Domingo 27 de mayo del 2012 | 23°
Que Obama pida más dinero para luchar contra el terrorismo puede significar tres cosas: que el presidente ha perdido todo sentido de las proporciones, que el terrorismo es una especie de monstruo cuya peligrosidad solo los estadounidenses perciben, o que, finalmente, se pretende seguir abonando el camino de la guerra para poder justificar ulteriores intervenciones militares. Me inclino por la última interpretación. El terrorismo –más allá de ataques aislados en regiones donde EE.UU. ha abonado el terreno y donde algún psicópata quiera ganarse el cielo estallando un avión– sería, en un mundo normal y manejado con la mirada puesta en el bienestar general, un problema policial menor. La reciente y, para mí, mentirosa aparición de Bin Laden, es una prueba de la pobreza argumental de los gringos para defender sus presupuestos y sus delirios bélicos. En realidad, bastarían servicios de inteligencia adecuados, y no las actuales superestructuras manejadas por psicóticos y paranoicos, para controlar este flagelo que, en la práctica, no es otra cosa que una excusa para llevar adelante el sueño idiota de la guerra infinita. El presupuesto enviado al Congreso es de 3.83 billones de dólares para el 2011 –con un déficit previsto de 1.56 billones, con los que se superaría el nivel histórico del año pasado, que fue de 1.41 billones–, con lo que se planea aumentar a 700,000 millones de dólares el gasto militar por el terrorismo. Lo bueno de ese presupuesto es que planea aumentar impuestos a los sectores de mayores recursos e invertir 100,000 millones de dólares en planes de empleo. Lo malo es que solicita más dinero para las operaciones militares en Afganistán e Irak. El recorte de gastos del que también se ocupa resultará negativo o positivo según sea el área donde se aplique. La Casa Blanca planea gastar 10,000 millones de dólares en helicópteros para las Fuerzas Armadas, 2,700 en aviones no tripulados y 6,300 en operaciones especiales. ¿Alguien en su sano juicio cree realmente que si EE.UU. abandona Afganistán, esto repercutirá en la seguridad nacional de la superpotencia? Sin embargo, Obama ha solicitado una corrección en el gasto fiscal para financiar su planeado incremento de efectivos militares en Afganistán con 33,000 millones de dólares adicionales. En el presupuesto del 2011, los gastos de guerra en Irak y Afganistán requerirán un desembolso de 160,000 millones de dólares. Nadie, en la situación que vive Estados Unidos, hace una inversión semejante sin esperar una contrapartida en beneficios. ¿Es la seguridad este beneficio? Defitnitivamente, no. El beneficio es el control de rutas estratégicas, seguir alimentando el complejo industrial-militar y tratar de mandar sobre los insumos que producen energía. Insumos que, por otra parte, con relaciones normales, podrían obtenerse sin necesidad de montar esta patraña bélica. ¿Cómo? Pues, obedeciendo a las leyes del mercado. Que sus transnacionales compitan sin ponerle la pistola en la nuca a nadie o que paguen los precios que el mercado fija. Nadie se negará a venderles.