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La tentación del piercing

2009/08/19
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Es la tercera vez que Amalia se queda en la puerta de un centro de estética de San Borja donde colocan piercing en los genitales. Es la tercera vez que su novio se lo ruega susurrándole al oído que no se arrepentirá. Es un chico con tatuajes en la espalda, en los brazos y en el pene, y que lleva un aro en la lengua, un pequeño y elegante aro que, dice Amalia, ha mejorado la intensidad de sus orgasmos. Para sus amigas de España, los piercing ya no son novedad, pero se lo recomiendan, al igual que sus 300 contactos del chat. Amalia y Gabriel tienen tres años juntos y se llevan de maravillas. Les encanta tener sexo y no dejan de experimentar. Los dos acaban de cumplir 25 años. El piercing erótico es una tentación que se encuentra cada vez más cerca de nosotros. Las pornos, las webs calientes, el discreto centro de belleza, la tiendecita escondida en un centro comercial o las 90 páginas en Facebook que hacen apología de él: hay un sitio con más de un millón de fans en el que la foto principal es una lengua decorada, y otro con más de 11 mil imágenes para todos los gustos. Obviamente, en la famosa red social no hay fotos subidas de tono. Lo caliente está regado en la red. Solo basta googlear 'piercing erótico’ para que la pantalla se llene de pezones, clítoris, glandes, penes y labios vaginales incrustados con estos objetos. El mensaje podría resumirse en “Más placer”. A LA CARTA. ¿Cuáles son las zonas eróticas más perforadas? La lista es bastante amplia, pero aquí hemos considerado las más solicitadas. -Capuchón clitoridiano vertical: El piercing pasa a través de una delgada capa de tejido sobre el clítoris. Es el más popular y cómodo. Además, al reposar sobre el punto de placer, dicen, aumenta la potencia de la estimulación. -Perforación del clítoris: Menos frecuente porque exige un clítoris grande y bien expuesto. -Labios menores: Quienes lo hacen afirman que es más visual que sexual y recomiendan un anillo a cada lado. -Diana Princess: Un par de perforaciones debajo del tejido del capuchón al lado del clítoris. u25A0 El príncipe Alberto: Se perfora en la uretra, en la base del glande, para luego introducir una argolla en este orificio. -Didoe o Dydoe: Se coloca una barra a través del borde de la base del glande. -Ampallang: Una barra atraviesa el glande en sentido horizontal. -Guiche: Una o más barras sobre la parte situada entre el escroto y el ano. -Foreskin: Se colocan uno o varios aros a lo largo del sexo. -Apadravya: Un piercing atraviesa el pene en sentido vertical. El piercing erótico o genital, de acuerdo con los testimonios de los que ya lo llevan en las zonas erógenas del cuerpo, aumenta las sensaciones eróticas. La recompensa del placer deja atrás lo dolorosa que puede ser la experiencia. Sin embargo, los sexólogos afirman que esta práctica no garantiza más y mejores orgasmos. Quienes se encargan de instalar estos artilugios en el cuerpo opinan lo contrario y consideran que los médicos no han profundizado en sus investigaciones. La guía de piercing genital elaborada por los urólogos W.R. Anderson, D.J. Summerton, D.M. Sharma y S.A. Holmes, del hospital St. Mary’s de los Estados Unidos, señala que en los últimos 10 años se ha presentado un “claro aumento en el número de personas que se practican perforaciones en las zonas genitales”. Se trata, sobre todo, de jóvenes. Y, aunque la 'moda’ en verdad se remonta a tiempos milenarios, lo cierto es que en estos tiempos se reporta un creciente interés y algunas complicaciones y riesgos para tener en cuenta. Los urólogos advierten que existe la posibilidad de transmisión de hepatitis B y C, así como de VIH. Ante la ausencia de cifras y estudios contundentes que revelen el número de personas afectadas por esta práctica, los médicos a nivel mundial vienen reforzando las campañas de información. “Como con cualquier procedimiento quirúrgico que implica perforación de la piel, la posibilidad de hemorragia y la infección deben ser consideradas”, sostiene. El piercing 'El príncipe Alberto’ es uno de los más solicitados. El Tiempo de Colombia publicó que se había puesto de moda entre los jóvenes y, coincidentemente, el informe de los urólogos estadounidenses refiere que un muchacho –aburrido de 'El príncipe Alberto– pidió que se lo retiraran. Los médicos se vieron obligados a intervenir dos veces, y se teme que nada vuelva a ser como antes para él. UNA DECISIÓN CON CONSECUENCIAS. Complicaciones detectadas en casos extremos: priapismo, daño uretral y parafimosis. Complicaciones leves: desgarro, sangrado e infección. Otros problemillas: infecciones en la vagina o el ano, asfixia por tragarse los piercings (durante el juego sexual), alergias y dificultad con la higiene. Pero el miedo no detiene a los curiosos y a los que buscan más placer. En Argentina, por ejemplo, se ha detectado que hace 10 años se realizaba un piercing por cada 20 tatuajes. Hoy se hacen hasta seis perforaciones por cada 20. A ello se suma el precio, el cual ha bajado considerablemente. En el Perú (donde se consigue un piercing hasta por 50 soles) no se conocen investigaciones sobre el tema, pero se presume que el panorama es similar al que retrata el médico Domingo Cialzeta, quien también recuerda que las joyas en la lengua –uno de los piercings más comunes– pueden dañar las encías y el esmalte de los dientes. De hecho, cita que la Asociación Americana de Odontología está en contra de cualquier tipo de perforación oral. Cialzeta advierte que la incrustación de metales (acero quirúrgico, por lo general) en los pezones puede dañar algunos de los conductos de la glándula mamaria o causar infecciones y problemas futuros con la lactancia. En México, según el investigador Cialzeta, hasta 2001 se sabía que 150 mil personas hacían tatuajes y perforaciones (cerca de 28 mil trabajos al mes). El 85% de estos 'artistas’ opera en la clandestinidad, lo que incrementa los riesgos. En nuestro país se desconoce cuántos sitios destinados al 'body piercing’ existen. Hay un puñado de centros que son bastante confiables y que se promocionan en blogs, Facebook y webs. El resto (la mayoría) lo encuentras en galerías y en locales precarios, donde una chica muy sexy con un aro en el ombligo te susurra que más abajo hay más. Tentación.