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Tantas veces violadas

2009/02/20
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Diana Bazán Hidalgo es una joven cadete que se enroló en la Escuela de Oficiales de la FAP. Ahí, en una de las instituciones que prepara a nuestros jóvenes para que el día de mañana nos defiendan de peligros y agresiones, fue humillada, ultrajada sexualmente y tratada como un objeto. A Jesús Ferreyra, alférez al que se le acusa de este crimen, se le separó de la FAP por falta disciplinaria muy grave. Lo peor de esta historia, sin embargo, ha venido después: a Diana en la Escuela la consideran una traidora. Según su madre, sus superiores la castigan por cualquier cosa y sus compañeros le han aplicado la 'ley del hielo’. Como consecuencia de esto, Diana está sumida en una profunda depresión y la FAP la ha declarado inapta para el servicio militar. Si la violación se hubiera dado en la calle, estaríamos ante uno de los miles de casos de agresión sexual a los que se ven sometidas las mujeres en nuestro país. Pero este crimen se perpetró dentro de las instalaciones de una escuela militar, por parte de personal militar que se encontraba de servicio. La corresponsabilidad del Estado resulta evidente. Sin embargo, a la señora Marlene Hidalgo, madre de Diana, nadie la recibe e, incluso, el ministro Flores-Aráoz la acusa de querer sacar provecho de este triste incidente. Recordemos que, de acuerdo con el Informe de la Comisión de la Verdad, una de las peores secuelas de la guerra interna fue la violación sexual a mujeres. El documento señala que las FF.AA. son responsables de más del 80% de estos ataques. La CVR hizo un minucioso trabajo para lograr que estas víctimas se sobrepusieran a prejuicios culturales que las obligaban a guardar silencio y dieran su valiente testimonio. Sin embargo, al igual que Diana, tras confesar su drama, muchas de ellas no han recibido nada a cambio. Ni indemnización, ni siquiera unas disculpas del Estado, que la mayoría de las veces se defiende argumentando que eso ocurrió en gobiernos anteriores. Nuestra querida Claudia Llosa acaba de ganar el Oso de Oro por tocar en su filme La teta asustada las terribles secuelas de una agresión sexual a una mujer. Claudia, a través del arte, les ha dado voz a las víctimas que normalmente ahogan sus gritos bajo la violencia aplastante del machismo y la indolencia. A esta joven cineasta, que hoy el país ovaciona, le debemos mucho más que las gracias por este premio. Si queremos ser consecuentes, le debemos que todas las Dianas Bazán del Perú sean tratadas como heroínas, y no como traidoras o putas, cuando deciden hacer valer sus derechos. Si Fausta, la protagonista del filme, nos conmueve más que Diana, la de la vida real, entonces hay algo demasiado fundamental del proceso de violencia interna que sufrimos como país que aún no logramos comprender.