Además:

¿Saben lo que firman?

2008/11/06

La Declaración de Chapultepec ayer en el Congreso.

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Una buena noticia es que un grupo de parlamentarios firmó ayer, en representación de sus partidos, la Declaración de Chapultepec: los principios adoptados por la Sociedad Interamericana de Prensa (SIP) para determinar el marco al cual deben ceñirse los gobiernos a fin de permitir el libre flujo de información, los cuales son fundamentales para que la prensa cumpla su papel esencial en una democracia. La mala noticia es que varios congresistas no entienden ni lo que firman, pues su actitud los revela como amenazas para la libertad de expresión. Algunos lo hacen por simple desconocimiento; otros con mala intención. Aurelio Pastor, por ejemplo, es alguien dispuesto a atropellar la libertad de expresión –o cualquier otro principio– con tal de que prevalezca su objetivo político del momento. Otra parece ser la motivación del presidente del Congreso, Javier Velásquez Quesquén, aunque sus propuestas también constituyen –quizá por desconocimiento–riesgos graves para una prensa libre. Ayer, él planteó la regulación del derecho a réplica, y que sea el juez –y no el periodista– el que decida qué es de 'interés público’. Pero la amenaza más grave del momento actual para la libertad de expresión en el país es el congresista fujimorista Rolando Sousa, quien hace unos días anunció un proyecto para prohibir la difusión, en la prensa, de documentos obtenidos ilegalmente, salvo que se cuente con el permiso de un juez, el cual, en su opinión, haría un análisis rápido e imparcial de la prueba. ¡Qué buena! El proyecto de ley de Sousa era tan pero tan absurdo, que hasta él mismo se dio cuenta de lo absurdo que era, además de inconstitucional, y entonces decidió dar marcha atrás, pero quedó evidente su real intención de ponerle obstáculos absurdos a una prensa libre. En el contexto del recrudecimiento de actitudes contra la libertad de expresión, fue una magnífica coincidencia la realización, ayer en el Congreso, del foro 'Libertad de expresión y democracia en el Perú’, en el que se contrarrestó estas posiciones equivocadas de algunos congresistas, y se invitó a los partidos políticos a firmar la Declaración de Chapultepec. Quizá varios no han entendido lo que firmaron, pero su adhesión se la podremos enrostrar cuando pretendan, otra vez, mellar la libertad de expresión.