Domingo 27 de mayo del 2012 | 21°
A Santiago lo han matado. El grito acrecentó el desconcierto que se vivía en la 'Curva del Diablo’. Pero Santiago seguía respirando. Su contextura de hombre de selva, acostumbrado a lidiar con una naturaleza agreste, le permitió resistir el impacto de proyectil que a cualquiera de nosotros nos hubiera mandado al otro mundo en segundos. Santiago Manuin, líder aguaruna y uno de los hombres más comprometidos con la defensa de la Amazonía en el Perú, recibió una bala que le atravesó todo el cuerpo en los enfrentamientos de Bagua. La contundencia de la herida y la gravedad de su estado eran tales que sus familiares y amigos, primero, y los periodistas, después, lo dimos por muerto. Hoy, cuatro meses después del demencial enfrentamiento que les costó la vida a 34 peruanos, Santiago Manuin luce mucho más delgado, pero repuesto. Con 30 kilos menos, llegó a Lima gracias a una invitación del Instituto de Defensa Legal y, por fin, pudo exponer el punto de vista: “Si el Gobierno quería desarrollo, debió preguntarnos antes cómo entendíamos nosotros el desarrollo. Qué planes teníamos para la salud y la educación de nuestros hijos”. Pero ya sabemos que el Gobierno no preguntó. Legisló a sus espaldas perpetuando una vieja tradición de ninguneo, sobre la que Santiago tiene abundantes ejemplos. El discurso del líder aguaruna no es confrontacional. Ni siquiera diría que quejumbroso. Es descriptivo. Con una serenidad que ya se parece al cansancio, Manuin va explicando que ellos también están interesado en salir de la pobreza. Aclara que no tiene ningún rechazo por la inversión privada. Sin embargo, reclama su derecho a participar, a dar su punto de vista. A que les consulten. Tal vez si les hubieran preguntado, se habrían enterado de que a los aguarunas no les interesan incentivos para vender sus tierras porque no quieren vivir en ningún otro lugar del planeta. “Nosotros no tenemos a dónde ir. La selva es nuestra madre. No podemos, no queremos matar a nuestra madre”. Tal vez si les hubieran preguntado, antes de iniciar el operativo para de-salojar la carretera, se habrían enterado de que, ese mismo día, los nativos habían decidido dejar sus protestas y volver a sus comunidades. Les faltaba coordinar el transporte. Tal vez si les hubieran preguntado, la historia habría sido otra. Hoy, sin embargo, existe la posibilidad de reescribir esa fatídica historia. El diálogo entre el Gobierno y los pueblos amazónicos se ha reanudado, y con él se abre la posibilidad de mirar a los aguarunas como sujetos activos de diálogo, y no como objetos pasivos de decisiones gubernamentales. ¿Logrará el premier Velásquez Quesquén bajar de su pedestal de papá gobierno y escuchar algo de la sabiduría que un hombre como Santiago Manuin le tiene que ofrecer? Ojalá.