Domingo 27 de mayo del 2012 | 19°
Una amiga me cuenta un episodio que me parece interesante, y acaso divertido. Hace poco, en un 'gran’ hotel de Miraflores, alguien invitó a 600 personas a celebrar su cumpleaños. Cuando los invitados –todos del mismo nivel social y económico del anfitrión– se encontraban en plena fiesta, apareció un cantante de música popular de última generación, es decir, de los que busca fusionar la música andina con la cumbia y otros ritmos caribeños: la mitad del público reaccionó con estupefacción, pero la otra celebró al cantante, al punto de que muchos se subieron al escenario. Un cantante de cumbia andina en un show así habría parecido extraño hace algunos años. la música, junto con la comida, son manifestaciones que expresan instintos básicos de una sociedad o un sector social. Quizá los dos hechos reveladores de estos últimos años han sido la valoración de la comida y la música popular por las clases altas, un proceso cuyos exponentes hoy son Gastón Acurio y cantantes como Pepita García Miró. La transfusión musical de un grupo social a otro es una señal de la polinización cultural entre los segmentos de nuestro mosaico. Es aquí, en las conciencias y los instintos –y no en la letra de los decretos– donde se forma una sociedad. Un proceso que tarda. Esperemos que llegue.