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Tolerancia Cero en versión aprista

2008/08/23
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Los apristas defienden a los suyos, de eso no cabe duda. Ahí están la congresista Tula Benites; el ministro del Interior, Luis Alva Castro, o el jefe de Foncodes, Carlos Arana, para quien quiera ejemplos. Ahí están las tres presidencias del Congreso, trabajadas voto a voto, con promesa, con premio o componenda con cada reclutado del oficialismo. “No pasarán” es el grito para alargar la acusación hasta el infinito en el caso de Benites, neutralizar votos para una censura a Alva Castro (cuya gestión sigue siendo una falta de respeto a la tranquilidad pública) o para respaldar a Arana y hasta a su padrino, Agustín Mantilla, convertido hoy, por palabra de la ministra de la Mujer, en un “hombre honorable”. Pero, si el funcionario no es aprista, la cosa cambia. Ahí está Pilar Mazzetti para contarla. Y ahora viene, si he observado bien el juego en el Congreso, Verónica Zavala, titular del MTC. Los compañeros decidieron hacerla pasar por el trámite de la interpelación. Bien por la oposición, porque ese es su trabajo y hay varias cosas que merecen una explicación pública. Mal pronóstico para el futuro del ministerio. ¿Qué hay de tanto valor en el Ministerio de Transportes y Comunicaciones? Lo obvio. Solo en transportes, millones de dólares en contratos de obra pública. Si este gobierno quiere construir 5,000 kilómetros de carretera asfaltada en cinco años, a un precio promedio de un millón de dólares, hay 5,000 millones de dólares sobre la mesa. Un bocadazo. Y ahí la ministra tiene una enorme debilidad para el régimen. Es honrada. No digo honrada, digo honradísima. De esas que caminan varios kilómetros para devolver 10 centavos. No me lo han contado; lo sé porque la conozco desde hace varios años. Mucho antes de que tuviera poder alguno. No se qué hace una mujer justa en Sodoma. Yo le diría que salga corriendo sin mirar atrás, no sea que se convierta en estatua de sal. Pero ella, al igual que un grupo pequeño de personas inteligentes, tiene la desgracia de creer que desde el Estado se pueden hacer cosas buenas. Tolerancia Cero fue, desde el principio, un esfuerzo desesperado por hacer visible un problema que era invisible. Tuvo la ingenuidad de ponerle un nombre al sistema de inspecciones que la hizo vulnerable desde el primer minuto y enfrentó, sin medirlo, al gremio más cunda e informal del país, que la quiere bien lejos. ¿La censurarán? Conociendo a los 'compañeritos’, es lo más probable. Aunque hoy día mueran menos en las carreteras y más en las calles de Lima, una ministra debe ser ofrecida en sacrificio y esta se cae de madura.