Domingo 27 de mayo del 2012 | 23°
Luego de que Kina Malpartida defendiera exitosamente su título mundial, uno esperaría que su valor y dedicación fueran copiados por el Gobierno. Lamentablemente está ocurriendo lo contrario, y este parece estar tirando la toalla al terminar el tercer round anual de una pelea pactada a cinco años. No podemos, de otra manera, entender por qué el Apra está tratando de asumir el control del Ejecutivo en la hora más difícil de este gobierno. Más bien, lo que se requiere hacer es justamente lo opuesto: convocar a más técnicos e independientes en lugar de 'compañeros’ para mejorar la gestión gubernamental, y disminuir la marcada polarización que se está produciendo. En estos momentos, cerrar filas dentro del partido como un mecanismo defensivo sería condenar al país a tener que sufrir dos pésimos años como los que vivimos al final del anterior mandato. Más preocupantes aún son los nombres que se están barajando. Javier Velázquez Quesquén ha tenido, desde todo punto de vista, una presidencia del Congreso que ha sido de mediocre para abajo, matizada, incluso, por escándalos. Recordemos los pasajes aéreos, los vales de gasolina y el encubierto resarcimiento de gastos operativos o, mejor dicho, salarios para los parlamentarios. Asimismo, la grave denuncia contra su secretaria personal por tener una empresa que ganaba lucrativos contratos de obras con el Estado. Como si eso fuera poco, en transparencia administrativa, acceso ciudadano a la información y calidad legislativa, también sale desaprobado. Finalmente, tenemos la denuncia que publicamos hoy sobre el copamiento de 'compañeros’ y de paisanos en una inflada planilla del Parlamento. En realidad, es difícil entender qué se estaría buscando con su eventual nombramiento –o el de algún otro dirigente del partido– al premierato. Salvo que deseen que repita el comportamiento que tuvo en el Congreso, pero en un escenario mil veces más amplio como es el Estado. A diferencia de un boxeador, el Gobierno no puede tirar la toalla y dejar de pelear o abrazarse el resto de la pelea al rival para llegar como sea al final. Por ello, Alan García tiene la obligación de buscar un gabinete que aporte y sume al futuro del país hasta el último día de su mandato, no uno que, simplemente, vea el interés partidario en el corto plazo. De esos tuvimos en su anterior gobierno y llevó más de 10 años recuperarnos.