Domingo 27 de mayo del 2012 | 21°
El show se inició la tarde del miércoles con la 'toma’ del hemiciclo del Congreso por casi 20 legisladores del Partido Nacionalista. Anunciaron una jornada de ayuno, pero, con el paso de las horas, esta se transformó en una singular vigilia que los humalistas acataron por turnos en la madrugada y solo en bloque cuando, ya en la mañana, los periodistas de diferentes medios de comunicación retornaron al Palacio Legislativo para cubrir la sesión plenaria matinal. Ante esta situación, el presidente del Congreso, Javier Velásquez, no tuvo mejor idea que prohibir el ingreso de la prensa a la sede del Parlamento. La mal calculada medida –que tiene un único precedente que se remonta al 5 de abril de 1992, cuando Alberto Fujimori cerró el Congreso– fue aprovechada por los nacionalistas para denunciar un supuesto atentado a la libre expresión. Así las cosas, y ante el reclamo del portavoz de Unidad Nacional, Luis Galarreta, Velásquez –alegando una supuesta descoordinación del personal de seguridad– se vio obligado a dar marcha atrás. INCIDENTES. Ya en el hemiciclo, la escena de 19 de los 23 miembros del nacionalismo, sentados en el centro de la sala y con una gran banderola, confirmó que lo que se venía era una accidentada jornada congresal que –como es sabido– concluyó con la suspensión, por 120 días sin goce de haber, de siete legisladores y con la amonestación de otros 11 integrantes, todos ellos del humalismo. Extrañamente, en este último grupo no fue incluido José Maslucán, pese a su visible participación en la protesta. De nada sirvieron las exhortaciones del titular del Legislativo. Tampoco los pedidos de algunos representantes de Unidad Nacional. Impávidos, y dándole la espalda a la Mesa Directiva, los humalistas se mantuvieron firmes en su negativa a retornar a sus escaños. Incapaz de revertir esta situación, a Velásquez no le quedó otra opción más que suspender la sesión y convocar a Junta de Portavoces. A puerta cerrada, los voceros del Apra, de UN, del Grupo Fujimorista y de Alianza Parlamentaria evaluaron la situación. Al amparo del Reglamento Interno del Congreso, los más radicales plantearon una suspensión de 120 días sin goce de haber. Otros sugirieron que esta sanción fuera reservada para los promotores de la protesta. Pero hubo también quienes, como Yohny Lescano, reclamaron que la pena máxima fuera aplicada a todos por igual aunque, luego, ante cámaras, acusó al Apra de dar un “golpe de Estado” por disminuir a la oposición. Fuentes legislativas, sin embargo, señalaron que el motivo real de su descontento fue que la suspensión de sus colegas nacionalistas afecta su pretensión de tentar a un cargo en la Mesa Directiva. Finalmente, el acuerdo fue favorable a la suspensión por 120 días. Notificados, Juvenal Ordóñez y Fredy Otárola cedieron posiciones y, en reunión privada, le manifestaron a Velásquez su disposición de regresar a sus curules. Cuando parecía que retornaba la calma, los gritos del aprista Wilder Calderón contra los humalistas volvieron a caldear los ánimos. Mauricio Mulder increpó a Calderón y les ofreció disculpas a los nacionalistas, pero estos se mantuvieron en sus trece. Horas más tarde, el Pleno aprobó la expulsión temporal de un tercio de la bancada humalista, la misma que se extendería hasta marzo de 2010 al computarse solo los días de labor legislativa, exceptuando fines de semana y el periodo de receso. Al final, el congresista Ordóñez sufrió una descompensación (por una otitis) y fue auxiliado en el tópico del Congreso.