Domingo 27 de mayo del 2012 | 21°
El congresista y primer vicepresidente de la República, el vicealmirante Luis Giampietri, presentó un proyecto de ley para ponerle límites a la inversión extranjera que, felizmente, fue rápidamente rechazado por Mauricio Mulder, el secretario general del Partido Aprista. El proyecto propone modificar la ley marco para el crecimiento de la inversión privada con el fin de establecer lo siguiente: “El Estado, en resguardo del interés nacional, podrá aplicar medidas restrictivas para acceder a los mercados; asimismo, podrá adoptar medidas análogas proteccionistas a las de otros países en defensa de la inversión nacional”. La exposición de motivos parece haber sido escrita, al alimón, por Cantinflas y Tres Patines. Es farragosa, confusa y equivocada. Cuando el país realiza el mayor esfuerzo por atraer inversión extranjera, compitiendo con muchas naciones para ello, es increíble que a alguien tan encumbrado del gobierno como el vicepresidente se le ocurra ponerle trabas con justificaciones absurdas. Ha hecho bien la Confiep en rechazar este proyecto descabellado porque “no tiene ningún sentido”. El IPE, por su parte, seguramente porque asume que el vicealmirante es uno “de los suyos”, señala que la iniciativa es “pintoresca”, pero si hubiera provenido de un parlamentario de otra bancada quizá habría calificado el proyecto como se merece: un verdadero mamarracho. El problema de fondo acá es que el vicealmirante Giampietri asume que como el gobierno le ha dado rienda suelta para actuar en los asuntos vinculados a los derechos humanos, controlando la APCI y la Comisión de Inteligencia del Congreso, ahora cree que puede intervenir en cuanta materia se le ocurra. Desde usar la Comisión de Defensa del Parlamento para convertirla en insólita instancia de revisión de textos escolares, hasta ocuparse de asuntos económicos con mentalidad castrense. Ironías de la vida, justo a la persona designada por el gobierno para organizar la APEC de noviembre, se le ocurren estas iniciativas. El equipo giampietrista debe calmar su ímpetu por más poder en el Gobierno, y ponerse en línea con los ejes programáticos del mismo. Y el país debe preocuparse más por la continuidad de la buena salud del presidente Alan García.