Domingo 27 de mayo del 2012 | 21°
Muchas personas creen que los asesinatos cometidos en Lima por sicarios del narcotráfico no afectarán al resto de la población y que los ajustes de cuentas entre delincuentes quedarán circunscritos a las bandas de criminales. Grave error. Como lo muestran las experiencias de México y Colombia, y, sin ir muy lejos, las del Alto Huallaga y el Valle de los Ríos Apurímac y Ene (VRAE), la violencia que genera el narcotráfico muy pronto afecta a toda la población. *OPTIMISMO SIN BASE* El ministro del Interior en funciones, el director de la Policía Nacional, ha dicho en relación a los tres últimos asesinatos cometidos esta semana, que “nadie nos está ganando la guerra”. Si esa es una victoria ¿cómo será la derrota? La verdad es que el narcotráfico está avanzando en todos los terrenos a vista y paciencia del Gobierno que se limita a emitir declaraciones irreales. La producción de cocaína ha aumentado y los decomisos de esa droga han caído de manera espectacular: 45% el último año, según cifras de Naciones Unidas. Es decir, se produce más y se incauta menos. La corrupción que propicia el narcotráfico se extiende como una mancha de aceite. La procuradora antidrogas del Ministerio del Interior, Sonia Medina, ha señalado varios casos escandalosos en los últimos meses, en los que jueces y fiscales toman decisiones anómalas favoreciendo a presuntos narcotraficantes. El consumo de drogas está aumentando también, según muestran los estudios de Cedro y Devida. Y la violencia que origina el narcotráfico se está expandiendo sin pausa. Desde hace unos pocos años, los asesinatos cometidos por sicarios se han convertido en parte del paisaje de Lima. *ALGUNOS CASOS* El 13 de agosto de 2004, Jesús Flores Matías, (a) 'Shuco’, testigo en un caso contra Fernando Zevallos, fue asesinado con el típico método de los sicarios. Dos hombres en una motocicleta lo interceptaron en un cruce y lo mataron de varios balazos. El 19 de julio de 2006, fue muerto por un sicario el vocal Hernán Saturno Vergara, que tenía a su cargo el juicio a una banda de narcotraficantes (el denominado cartel de Tijuana). Varios colombianos y mexicanos vinculados al narcotráfico también han sido asesinados con modalidades parecidas. Ninguno de estos crímenes ha sido resuelto completamente. En alguno se ha atrapado al autor material, pero no al más importante, al autor intelectual, al que ordenó el asesinato. Si eso no ocurre, si los que disponen la muerte de otra persona para silenciarla o porque no cumplió con pagar a tiempo o para ocupar su lugar en la cadena del narcotráfico o por cualquier otra razón quedan impunes, este tipo de crímenes seguirá en aumento. La impunidad alienta el delito, en todos los campos, sobre todo en el tenebroso y violento mundo de las drogas. *VIOLENCIA SE EXTIENDE* La mayoría de las personas cree, ingenuamente, que esta creciente violencia quedará confinada en el ámbito de las bandas de narcotraficantes. Algunos incluso piensan que es positivo, “que se maten entre ellos, así quedarán menos” dicen cándidamente. No es así. La violencia del narcotráfico muy pronto perjudicará a toda la sociedad. Los sicarios, los que asesinan por encargo, no están “trabajando” todo el tiempo para el narcotráfico. Reciben encargos puntuales, matar a tal o cual individuo. ¿Qué creen que hacen el resto del tiempo? Pues utilizan las habilidades aprendidas y desarrolladas y las armas que poseen. Asaltan, roban, secuestran, extorsionan, etc. Para defenderse de un posible ataque, los narcotraficantes contratan guardaespaldas. Estos tampoco tienen trabajo a tiempo completo ni estabilidad laboral. Al igual que los anteriores, también se dedican a otros menesteres. Así, la violencia delincuencial va aumentando en todos los ámbitos de la sociedad. Esta no es una teoría. En México, donde están los principales cárteles de la cocaína, la violencia ha crecido exponencialmente. Se cometen miles de asesinatos cada año. Pueblos y ciudades enteras viven bajo el imperio de la violencia. En los últimos meses han sido asesinados varios altos jefes policiales. Los casos de los vecinos Colombia y Brasil son conocidos. *ZONAS PRODUCTORAS* En el Alto Huallaga y el VRAE la situación es de un completo descontrol. Allí los narcos alquilan sicarios para acabar con sus rivales, para defenderse de sus enemigos, para custodiar los cargamentos de droga o para asaltarlos. El resultado es que se han constituido incontables bandas armadas que, además de prestar servicios al narcotráfico, asaltan, asesinan, violan. Un reciente reporte de la agencia de noticias Info Región, titulado “¿Quién detiene los asaltos en las carreteras del Huallaga?” da cuenta de lo que ocurre en esa región: “Las carreteras del Alto Huallaga están tomadas por los delincuentes. El último fin de semana se han registrado hasta tres asaltos a mano armada muy cerca de Aucayacu, con el saldo de varios heridos por proyectiles de arma de fuego y la pérdida patrimonial de los pasajeros y transportistas que utilizan esa importante vía de comunicación. (…) Lamentablemente la capacidad de prevenir estos actos criminales por parte de la policía es nula.” (21.7.08) En el VRAE la situación es igual o peor. Pero no hay que ir tan lejos. La semana pasada 40 pasajeros de una reputada empresa de transporte fueron asaltados en la Panamericana Sur muy cerca de Lima, en Palpa. El ómnibus fue bloqueado en la pista y desviado de su ruta. Como tenía GPS, los operadores de la empresa se dieron cuenta y avisaron a la Policía. Desde otro ómnibus de la misma empresa notaron algo raro y también avisaron a la Policía. No hicieron nada. Los asaltantes desvalijaron durante una hora a los pasajeros. *LEY SECA* Mientras eso ocurre en el país, el ministro del Interior en funciones, el director de la PNP, ha lanzado la absurda propuesta de prohibir la venta de licor en todas partes –incluidos supermercados– a partir de las 2 de la tarde. En un país formal y con tradición de cumplir las leyes, como Estados Unidos, la ley seca (1919-1933) propició el vertiginoso crecimiento de la mafia, una corrupción desenfrenada y, por supuesto, no evitó el consumo de alcohol. Esa descabellada medida tuvo que ser derogada en 1933, pero dejó secuelas que duran hasta hoy. En un país informal como el Perú, una disposición de ese tipo solo aumentaría la corrupción en la Policía y otras instituciones, y no disminuiría el consumo de alcohol ni los delitos. Otra cosa son las leyes “zanahoria” que restringen el consumo de alcohol a partir de las 12 de la noche –poco más, poco menos– ciertos días, en ciertas zonas y ciertos establecimientos, medida que se ha aplicado con éxito en Colombia y otros países. *CUESTA ABAJO* El aumento del narcotráfico y la violencia que trae aparejada están creciendo. Si las cosas siguen como hasta ahora, muy pronto esa violencia será incontrolable. Las manifestaciones de ese fenómeno están a la vista. El único que parece sordo, ciego e insensible ante su crecimiento es el Gobierno.