Domingo 27 de mayo del 2012 | 21°
Suena bonito y excitante que te lo digan. Cuando parece que nadie te ha querido bien, esta frase te cae perfecta: “Eres mi obsesión”. Pero, cuidado, hay obsesiones que matan, que te destruyen la existencia, que te ponen en peligro. Tu vida puede convertirse en una pesadilla. Reconocer a un obsesivo sexual no es fácil aunque posiblemente te vayan dando pistas todo el tiempo, lo que bien podría ser un grito de ayuda, un sálvame o, quizás, un sálvate, aléjate de mí. Te masturbas para que el día te agarre relajado. Sientes placer, aunque una angustia te consume, te arrincona. Ni tú sabes qué es. No quieres pensar, aunque ya lo estás haciendo. Vas a tu trabajo y estás pensando en que tu frecuencia sexual no es normal, porque hacerlo a diario no es lo que esperas. Eres un robot que cumple con sus labores. Nadie se ha percatado –o quizás sí– de que ves videos porno mientras aparentas concentración y que no avanzas nada, porque estás en otra. Las chicas de la oficina te traen a la mente una imagen erótica. Sexo, ¿por qué no con alguna de ellas? No importa cuál te guste más, no importa incluso si te atraen o no. Es como una droga. Necesitas la dosis. Te urge. Sexo. Te cuestionas si esto es una enfermedad, si algo ha cambiado en ti, y le echas la culpa de todo a tu mujer, tan apática, tan indiferente a tus deseos. Siempre que puedes hablas del tema, has perdido la elegancia. Sí, mientras almuerzas tocas el asunto con tus amigos, y ellos te miran, porque ayer hiciste lo mismo, y hace dos días también. No hay tema de conversación en el que, por alguna razón, no termines hablando de sexo, y lo que antes causaba gracias a tus conocidos, hoy parece que los aleja. Presientes que murmuran algo de ti, no te importa. Y, ya en casa, buscas a tu mujer como si fuera una pastilla para aliviar un fuerte dolor de cabeza. Ella no quiere, pero te impones, como siempre. Acabas, te vas a tu laptop, piensas que ella es muy mala en la cama, que no deberías estar allí, frente a la computadora, sino haciéndolo, una y otra vez. Tu vida es un infierno, y la de tu pareja también. Ninguno de los dos aborda el asunto. Ella tolera. Y tú te sales de la historia a cada instante, buscando fantasías y aventuras. Hay semanas en las que te descubres con alguna relación extramarital, y más de una amiga te ha pedido que dejes de acosarla. En tu historia, la culpa es de todos. Cuando la necesidad y la preocupación por el sexo son tan intensas que interfieren con el trabajo, con tu vida en pareja y con todo lo que haces en general, la situación puede llegar a ser más seria de lo que piensas. Posiblemente te hayas convertido en un obsesivo sexual. SEÑALES: La actividad sexual es el único motivo de tu vida. Varios compañeros sexuales al mismo tiempo. Incapacidad para concentrarte en otro tema que no sea el sexo. Sexo con anónimos o prostitutas. Prácticas sadomasoquistas forzando a tu pareja. Actitudes exhibicionistas. Te has convencido de que el sexo es un alivio para el estrés, la angustia o la depresión. Has tenido problemas serios como resultado de tu frenético deseo sexual: pérdida de trabajo, deudas, ruptura de relaciones, denuncias de acoso o abuso sexual, lesiones. Consumes pornografía de manera excesiva (léase en sitios no apropiados, como la oficina, por ejemplo). Ingresas a Internet para entablar relaciones con desconocidos. NO MIDEN LOS RIESGOS Este comportamiento sexual, que también es identificado con el nombre de adicción sexual, es más frecuente en los hombres. El perfil trazado por los especialistas da cuenta de varones casados que, aparentemente, llevan una vida normal. Suelen tener una buena condición económica, lo cual les permite experimentar, en paralelo, una serie de experiencias sexuales de pago. Patrick Carnes, uno de los principales expertos en adicciones sexuales del Reino Unido, considera como señales de advertencia “la sensación de que se está fuera de control, la intuición de que puede haber graves consecuencias si se continúa por ese camino, un desprecio del peligro o la realización de actividades de elevado riesgo, entre otras”. LA ADICCIÓN ON-LINE Carnes también ha indagado en la obsesión que genera el sexo cibernético. En su libro In the Shadows of the Net: Breaking Free of Compulsive On-line Sexual Behavior, advierte que mucha gente que está enganchada al sexo on-line no se ajusta a la imagen clásica del adicto sexual. Se trata, sin duda, de una de las conductas que más pasa inadvertida. Se estima que el 72% de los visitantes a sitios pornográficos son hombres que invierten infinitas horas en las páginas de sexo explícito. El obsesivo podría pasar el día entero 'conectado’ sin que el mundo advierta lo que está viendo. Material sobra en la red: más de 372 millones de páginas en la red son porno, según el servicio de seguridad en Internet Filter Review. Y es posible que, esta tarde, la cifra ya haya crecido. El doctor Carnes revela que las mujeres comienzan a ser parte de las cifras de adictos al sexo. Ellas buscan sexo menos explícito y optan por relaciones virtuales. En todos los casos, la terapia ha dado buenos resultados. Se trata de conductas vinculadas a la depresión, a la ansiedad y a otros desórdenes emocionales que pueden ser resueltos… antes de que sea demasiado tarde.