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El tercer hombre

2009/11/14
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Como si estuviéramos en la Viena de la posguerra, nos encontramos en medio de una historia de espías e intriga luego de conocerse que un técnico de la FAP fuera captado por el Servicio de Inteligencia de Chile mientras estaba prestando servicio en la embajada peruana en ese país. Durante años, este espía viajó frecuentemente a Buenos Aires y a Santiago para pasarles información a sus contactos quienes, a cambio, lo mantuvieron muy bien remunerado. Esos viajes y sus cuantiosos ingresos aparentemente los mantuvo muy bien camuflados, ya que siguió gozando de la confianza de su institución y fue colocado en puestos clave para su rango. Finalmente, luego de seis años espiando, es capturado en los brazos de una de sus dos amantes, las cuales son policías, como para hacer la historia más interesante. Un guión que ni Orson Wells se hubiera imaginado. Sin embargo, aún no termina el relato y la oportunidad del destape también parece de película. La noticia es filtrada a la prensa cuando el presidente y parte de su gabinete se encuentran al otro lado del mundo, y lo hacen el mismo día en que se anuncia en Washington la compra de armamentos por US$665 millones por parte de los institutos armados chilenos. Asimismo, se estaba ad portas de una reunión presidencial entre García y Bachelet en APEC, así como a cinco días de la visita a la mandataria sureña por parte de la ministra de la Producción, en el marco de la campaña por el desarme iniciada por el Gobierno peruano. Ambas reuniones se han cancelado. Por lo que, si alguien buscaba el momento más adecuado para que el destape del espionaje generara la mayor tensión posible en la relación bilateral y, a su vez, hundir en el olvido el esfuerzo por lograr el desarme continental, bueno, entonces el día no pudo ser más preciso ya que esos dos objetivos claramente se han logrado. Ahora lo que tendremos es una enorme presión para aumentar el presupuesto y comprar equipo bélico, mientras problemas urgentes como el VRAE o la brutal inseguridad en la que vive el ciudadano pasarán a segundo plano. Así que, luego del espía y de su contacto, el tercer hombre en este relato no tiene aún rostro, pero sí tiene rastro, ya que estamos seguros de que disfrutará del beneficio de arreglar jugosos contratos para comprar costoso armamento que nuestro país no pueda darse el lujo de tenerlo y que, francamente, no necesitamos.