Además:

La semana Vargas Llosa: un informe opinado

2008/08/10
Compartir

La supersemana del novelista comenzó el domingo. Clausurando la Feria del Libro presentó un volumen de Planeta titulado Las guerras de este mundo, que compila las ponencias de un congreso internacional realizado por la PUCP en noviembre del 2001 (más vale tarde que nunca). MVLL había estado firmando muchísimos libros en el 'stand’ de Alfaguara pero igual escuchó con suma atención los comentarios de los panelistas para acabar casi cerrando el acto con palabras que merecieron una ovación de pie. Escribo “casi cerrando” porque, con la ovación todavía en el aire, el panelista más responsable de toditos tomó el micro para quedarse con la última palabra durante cuatro minutos de no decir gran cosa. El martes el novelista acudió al bautizo “en cuerpo presente” del teatro Mario Vargas Llosa, de la Biblioteca Nacional. Lindo el documental acerca del novelista como dramaturgo, y muy sabrosas las anécdotas que contó sobre su vida de redomado teatrero. El miércoles se inauguró la inmensa y cautivante exposición que le ha preparado la PUCP en la recién renovada Casa O’Higgins (cuadra 5 del Jirón de la Unión). La bellísima casona contiene catorce salas de objetos, fotos, manuscritos, libros, reconstrucciones de ambientes y muy diversas etcéteras. La casa le quedó grande al material y algunas ambientaciones no cumplen cometido literario –¿qué aporta esa cabaña selvática tamaño natural?– pero el conjunto es ameno y didáctico, divertido y serio. El novelista escuchó palabras efusivas y nos brindó un emocionado testimonio. Y como parte de esta revisión vital, pudo abrazar a Víctor Flores, compañero del Leoncio Prado, a quien no había visto desde aquellos tiempos. Flores les vendía a los demás cadetes sus escritos, con lo que viene a ser su primigenio agente literario. El jueves hubo la inauguración del Festival de Cine. En el antiguo Metro el novelista vio cortos, escuchó palabras y habló con maestría para luego sentarse a sufrir el pésimo sonido de la muy desmerecida proyección de una película concursante. Desde el viernes, el novelista ha estado viendo película tras película del festival como presidente del jurado y seguirá en eso, salvo el jueves próximo, cuando presentará La libertad y la vida, otro libro de Planeta que recoge material de la exposición y… ¡uf! ¿Es este el ritmo normal de la vida del novelista? Todo hace indicar que sí lo es. O casi. Y por eso debemos reconocer su enriquecedora presencia entre nosotros durante este invierno limeño, tan suave para el cuerpo como revitalizador para el alma.