Tú no eres como ella

2010/01/13
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Quizás nunca lo has dicho, pero te puedo asegurar que lo has pensado, y el recuerdo acabó por trasladarte a sus besos, a sus abrazos, a su cuerpo. Sin necesidad de dramatizar, estás pensando en este momento en cómo era tu ex y en cómo es tu amante actual. Comparas hasta su manera de moverse sobre ti. Mides el nivel de tus orgasmos y cuantificas las veces que te estremeciste de placer en otro cuerpo. Anotas mentalmente detalles: con mi ex era más fogosa, como que me salía del alma ser una loba, morder y decir palabrotas. Con mi actual pareja soy una niña buena, no me atrevo, no puedo soltarme. ¿O quizás no me excita tanto? ¿O de repente no siento amor? Yo no sé si todos, pero creo que demasiados (y no me pidan cifras, y tampoco estudios) han comparado a la pareja del momento con su ex, sea el más reciente o el más antiguo, o el que ostenta la categoría de “gran amor”. Debo confesar que he caído en ello y que no me ha ido bien porque, además de sentirme boba y desconsolada, he perdido tiempo valioso que debía dedicarle a quien entonces estaba a mi lado. Sobre este tema –que me hace acordar a una salsa vieja que instaba a comparar (claro, el que cantaba se ufanaba de ser el mejor)– hablaba con unos amigos, chicas y chicos base 3, casados y solteros, de novios y solos, heterosexuales y gays. Gracias a ellos pude elaborar una lista de cinco cosas frecuentes que nos ponemos a comparar inútilmente. 1Él la tenía más grande y gruesa. Aunque se diga que el tamaño no importa, las mujeres –con las respetables excepciones, entre ellas mi mamá, que jamás comparó la de mi papá y la de su actual esposo– hacen referencia a los miembros de sus amantes. Las que no se callan nada compartirán la inquietud con sus amigas. Y el comentario se hará chisme, y todas estarán en capacidad de cerrar los ojos y delimitar –y sentir– el falo en exhibición. Las que son tímidas para estos teman lo piensan y, a veces, en las circunstancias menos propicias: cuando llevan el actual dentro. 2Ella lubricaba más y era más profunda. Un clásico tema, de discusión o de pensamiento. Aunque tengo la sospecha de que los hombres se callan más el asunto, pues tienen la natural manía de demostrar al mundo que sus mujeres lubrican y se dejan penetrar como ellos quieren, lo cierto es que se trata de una angustia frecuente y bastante riesgosa. Si tu chica actual no lubrica como la anterior, un razonamiento simple y sencillo te lleva a concluir que la primera (es decir, la ex) te deseaba más, y ya no está contigo, y ya te la perdiste, y ya te arruinaste la noche. 3 “Llego más rápido y mejor cuando me tocan el clítoris así… Mira, te voy a explicar”. Se agradece la ayuda. Nada mejor que una mujer guía, capaz de pensar en su placer y el de los dos, pero hay frases que debemos descartar de plano porque tanto la que lo dice como el que lo escucha cae en el agujero negro del pasado. La autora de la frase se ha remontado, sin querer, a ese amante que tan buenos orgasmos le provocó, y el que está al lado de la chica del clítoris piensa que aquel fue mejor, que ella disfrutó tanto, pero tanto… que no lo ha olvidado. 4“A todas les gusta esto…”. Si tu objetivo es recibir un buen fellatio o que se te conceda 'permiso’ para tener sexo anal, lo peor que puedes hacer es decirle a tu chica cómo les gusta a todas. La palabra TODAS es fatal, para ti y para ella. Para ti porque comparas y, al hacerlo, los recuerdos afloran. Recuperar imágenes de sexo pasado es una operación sencilla que, en algunos casos, tiene hasta olor, lo cual es fatal para la relación en marcha. 5Dormir con la pareja es una situación que tiene mucho de sexual, no solo por lo que puede pasar al despertar, sino por los roces que se producen en las horas muertas de la madrugada. Creo que el buen sexo no termina cuando los cuerpos se despegan, sino cuando ambos duermen en el mismo espacio y uno y otro se buscan a pesar del cansancio. La primera noche es clave y determinará, en parte, el éxito de la relación. A la hora del café, en algún instante de silencio, te preguntarás si fue igual que con el anterior. Y cerrarás los ojos y recordarás cómo dormía él, si te buscaba de madrugada para hacerlo, si te dejaba dormir, si se subía sobre ti en lugar de decir buenos días. Nada más triste que pasar la mañana entera recordando a quien ya no duerme contigo.