Domingo 27 de mayo del 2012 | 21°
No solo sórdidas callejuelas del Callao son tierra de sicarios y balaceras en nuestra ciudad. Ahora, la violencia organizada también habría extendido sus tentáculos al distrito de Miraflores: el jueves, un sujeto asesinó a sangre fría a un joven que se encontraba en la juguería La Gran Fruta, ubicada en la cuadra 13 de la avenida Reducto. Abraham Alberto Llanos Luperdi, de 24 años, fue ultimado a vista y paciencia de varias parejas de enamorados y de padres de familia y estudiantes que abarrotaban el local. CAZADO. El hecho ocurrió al promediar las 11:00 de la noche. Según testigos, minutos después de que Llanos ingresó a cenar, tres sujetos se estacionaron en el parqueo del local a bordo de un Toyota Yaris de color plomo. Uno de ellos –con una pistola semiautomática en la mano– entró con el rostro descubierto. El terror se apoderó de toda la clientela cuando el hombre levantó el arma y le apuntó a su víctima. Llanos esquivó la primera ráfaga y, tropezando con algunas mesas, huyó hacia la cocina de la juguería. Testigos señalaron que, como el lugar no tenía una salida alterna, Llanos trató de escapar por un tragaluz ubicado en el baño de mujeres. Sin embargo, el sicario lo interceptó con cinco balazos en el tórax, en las piernas y en la cabeza. Murió instantáneamente. Peritos de Criminalística refirieron que el asesino no robó nada. Una vez perpetrado el crimen, escapó junto con sus compinches (quienes presenciaron el homicidio desde la puerta exhibiendo sus armas). En las próximas horas, la Policía tendría los identifac respectivos gracias a la manifestación de varios testigos. Los detectives encontraron la bala de un fusil FAL de 7 centímetros a pocos metros del lugar en donde se estacionaron los sujetos. AJUSTE DE CUENTAS. La pregunta es: ¿qué hacía la víctima bebiendo un jugo de frutas en un local miraflorino sin compañía alguna y a altas horas de la noche? La Policía presume que iba a hacer un 'pase’ de drogas con integrantes de una narcobanda capitalina que, al final, lo mató por un ajuste de cuentas. Al parecer, Llanos surtía de cocaína a diversas zonas de Balconcillo y Matute. Perú.21 conversó con vecinos del fallecido –en la segunda cuadra de la avenida Las Américas, en La Victoria–, quienes llamaron la atención sobre su sospechoso ritmo de vida. Aunque no convivía con su pareja, Llanos deja una hija de dos años. Un vecino contó que, hace un mes, la Policía lo buscó (se desconocen los motivos). Otro recordó que –pese a que no tenía oficio conocido– en los últimos meses se le vio a bordo de autos del año y con ropa de marca.