Además:

Tambores de guerra

2009/11/17
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“Acto repulsivo… propio de una republiqueta… llevados por el temor de nuestro avance económico…”. Frases, sin duda, fuertes del presidente García. Si el país esperaba una respuesta a la red de espionaje que se ha descubierto, ciertamente el mensaje de ayer fue claro. Por otro lado, no se rompió relaciones ni se denunció el tratado de libre comercio, y menos aún se declaró la guerra, por lo que estarán decepcionados quienes quieren aprovechar este incidente para llevar agua a su molino ideológico o para lograr una confrontación con nuestro vecino. Incluso, el Gobierno ha actuado hábilmente al ponerle presión a Chile obligándolos a tener que investigar el caso al hacerles entrega, en algún momento de hoy, de todas las pruebas y material que han recopilado de los involucrados. Sin embargo, lo que sí es un hecho es que la relación bilateral no se va a reparar con facilidad, y es seguro que para recuperarla tengamos que esperar al próximo gobierno, en el mes de marzo. Más aún, siendo lo más probable que el siguiente presidente chileno será Sebastián Piñera, se incrementan las posibilidades de poder desarrollar, a partir de entonces, una mejor relación para beneficio de ambas naciones. Así tenemos, por ejemplo, que él ha planteado, desde hace años, la necesidad de derogar el ingreso dirigido del canon del cobre que reciben los militares chilenos y, más bien, aprobar las partidas para defensa como cualquier otro requerimiento presupuestal. Este punto es fundamental porque ha sido justamente la bonanza del cobre –los ingresos para las compras de armamento han sido de 5,300 millones de dólares en los últimos cuatro años– lo que, sumado a una necesidad de la socialista Michelle Bachelet de querer demostrar que es dura en los asuntos militares, ha facilitado el desarrollo de la carrera armamentista en la que se encuentra nuestro vecino. Esperamos que un futuro gobierno chileno liderado por Piñera, sin canon del cobre y sin tener que demostrarles a los conservadores que no le tiembla la mano, permita construir una relación bilateral madura y pragmática. Hasta que ese momento llegue, se tiene que asegurar que los temas económicos y comerciales continúen en una ruta separada del evidente deterioro en que se encuentran nuestras relaciones diplomáticas. No tiene ningún sentido agregarle la eventual pérdida de inversión y empleo a la inevitable factura fiscal que nos pasará el incidente.