Domingo 27 de mayo del 2012 | 21°
No le teme al ridículo. Eso está claro. Y quiere volverse un profesional de la demagogia, del titular de periódico, y cosas así. Pero su principal aspiración es transformarse en el Boris Karloff de la política. Pues según él, que dice poseer un don mutante que le permite predecir lo que están sintiendo los banqueros que ruletean en Londres, en Tokio, en Frankfurt, y en el New York Stock Exchange, la cosa viene fea si gana Susana Villarán. Muy fea. Tan fea, que hasta las cebollas –y si me apuran, hasta el Nasdaq– van a llorar si ello ocurre. Así lo ha dicho KKP. No una, sino varias veces, como para que nos quede tatuado en las emociones. Como si se tratase de una profecía de Nostradamus. Cuidado. Los inversionistas están asustados. Nerviosos. Están friqueados, dice, como si estos fuesen unos muchachones impresionables y quisquillosos. Pobrecitos. Los inversionistas. Y qué generoso Pepekuko por compartir con nosotros, “analfabetos estadísticos”, su habilidad para ver más allá de lo evidente. Qué dadivoso por prestarnos sus antenitas sensibles y de vinil, aptas para sentir el temblorcillo que embarga a los financistas neoyorquinos, tan al tanto de lo que registran las últimas encuestas limeñas. Si no fuera por su ojo de tigre y avizor, capaz de advertir a la distancia el pulso financiero de los mercados internacionales, qué sería de nosotros, pobres peruchos, que no sabemos discernir entre el bien y el mal. “Los inversionistas están preocupados”, nos dice el canciller de Gasparín. Se veía venir, claro. Porque lo que nos quiere sugerir este agorero de mala uva, a quien algunos ingenuos veían como un analista financiero, es que, si gana Susana Villarán es como si triunfase Ollanta Humala. Igualito. “Intriga como si estuviéramos en la vieja Florencia. No mata a puñaladas: envenena vertiendo unas gotas sacadas del compartimento secreto de una sortija”, escribe César Hildebrandt sobre el personaje en su semanario. O sea, ¿votar por Villarán es lo mismo que por Humala? ¿Se quiere insistir en ello? ¿Quien dijo, en 2006: “Humala no es un prócer; menos aún un héroe de la democracia, sino un soldadito dispuesto a despistarnos a todos, desde Locumba, para que un bandido de siete suelas huyera en el Karisma”, tiene algo que ver con la propuesta nacionalista? ¿Quien afirmó, el mismo año: “Nunca consideré un militar meritorio al capitán de Madre Mía”, forma parte del redil humalista? ¿Quien sentenció enfáticamente, luego de los comicios de 2006: “No voté por Humala, ni voté por García. La impunidad no forma parte de mi paisaje”, es la persona que incomoda al fogueado en premoniciones financieras? ¿Todas las veces que la propia Susana se ha desmarcado del personaje en el programa de Jaime Bayly, no le ha hecho entender al flautista atemorizador las cosas como son? Pues, al parecer, no. KKP y sus adláteres prefieren el prejuicio a la verdad, el convencionalismo absurdo a la realidad. Tal cual. E insisten con la cantaleta que bisbisea que no hay que ir contra el “modelo”. ¿Qué modelo? “¿Y la libertad de elección? ¿Y el respeto a la diferencia?”, como pregunta Federico Salazar en La República, ¿dónde quedan? Como sea. Yo no sé quién vaya a ganar el día de hoy. De verdad. Ya lo dijo Rod Serling. Todo puede suceder en la dimensión desconocida. Pero creo, como el candidato a regidor del PPC, Pablo Secada (quien es un liberal de tomo y lomo, y no un médium autoritario como Pepekuko), que “Lima ya ganó con las dos”. Con Lourdes y con Susana, que nos han regalado una campaña intensa pero animada, y que, como ciudadano y elector, les agradezco. Hacía tiempo que no teníamos dos candidatas briosas y de fuste. Y mujeres, sobre todo. Así las cosas, si gana Lourdes, espero que fiscalice y deje de reunirse con los remigios y barrones y cataños, que no la ayudan. Y si gana Susana, espero que refresque la política y asuma la enorme responsabilidad de proyectar y construir una izquierda que, como dice el mismo Secada, “puede tener una visión moderna”. Ah. Y a todo esto, antes que me olvide: happy birthday to you, Kakapé.