Domingo 27 de mayo del 2012 | 21°
Ayer empezó, en la práctica, la carrera presidencial con la renuncia del alcalde Castañeda, a fin de poder participar en ella, y con el lanzamiento del ex premier Velásquez Quesquén buscando ser el candidato gubernamental. Van a ser no menos de 6 meses de campaña, siendo probable que se extienda aun más para la segunda vuelta electoral. Después de una inusualmente larga campaña municipal, uno se pregunta si el electorado todavía tendrá estómago o paciencia para aguantar otro extenso proceso electoral. En todo caso, hay 4 candidatos que vienen consistentemente figurando. Keiko Fujimori, que parece tener el apoyo de una estable cuarta parte del electorado. Castañeda, que lidera en los sondeos urbanos, pero que cae al incluir el campo. Toledo, que va aumentando la frecuencia de sus visitas al país, así como su participación en las encuestas, pero que dice no estar interesado en ser candidato, y Humala, que parece atracado en el mismo bajo nivel desde hace un año. Adicionalmente estaría el Apra, pero, al margen de quien sea su candidato, es poco probable que logren sacudirse del cansancio de cinco largos años gobernando. Incluso, el preferido por García parece ser Castañeda, ni siquiera es uno de sus correligionarios. De cualquier manera, asumiendo que no aparezca un outsider de la nada, como estamos acostumbrados, uno diría que en principio el próximo presidente estaría dentro de esos candidatos. Por otro lado, la campaña por la alcaldía de Lima ha dejado otra herencia inusual, la presentación de propuestas de trabajo bastante más detalladas que en anteriores contiendas. Considerando que se acalorará la última parte de la campaña presidencial, al igual que lo fue en la elección municipal, habría que exigir temprano que detallen sus planes de gobierno los candidatos. Así, cuando llegue la inevitable guerra sucia, al menos el electorado ya habrá recibido suficientes elementos de juicio para poder tener un voto bien pensado. Otra ventaja de la presentación de planes es calmar a los mercados, los que verán que hay propuestas coherentes o, en todo caso, tendrán tiempo de absorber los mamarrachos. La incertidumbre es el peor enemigo de la inversión y el crecimiento; tenemos que tratar por todos los medios de reducir el impacto negativo del próximo proceso. Para ello, exijamos desde un inicio programas de gobierno y el que no lo presente se arriesga a ser castigado por el electorado.