Domingo 27 de mayo del 2012 | 23°
Ya estuvo bueno de buscarle tres pies al gato con la cantaleta esa del terrorismo supuesto de Yehude Simon, como excusa para vender gato por liebre y querer justificar cualquier cosa. El problema del flamante premier no es su pasado, sino un presente complejo que vuelve incierto –y quizá breve– su futuro al frente del gabinete ministerial. El pasado político de Simon ha pretendido ser usado en estos días por más de un sector. Por ejemplo, un par de congresistas fujimoristas –Carlos Raffo y Rolando Sousa, el socio del abogado del procesado en la Diroes– ha salido con todo con el objetivo de marcar distancia de la gestión de Simon, así como de manifestar su incomodidad por el hecho de tener un segundo premier en el actual gobierno aprista que no sea acólito de sus posiciones, a pesar de que ellos han contribuido bastante con el mismo. Más ridícula aún es la renuncia reciente del general Jorge Cárdenas a la Dirección de Inteligencia del Ministerio del Interior, aduciendo que no podía continuar en el cargo por la presencia de Simon en la PCM. A este general lo iba a botar de todas maneras el nuevo ministro. Además, Cárdenas no parece haber actuado con mucha diligencia cuando Rómulo León se escapó sin problemas y luego de que la ministra de Justicia proclamara que el del 'faenón’ ya estaba 'rodeado’. Seguramente en los días siguientes vamos a seguir escuchando argumentos absurdos como estos, que buscan camuflarse con el pasado político del premier. Pero mejor será concentrar la atención en su futuro, el cual sí es verdaderamente complicado. La primera semana de Simon al frente del gabinete ha sido suficiente para hacer evidente que, apurado por la crisis política que tenía por delante, el presidente Alan García no tuvo el tiempo apropiado para armonizar ideas con su nuevo premier. Los recortes en el presupuesto o las prioridades de la política económica son solo dos asuntos que reflejan que García, Simon y el resto de ministros deberían tener una encerrona para debatir varios asuntos pendientes con el fin de que la sinfonía de esta orquesta improvisada sobre la marcha no suene tan desafinada como hasta ahora.